La semana pasada, asistí junto con otros académicos, por invitación del Subsecretario Tuirán, al foro sobre la propuesta curricular de Educación Media Superior. Esta es la segunda parte de la propuesta que presenté.
La última parte, se realizó tomando en cuenta el cuestionamiento: ¿Qué sugieren para mejorar la propuesta de condiciones para gestionar el nuevo currículo?
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Si bien, en la propuesta curricular se plantean una serie de condiciones para poder implementarla tanto del contexto, la infraestructura, los materiales, la formación docente en los diversos niveles de operación hasta llegar a a escuela y al aula, todas ellas requieren de un enfoque sistémico para lograrlas.
Por ejemplo, en la propuesta no se incorpora el análisis de las juventudes desde una visión no estandarizada ni reducida. Es muy importante entonces, incorporar la perspectiva que visibilice las construcciones identitariasde los jóvenes a partir de las nuevas prácticas culturales de esos grupos que han transformado su propia condición social, en las comunidades donde se desenvuelven.
El tiempo del bachillerato para los jóvenes, es un tiempo que marca su vida futura, porque la escuela es el espacio juvenil en donde existe una dinámica particular que se establece de manera cotidiana en las aulas: En la constitución de grupos, de pares, junto con una serie de experiencias que les marcan a lo largo de su trayectoria escolar y en su historia de vida.
Eduardo Weiss (2012) uno de los investigadores del tema “Jóvenes y bachillerato” ha escrito que el bachillerato va más allá de constituir un espacio formativo en donde se pretende que los jóvenes estudiantes entren en contacto con las principales corrientes del pensamiento científico, artístico y humanista, dado que representa un espacio de prueba donde se ensayan diferentes roles, se experimentan relaciones de pareja, se ponen a prueba sus capacidades, nacen, se valoran y consolidan vocaciones. Es tanta su importancia que es ahí donde se vislumbran posibles escenarios laborales, profesionales y de vida futura.
En esta propuesta se sigue percibiendo la tendencia con respecto a la formación social, afectiva y ética de los jóvenes, de privilegiar un enfoque heterónomo, es decir aquel basado en el “deber ser” y en la obediencia a obligaciones establecidas externamente, con muy poca sistematicidad y escasa planificación.
También aunque se menciona, no se profundiza en la necesidad de que la escuela representa el lugar de oportunidad donde las sociedades pueden formar a sus ciudadanos, salvo ciertas excepciones, los jóvenes terminan su vida escolar (especialmente los que ya no continúan en la educación superior) sin que la escuela se haya responsabilizado por su formación ética, afectiva, su socialización y el bagaje cultural que se requiere para ser partícipes en la vida social (Díaz, 2012)
Los puntos en los cuales sugiero poner atención, son los siguientes:
1.-Poner al centro los aprendizajes de los alumnos, no a la escuela solamente; todo el sistema educativo inmerso en el aprendizaje de los alumnos a través de la dignificación de la escuela y de los profesores.
2.- Matizar el planteamiento urbanizado del modelo y explicitar un fundamento intercultural que tenga las condiciones necesarias para que realmente se concrete la equidad y aquellas estrategias relacionadas con la justicia social.
3.-Aunque si se menciona el liderazgo de los directores, se precisa de un proceso de revisión de la situación actual que presentan los directores en las diversas modalidades de la educación media superior, dado que de ellos depende en mucho un cambio sustantivo en las relaciones y en la organización de las escuelas. Sabemos la manera en la que muchos han ascendido a esos puestos y no podemos permitir que la irresponsabilidad, el autoritarismo y la incongruencia se siga permitiendo.
4.-Urge la implementación de cuerpos de apoyo académico para las escuelas en la misma escuela. Hay investigaciones en las que a partir de un diagnóstico situacional y de la implementación de un proceso de ida y vuelta, muy parecido a la investigación acción, se van rediseñando y reconstruyendo estrategias de acuerdo a las necesidades reales de cada comunidad de aprendizaje, interactuando con todos los actores educativos.
5.- Si bien se reconoce que el modelo tradicional ha sido centralista y vertical, aún se guardan atribuciones de este tipo para decir cómo se debe organizar la enseñanza en el país y el tipo de evaluación que se precisa. Es necesario impulsar en los hechos, un modelo horizontal y descentralizado.
6.- Revisar y regular la función deseducadora de los medios de comunicación masiva.
7.- Quitarle el carácter obligatorio a la evaluación para la permanencia.
8.-Tomar como sustento para la implementación de este modelo educativo y su propuesta curricular, los resultados de investigación educativa mexicana.
9.- Atraer la mirada a lo que viven cotidianamente los maestros en las escuelas. Es básico para tomar decisiones relevantes de política educativa: “escuchar las voces de los maestros”, eliminando la cantidad de programas de todo tipo que desarrollan en las escuelas y que distraen a los maestros del tiempo dedicado al aprendizaje y en aquellos programas educativos que pueden desarrollarse transversalmente, pilotear con los maestros como lo están desarrollando, qué aportan, que problemas, cómo se puede mejorar etc. Sólo así, podrán dedicar el tiempo en la escuela, para el aprendizaje.
10.- Dentro del tema de potenciar las habilidades socioemocionales de los jóvenes, no solo es urgente la definición del mecanismo más adecuado para impulsar su desarrollo (mediante un modelo “transversal” que incorpore en distintas asignaturas su desarrollo o estableciendo un modelo “mixto una sesión semanal en la que se ofrezca orientación específica a los alumnos acerca de qué son las HSE y qué importancia tienen para su desarrollo integral). Tampoco son suficientes los cambios en los mapas curriculares, se precisa de formación permanente de los maestros y un ambiente de aprendizaje generoso, de confianza mutua, de apoyo moral entre todos los actores educativos.
11.- Realizar talleres sobre habilidades sociales que fortalezcan las dimensiones intra e interpersonales, teniendo en cuenta que no es posible una convivencia social adecuada sin que la preceda un aprendizaje sistemático y consciente de las prácticas que lo hacen posible (Goleman 1995, p. 141)
12.- Ubicar la Utopía educativa que menciona Ibarrola (2012) a través de:
I.- Una política diferente para reconocer y recuperar el valor del profesorado
II.- La búsqueda de canales y mecanismos de comunicación entre profesores y autoridades de los diferentes niveles: federal, estatal, municipal y participantes de la sociedad civil, porque la información que llega a muchas escuelas, no está formalizada y provoca tensión entre los profesores y sus autoridades educativas.
III.-Colaboración consensual entre muy distintas instituciones no escolares para configurar una educación integral, que entienda dos situaciones básicas.
a) Que la educación —y las escuelas en las que se lleva a cabo— no son el factor único y causal del cambio social
b) Que a la institución escolar no se le pueden seguir cargando responsabilidades y funciones, ni siquiera si se incrementan las horas de atención escolar, como ya se está proponiendo en varias zonas (escuelas de tiempo completo) porque estas funciones serían mejor asumidas por otras instituciones y organizaciones sociales.
IV. Formación para el trabajo, la creatividad, el arte y el deporte.
V.-Construcción de Ciudadanía a partir de los valores y la emotividad
13. Termino mi reflexión planteando que el enfoque intercultural e indígena debe de plantearse de manera explícita dentro de la propuesta, a pesar de que varios académicos y especialistas no estuvieron de acuerdo con ello, planteando que los indígenas en nuestro país son muy reducidos y hay que atender primordialmente lo global, la modernidad.
Sin dejar de reconocer que son importantes sus puntos de vista , la investigación educativa nos muestra que cada vez más las nuevas identidades juveniles indígenas son parte del paisaje étnico y que la creación de nuevos sentidos identitarios, no lleva necesariamente a la pérdida de la cultura autóctona, por lo que en las nuevas prácticas de los jóvenes, al establecer intersticios entre lo que es y lo que no es, instauran las condiciones para que sus identidades se flexibilicen, lo que permiten el constante intercambio cultural (Zebadúa, 2011).
Nota al pie: Este informe presidencial, tuvo como escenario un espacio con 300 jóvenes que hicieron preguntas, desde mi punto de vista, ya planeadas con antelación. Pregunto: ¿Ese el perfil de los jóvenes que requieren nuestro país? ¿Es el tipo ciudadano que plantea el llamado Nuevo Modelo Educativo? La ausencia de la reflexión crítica, de cuestionamientos directos y nodales y la falta de congruencia, no pueden ser elementos presentes en nuestra juventud. Sé que hay muchos jóvenes más en quienes la rebeldía ante la injusticia está siempre presente y por esos jóvenes que no son pocos, vale la pena insistir en la necesidad de una mejor educación.