El país en que vivimos y las diferentes realidades que están impactando la vida de sus habitantes, nos obligan a converger en espacios de profunda reflexión; acción que se vuelve indispensable ante al progresivo deterioro del tejido social y de la desgarradora crisis civilizatoria que enfrentamos.
Para dar cuenta de ello, es nuestro deber ciudadano analizar el estado en el que se encuentran los principios más básicos de justicia y dignidad, en un país como México. Basta con visitar nuestras urbes y campos, para ver que el sufrimiento de nuestra población se agudiza aceleradamente. De ahí, que la vigencia de nuestros derechos humanos no deba ser vista como una mera categoría teórica o un mero procedimiento que se agote en leyes; se necesita una mirada más profunda y más humana; es imperante su ejercicio, exigencia y, por supuesto, su traducción en un verdadero acto de justicia.
Por ello, el tema que hoy nos convoca es de profunda preocupación, pues el ejercicio de la Libertad de expresión está cada vez más lejos de ser cumplido a cabalidad. Si la ciudadanía, las universidades, las organizaciones civiles y las instancias gubernamentales no nos hacemos cargo de esta realidad, continuaremos habitando en el mundo de la apariencia y de la simulación y nos veremos imposibilitados de vivir en armonía social.
El panorama continuo incierto: ¿a qué nos enfrentamos cuando la organización Freedom House, calificó con toda contundencia que México es un país NO LIBRE para la prensa? ¿Qué hacer cuando la organización Transparencia Internacional señala que México ocupa el lugar 103 de 175 en el índice de percepción de la corrupción? Un difícil escenario que nos habla del insuficiente peso que se le ha dado a la defensa de la labor periodística.
Hemos visto durante los últimos años que los periodistas han sido constantemente amenazados, criminalizados y asesinados en un contexto de total impunidad, lo cual –como resulta evidente- no genera condiciones para promover y defender la justicia de forma libre, sin discriminación, violencia o represalia.
La respuesta es clara; requerimos de un sistema eficaz que nos permita documentar y poner al servicio de la sociedad, todo aquello que no funciona y, no sólo eso, sino que está impidiendo la construcción de un auténtico y real estado de derecho.
Es imperativo el tener acceso a una información gubernamental ágil y capaz de atender las inquietudes ciudadanas. Es nuestra tarea velar para que las genuinas intenciones legislativas en materia de transparencia y del ejercicio de la libertad de expresión, pasen de una conceptualización abstracta, a una realidad jurídica que permee en las instituciones de la sociedad. Necesitamos un sistema que mire de cerca las distintas conductas que por tantos años han puesto en riesgo la seguridad social y ciudadana. Debemos comprometernos a rechazar enérgicamente las condiciones que fomentan la discriminación o la corrupción; y optar, sobre todo, por la dignidad humana y el bien común como un horizonte de nuestro quehacer cotidiano.
En ese sentido, la labor que ha hecho el portal e-consulta a lo largo de sus 14 años, es de profundo respeto y admiración; pues la verdad es nuestra única aliada ciudadana para generar nuevas estructuras de conciliación y solidaridad; aunque muchas veces, este paso se ha visto obstaculizado por diferentes circunstancias, de forma que hasta decir o señalar la verdad no es sencillo y en México ha implicado la persecución y, en muchos casos, provocado la muerte. La coherencia y la fidelidad a la verdad son los valores más grandes en un medio de comunicación; sin duda, este portal digital ha asumido el reto con profunda seriedad y sensatez, desafío no menor, que debe seguir delineando su quehacer.