A la memoria de mi papá,
don Filiberto Aguilar,
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padre fuerte y tierno, que
supo mostrarme el rostro
paterno de Dios
Por primera ocasión, la tres veces milenaria ciudad de Roma –la Ciudad eterna-, será conducida por una mujer: Virginia Raggi, una abogada –especialista en derecho civil- de 38 años de edad. Con el 50.19% de participación electoral, la Raggi, del Movimiento 5 Estrellas, se ha impuesto, con el 67.15% de votos a su favor, al candidato de centroizquierda, Roberto Giachetti, quien tan sólo obtuvo el 32.85% del voto válido. “Es la hora de la legalidad”, ha dicho la alcaldesa electa.
En los principales diarios italianos se puede ver la foto y el video donde Virginia Raggi, al momento de conocer los primeros resultados, habla emocionada por teléfono. Silueta delgada, pelo largo claro, pantalón negro y blusa blanca, la triunfadora muestra cansancio y alegría, pero sobre todo satisfacción. Quizá esté consciente de lo que significa y de lo que implica gobernar –o mejor dicho, y para el caso, administrar- una de las principales ciudades de Europa –la cuarta de mayor relevancia política y económica.
Roma, como se sabe, es una ciudad llena de todo, de muchas cosas, de varios mundos enteros que tuvieron su vigencia –franca y poderosa- y que siguen ahí, latentes y grandes, para resurgir en cualquier momento. Por un lado la historia, la filosofía, las artes, la arquitectura, el humanismo, la política y todo el cúmulo de cultura y civilización que representa y encarna; por otro lado, esos mundos que le dan su cariz multifacético: el mundo antiguo, el cristiano, el mundo medieval, el renacentista y el moderno: lleno de todo, también de moda.
Los ejes discursivos de la candidata triunfadora, que los ha ido acuñando desde que ingresó, en 2011, al M5S (Movimento 5 Stelle) han sido tres: legalidad, honestidad y transparencia. En la campaña electoral, junto a su partido, ha propuesto, además de sus ejes discursivos, un transporte público que puede ser gratuito –se comprometió a explorar todas las vías legales y administrativas para que así sea una vez asumido su cargo. Y lo más importante quizá: su discurso anti-establishment y antipartidista (el propio M5S ha surgido como, no un partido, sino como un colectivo de ciudadanos a-partidistas dependiente de las cuotas de sus miembros y simpatizantes). En suma, más de 420 mil votos sellaron el triunfo.
Desde luego, no se trata de comparar a Roma y a Puebla, pero guardando las proporciones, aquí también hay historia, filosofía (aunque poca), literatura, arte, arquitectura, urbanismo, ciencias y política. Aquí ya ganó una mujer y administró (no estoy seguro si gobernó ni si lo hizo bien o qué tan bien). Desde luego, estamos al otro lado del globo, pero las necesidades, los reclamos, las aspiraciones de la gente, no dejan de ser similares, y la política y sus discursos y proyectos, sus ofertas en suma, no pueden ser del todo distantes.
En la pasada elección de la gubernatura, hubo tres mujeres; sus discursos eran muy similares y, al mismo tiempo, muy dispersos. Pero subyació en casi todos y en casi todo momento, sobre todo dos de los cuales –ejes discursivos- llevaron a la ahora alcaldesa de Roma al triunfo: la honestidad y la transparencia. De manera que, si no me falla el ojo, tanto en Roma como en Puebla, la gente, los ciudadanos, los electores, claman y reclaman esos dos elementos o valores para la política.
Sin honestidad y sin transparencia no se puede hacer política, no se pueden resolver los grandes y graves problemas de una ciudad grande. De aquí al 2018, todos, partidos, políticos de todos colores y sabores, candidaturas independientes y demás, estarán pensando en ese universo de cargos que se renovarán y que significarán para todos, ellos y ellas, el motivo de un discurso y de un proyecto.
No será extraño que todos los candidatos, desde aquellos y aquellas que aspiren a la presidencia de la república hasta alcaldes, pasando por gubernaturas, senadurías, diputaciones y alcaldías, todos, tendrán un discurso y confeccionarán un proyecto político. No dude, amable lector, lectora, que todos querrán encarnar la honestidad y la transparencia, la legalidad incluso, y que más de uno quiera proponer el transporte público gratuito. Pero, ¿y el proyecto? ¿Cómo lo confeccionarán?
Desde ahora, como se puede ya apreciar, todos se mueven, todos buscan, las caballadas –fuertes y copiosas o famélicas y escasas- se preparan, por aquí, por allá, por acullá. Se habla, se dice, ya hay casi casi candidatos y candidatas. Lo que no sabemos es si tienen discurso y si tienen proyecto. Sería una lástima que llegaran a una candidatura sin ellos, porque de ser así lo más seguro es que sus puntos de ventaja –si es que los tienen- se dispersen y se arriesguen a perderlos. Cuando menos así lo muestra la ahora alcaldesa de Roma, que, como se ha señalado, desde el 2011 ya traía un discurso que ahora, cinco años después, implementó y supo comunicar. De otro modo no se explica ese 67.15% que logró en las urnas, en medio de un electorado cansado de la política, escéptico de los partidos políticos y de la clase política. Puebla no es Roma, pero la Ciudad eterna da para pensar.