La vejez es una enfermedad incurable.
Séneca
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El comportamiento entre los humanos es diferente en cada caso; a veces parece que existe cordialidad y esa misma desaparece cuando se manifiesta la enemistad.
La relación entre las personas es muy variable: entre hermanos tiene diversas expresiones, entre grupos casi siempre no hay coincidencia, entre naciones cada una lucha por sus propios intereses.
En esa compleja relación siempre entran las relaciones de poder que tienen su fundamento, en la riqueza, en el dinero.
Traigo a mi memoria el caso de Venezuela o el de Turquía y el de casi todas las naciones del mundo.
Hay que observar lo que ocurre y transcurre en el proceso electoral de Estados Unidos.
En fin, encuentro que los consejos que sugiere Baltasar Gracian y Morales tendrán alguna aplicación en esa intercomunicación necesaria entre personas, grupos y naciones.
El aconseja:
Nunca descomponerse. Gran asunto de la cordura nunca desbaratarse.
No ser intratable: En lo más poblado están las fieras verdaderas. Es la inaccesibilidad vicio de desconocidos de sí, que mudan los humores con los honores.
La mitad del mundo se está riendo de la otra mitad: Con necedad de todos. O todo es bueno o todo es malo, según votos.
No cansar: Suele ser pesado el hombre de un negocio y el de un verbo. La brevedad es lisonjera y más negociante. Lo bueno si es breve, dos veces bueno.
Cobrar fama de cortés: Es la cortesía la principal parte de la cultura, especie de hechizo y así concilia la gracia de todos, así como la descortesía, el desprecio y enfado universal.
Nunca quejarse: La queja siempre trae descrédito, más sirve de ejemplar atrevimiento a la pasión, que de consuelo a la compasión.
No ser inaccesible: Ninguno hay tan perfecto que alguna vez no necesite de advertencia. Es irremediable de necio el que no escucha.
Pensar anticipado: Hoy para mañana, y aún para muchos días. La mayor providencia es tener horas de ella; para prevenidos no hay acasos, ni para apercibidos aprietos. Es la almohada sibila muda, y el dormir sobre los puntos vale más que el desvelarse debajo de ellos. Algunos obran y después piensan; aquello más es buscar excusas que consecuencias; otros, ni antes ni después.
No ser fácil ni en creer, ni en querer: Conócese la madurez en la espera de la credulidad: es muy ordinario el mentir, sea extraordinario el creer.
Saber usar de los amigos: Hay en esto su arte de discreción: unos son buenos para de lejos y otros para de cerca, y el que tal vez o fue bueno para la conversación lo es para la correspondencia.
Saber sufrir necios: Los sabios siempre fueron mal sufridos, que quien añade ciencia añade impaciencia. El mucho conocer es dificultoso de satisfacer. La mayor regla de vivir, según Epícteto, es el sufrir, y a esto redujo la mitad de la sabiduría. Si todas las necedades se han de tolerar, mucha paciencia será menester.
No empeñarse con quien no tiene qué perder: Es reñir con desigualdad. Entra el otro con desembarazo porque trae hasta la vergüenza perdida.
No vivir a prisa: El saber repartir las cosas es saberlas gozar. A muchos les sobra la vida y se les acaba la felicidad; malogran los contentos, que no los gozan, y querrían después volver atrás, cuando se hallan tan adelante.
Saber o escuchar a quien sabe: Sin entendimiento no se puede vivir, o propio o prestado; pero hay muchos que ignoran que no saben, y otros que piensan que saben, no sabiendo.
Sin mentir, no decir todas las verdades: No hay cosa que requiera más tiento que la verdad: que es un sangrarse del corazón. Tanto es menester para saberla decir como para saberla callar. No todas las verdades se pueden decir: unas porque me importan a mí, otras porque al otro.
No ser ceremonial: Que aún en un rey la afectación en esto fue solemnizada por singularidad. Es enfadoso el puntuoso, y hay naciones tocadas de esta delicadeza.
Hallar el consuelo en todo: Hasta de inútiles lo es el ser eternos. Para vivir mucho es arbitrio valer poco. La vasija quebrantada es la que nunca se acaba de romper, que enfada con su durar.
Hombre de gran paz, hombre de mucha vida: Para vivir, dejar vivir. No sólo viven los pacíficos, sino que reinan. Hase de oír y ver, pero callar. El día sin pleito hace la noche soñolienta. Vivir mucho y vivir con gusto es vivir por dos, y fruto de la paz.
Saber estimar: Ninguno hay que no pueda ser maestro de otro en algo; ni hay quien se exceda al que excede. Saber disfrutar a cada uno es útil saber: el sabio estima a todos, porque reconoce lo bueno en cada uno, y sabe lo que cuestan las cosas de hacerse bien. El necio desprecia a todos por ignorancia de lo bueno y por elección de lo peor.
Dichos y hechos hacen un varón consumado: Hase de hablar lo muy bueno y lo muy honroso; la una es perfección de la cabeza, la otra del corazón y entrambas nacen de la superioridad del ánimo.
Sépase que hay vulgo en todas partes: En la misma Corinto, en la familia más selecta. De las puertas adentro de su casa lo experimenta cada uno. Pero hay vulgo y revulgo que es peor.
No se ha de querer ni aborrecer para siempre: Confiar de los amigos hoy como enemigos mañana, y los peores y pues pasa en la realidad, pase en la prevención. No se han de dar armas a los tránsfugas de la amistad, que hacen con ellas la mayor guerra.
He transcrito algunos de los consejos que escribió Baltasar en su Oráculo Manual y Arte de Prudencia, en el castellano de esos años (1635). Ten paciencia, ejercita tu mente, tradúcelos al lenguaje de hoy, te van ayudar.
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