Pretender resolver los problemas del país con parches no es la fórmula más afortunada. Dicho más claro, es la peor manera. Y eso parece lo que estamos viendo.
Bandazos por ahí, golpes de ciego por allá, y así se la llevan. Ir colocando “alambritos”, fomentos, varazos leves y remedios de circunstancia tendrá un desenlace previsible: apertura de nuevos frentes de conflicto y reavivamiento de los ya existentes.
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Y es que desde el principio del sexenio se ha empleado un lenguaje ambiguo. O bien se ha querido gobernar con la palabra. Con decálogos, discursos y pactos que no tienen firmeza ni corrigen de fondo la realidad. Todo esto dura un poco. Se ganan semanas o meses. Pasa el impacto artificial y todo se cae por su propio peso. Y la realidad aparece nuevamente.
La reforma educativa es el tema ahora. Siendo la educación el punto fundamental para el avance del país, la llamada reforma se confeccionó con puntos oscuros. Y se la quiso vender como la octava maravilla. El secretario Aurelio Nuño se placeó por todo el país en una festiva gira de auto exaltación. Muchos la interpretaron como una especie de campaña presidencial adelantada.
Al egocentrismo del funcionario le agregó gestos de soberbia y un lenguaje retador. Estalla el conflicto y desaparece de la escena. Pero el problema alcanza una dimensión mayúscula con líderes encarcelados y luego liberados; negativa rotunda a revisar la reforma y luego, una postura servil, obsequiosa y obediente de Osorio Chong ante los desplantes chantajistas de la CNTE.
Al ritmo de las concesiones de gobernación a los grupos violentos que arrinconan al gobierno, el asunto terminará en un desmantelamiento de la reforma. Y eso no sería lo grave, sino el retorno de los viejos vicios: la educación, plazas, presupuestos y evaluaciones en manos de los sindicatos, CNTE y SNTE.
Osorio Chong borda con esmero el parche más llamativo del momento.
Así como PEMEX ha sido una gigantesca concesión a la mafia sindical, lo mismo ha pasado con la educación. Hoy estamos en vísperas del refrendo de esos mecanismos. Ojalá estemos equivocados.
La corrupción es el otro monstruo intocado. El presidente rectifica veloz y diligentísimo cuando los empresarios le protestan en los pinos por una medida absurda en la forma pero no carente de razón en el fondo. Peña ordena subsanar todo, pero deja incólume lo que es la demanda social sustancial: que los funcionarios hagan públicos sus patrimonios e intereses.
Nadie se corta con machete su propia mano.
Otro parche monumental.
La presidencia dispone que por la vía anticonstitucional, se frene la intentona de los gobernadores ladrones de blindarse antes de dejar el botín. Parche poroso de última hora, cuando se han consumado abusos, robos, despojos y acumulado grandes fortunas malversando fondos. Es un recurso legaloide para taparle el ojo al macho.
Habrá que creer que esto es en serio, cuando veamos a uno, a uno solo de esos hampones tras las rejas.
Peña Nieto tiene en sus manos la guillotina legal, pero en cuatro años no ha movido un solo dedo. Son de más peso los nexos de complicidad y protección mutua que la vara de la justicia. Otro parche con gasa, algodón y agua oxigenada.
Llega por la burda fórmula del dedazo índice Enrique Ochoa Reza al PRI, y anuncia con bombos y platillos una campaña contra la corrupción, y coloca el dedo en el gatillo y en la mira otra vez a los tres pillos de Veracruz, Chihuahua y Quintana Roo. Quien apueste que esto es pura pirotecnia verbal y no pasará absolutamente nada tiene todas las de ganar.
Cuando Cárdenas expulsó del país a Calles lo hizo con un piquete de soldados, en un avión y lo levantaron casi en calzoncillos. Así son las decisiones de estado.
Las acciones, los golpes sobre la mesa, los giros de timón, los actos de justicia no se anuncian. Se ejecutan y punto. Todo lo demás son gestos para cosechar aplausos. Recursos del espectáculo manido y facilón. Otro parche y no otra cosa. Tricolor en este caso, por favor…
No estamos imaginando la realidad. La estamos describiendo.