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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Vagancia

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Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Viernes, Junio 24, 2016

No le gusta su apellido –Slim--, todo mundo lo conoce. Prefiere llamarse Charly sólo para no parecerse al Carlos del que huye, su pariente cercano. Dice ser “gato” pero de angora, porque nadie le ordena y él decide sus actividades día a día.

Desde hace 16 años vuela parapente en la zona de Chalchihuapan, Puebla. Vuela a personas y enseña a otros a volar. Cuando le pregunté si volar es su pasión o su hobby me dio la mejor respuesta: es vagancia. La palabra me hizo recordar a mi madre que decía: “Son unos vagos” los muchachos que se juntaban frente a la casa, y platicaban y reían sólo por estar ahí sentados sobre el pasto, “sin oficio ni beneficio”, según ella. Ahora se les llama “ninis”.

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La palabra me gusta: Vagancia. Me remite a andar a la deriva, ir hacia donde sople el viento sin destino ni trayecto, sin prisa y con pausas para disfrutar lo que se hace por el simple hecho de hacerlo. Vagar es espontaneidad que no tiene dimensión de tiempo.

El paradigma que ahora vivimos señala el vagar como una pérdida de tiempo, una actividad de nula rentabilidad. Antes era menos intenso el señalamiento. Pero vagar es un arte, es estética que tiene un placer implícito y azaroso. El vago hace algo por el simple hecho de hacerlo, sin expectativas o planes de por medio: “Volar por el simple gusto de volar”. “Caminar por el simple gusto de caminar” y no por la funcionalidad y efectos prácticos que ya se miden en kilómetros, calorías y movimiento de músculos.

Ser vagos por momentos o un día entero para salir de la productividad, la rapidez, la funcionalidad, la movilidad rentable, las obligaciones laborales inamovibles, los efectos prácticos de las actividades y para dejar de enfocarse en conseguir lo que se ambiciona…, y entonces, sólo dejarse llevar… 

Un amigo de Charly estaba deprimido. Él le dijo: “Vamos a volar. Ahí se te olvida la tristeza”. Advierte: “Mientras vuelas, no te enamores”. Y aclara: “No puedes ir platicando con la pasajera”.

La vagancia es el mayor alcahuete del humano: da alas  a la mente. Y si tu vagancia es volar en parapente, doble riesgo: le das alas a las alas de tu mente. ¿Se puede pedir más?

alefonse@hotmail.com

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