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OPINIÓN

El fin del presidencialismo autoritario…

La paradoja autoritaria de México. El asesinato de María Villar y la imagen de EPN

Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Jueves, Septiembre 22, 2016

El presidencialismo autoritario entró en fase terminal, al menos como lo hemos conocido. Paradójicamente ocurre luego de que los dos primeros años de Enrique Peña Nieto parecían restaurarlo. Hoy, luego de los trágicos acontecimientos que han sacudido a la opinión pública, de la espiral de escándalos que parece interminable y del cúmulo de problemas no resueltos, el poder autoritario está sucumbiendo con él. Si en el futuro emergiese otro autoritarismo, tendría características muy distintas al que ahora decimos adiós. Si el presidencialismo se torna autoritario cuando el gobernante se constituye en la única fuente de las decisiones de Estado, sometiendo a férrea disciplina al resto de las instituciones y poderes fácticos, el entredicho en que se encuentra el Presidente es todo lo contrario. Peña Nieto llegó a lo que podemos llamar: ‘inoperancia omnipotente’…

Las encuestas no sólo anticipan lo que parece una inminente derrota rumbo a 2018, sino también la reducción del margen del Presidente para poder imponer al candidato de su preferencia. Escoger al sucesor ha sido el acto supremo del poder autoritario. Hacia el interior del PRI y de la estructura de poderes, los desacuerdos oscilan entre la rebelión y la ruptura. Gobernadores, alcaldes y legisladores, entre otros, culpan a Peña Nieto del naufragio. Se aprestan a disputarle el privilegio de conducir la sucesión presidencial que se avecina, sobre todo los primeros. Además de otras razones, explica el forcejeo entre José Antonio Meade y los gobernadores en torno al Presupuesto 2017. Las partes en puga saben que será decisivo para sujetar a los jefes políticos locales o maniatar al Presidente…

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Los expertos sostienen que veremos una confrontación de antología. Un Presidente sitiado por una ciudadanía cada vez más crítica y bajo fuego tupido por los poderes fácticos dentro y fuera del PRI, aprisionado por una muralla de problemas que no termina de resolver…

Los mexicanos estamos por decidir si sostenemos más tiempo el obsoleto modelo autoritario, si damos oportunidad a un nuevo tipo de autoritarismo, si preferimos un autoritarismo fragmentado a través de los gobernadores o si nos decantamos por una transición liderada por la participación ciudadana. Sin olvidar que las opciones están inmersas en una realidad globalizada…

“Las vías de la matriz autoritaria…”

En el escenario hay dos adversarios que tal vez no sepan que son dos caras del tema que nos atañe. Enemigos declarados, de facto son correlativos. Con Peña Nieto vivimos el desfondamiento del poder presidencial y de las instituciones. Se trata de un sistema obsoleto que se resiste a perecer. Con López Obrador y sus aliados, las instituciones han sido llevadas al extremo mediante un feroz cuestionamiento. De atenerme a lo que simbolizan el mexiquense y el tabasqueño diría que, de ocurrir el colapso de las instituciones, el poder presidencial no tendría a quién someter o disciplinar para volverse autoritario…

No es malabarismo mental. De un lado, se encuentra una versión del autoritarismo clásico y, del otro, un proyecto autoritario que pretende ser posmoderno mediante el populismo. No se trata de descalificar a nadie, sino de advertir del riesgo de ir en pos de otro autoritarismo con instituciones rebasadas. Un gobernante autoritario sin contrapesos derivará en el paroxismo del poder secular, porque tendría que ser autorreferencial. Luego vino el colmo: Luis Enrique Miranda pidiendo en una población de Querétaro, con florido lenguaje, hacer frente a “los malos”. Confirmando de paso la erosión de las instituciones…

“La paradoja actual de la transición…”

Las teorías clásicas de las transiciones son insuficientes. Al publicarse los cuatro tomos bajo la dirección de Whitehead, O’Donnell y Schmitter, hace más de treinta años, el título fue: ‘Transiciones desde un gobierno autoritario’ y se suponía eran vías distintas para configurar un sistema democrático. Las transiciones actuales contemplan tanto a la democracia como al autoritarismo para salir de sus problemas. Las encuestas indican que la preocupación ciudadana oscila entre la variable de la corrupción/impunidad y la inseguridad/violencia delictiva como prioridad a resolver. ¿Gobernantes honestos y transparentes o mano dura que imponga el orden? ¿Meade, Osorio Chong, Nuño, Eruviel, Rosario, Beltrones, López Obrador, Margarita, Anaya, don Máximo, Mancera u otro? ¿Un perfil ciudadano: académico, intelectual o mediático? El espectro refleja lo que estamos por decidir y confirma que desbordamos a las transiciones de antaño…

Sin embargo, la realidad global nos muestra la aparición de un nuevo tipo de ciudadano. Antes se hablaba de sociedad civil y suponía ciudadanos organizados. Pero lo anterior hoy coexiste con ciudadanos cuyo acceso a las redes sociales potencia su aspecto individual y autónomo, así como su capacidad crítica hacia gobiernos corruptos, ineficaces e ineficientes. Si agregamos la violencia delictiva y la impunidad, entenderemos el dilema entre escoger un tipo de político u otro, pero también el hartazgo ciudadano. Optemos por una salida democrática o autoritaria, la élite gobernante se las verá con un nuevo sistema de contrapesos que se expresa mediante ciudadanos globalizados…

La tensión entre la nueva ciudadanía y la élite gobernante se manifiesta en la dicotomía ciudadano-político. Es una ruptura que podría superarse resolviendo los asuntos acuciantes que dan cuenta las encuestas. Porque etimológicamente y de origen, son expresiones sinónimas. Ciudadanos que exigen determinado perfil de gobernante y políticos que deben esforzarse por llenarlo. Las dos variables que inquietan al ciudadano nos revelan un perfil intermedio y ninguno de los aspirantes lo cubre, incluyendo los que lideran las encuestas. Por eso es que Margarita y Andrés Manuel han dejado de crecer. Cabe asentar que la opinión pública considera urgente resolver la inseguridad para luego proceder contra la corrupción…

“El rostro de la crueldad delictiva…”

Al asistir a la Asamblea de la ONU en Nueva York, Peña Nieto buscaba reunirse con Hillary para resolver el disparate de haber recibido a Trump. En la víspera, ocurrieron los atentados que conocemos. Asimismo, dos sacerdotes fueron asesinados en Veracruz y, en coincidencia con el mensaje del Papa en Asís, delincuentes entraron violentamente a la Iglesia de San Francisco de Asís (Aguascalientes) para robar las limosnas, el cáliz y vasos sagrados. Todo en el contexto de la polémica por el Estado laico, los matrimonios gay y la disputa por el poder. El Presidente tuvo que volver de Nueva York con un rotundo ‘no antes de noviembre’ de Hillary y la fuerte presión sobre la economía mexicana. Incertidumbre por la sucesión presidencial norteamericana y escalada delictiva en México, abonan a la maltrecha imagen del Presidente…

Por si no bastase, tuvo lugar el secuestro y cobarde asesinato de María Villar que, al margen de ser sobrina de Ángel María Villar, presidente de la Federación Española de Futbol, era una mujer que se ganaba la vida honradamente. Se suma a la larga lista de secuestrados y ejecutados. Isabel Miranda de Wallace no dudo verlo como un caso sospechoso porque se había pagado el rescate. Pega a Mancera y a Eruviel a la vez. A Peña Nieto lo vuelve a exhibir en el ámbito internacional. Rumbo a las elecciones de 2017, las encuestas asientan que el PRI podría perder la gubernatura mexiquense debido al malestar ciudadano por la inseguridad.  Ojalá no haya sido un crimen calculado políticamente. La noticia caló hondo en España. En las redes sociales arrollaron al Presidente y me parece que será muy difícil mejorar su imagen…

Si Isabel Miranda de Wallace tuviese razón, ¿quién está enviando este tipo de mensajes al Presidente y a la élite política del Estado de México? ¿Quién empuja hacia una salida autoritaria? Está en juego la gubernatura, pero también la sucesión presidencial. Como sea, María Villar no tenía la culpa…

Hasta entonces…

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

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