“Conserva celosamente tu derecho a reflexionar,
porque incluso, el hecho de pensar erróneamente
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es mejor, que no pensar en absoluto”
Hipatía de Alejandría
Estamos ya a punto de efectuar el voto para una jornada que ha sido anunciada desde hace más de 4 años, en un clima enrarecido por acusaciones, revelaciones, ataques, ausencia de debates reales sobre los asuntos que preocupan a la ciudadanía y una serie de promesas expresadas por todos los candidatos, que llegando al poder, seguramente olvidarán.
Así también, el descontento de buena parte del magisterio crece ante la mal denominada “Reforma Educativa” que efectivamente es “legal”, dado que se ha cuidado con muchísimo esmero, a diferencia de otros procesos legales, que las Leyes reformadas, la Constitución y las Leyes secundarias respalden jurídicamente la evidente limitación de los derechos laborales de los maestros.
No por no estar en las calles o por no pertenecer a un grupo de resistencia, significa que los demás maestros estén de acuerdo con ella. “Acatan” las disposiciones, pero eso no implica que estén de acuerdo con ellas. Me pregunto ¿por qué a más de dos años de que está vigente, no les han preguntado a los profesores y profesoras qué opinan? Existe una ausencia de diálogo y el nulo reconocimiento de que los maestros tienen derecho a opinar, como en muchos otros escenarios de la vida pública en este país.
Hace pocos días, la sociedad mexicana se indignó ante imágenes, en cobertura nacional y repetida de manera sistemática, donde maestros dijeron, agredieron a otros maestros humillándolos y cortándoles el cabello porque llevaban las listas de los maestros en paro que entregarían a la SEP para que se tomaran las medidas jurídicas correspondientes. Hasta el Secretario de Educación indignado, giró instrucciones para que se siguiera el caso “hasta las últimas consecuencias”.
Nadie puede tolerar ese tipo de vejaciones y hay que exigir justicia, pero ante los antecedentes sobre la manera en que muchas situaciones en México se han resuelto con “verdades históricas” que caracterizan estos tiempos, no creo todo lo que se afirma.
Secuestran a un futbolista en Tamaulipas y en menos de 24 horas aparece sano y salvo y todo el aparato judicial de Tamaulipas da conferencias de prensa contradictorias y poco creíbles; aparecen fosas clandestinas en Morelos; una “riña” entre internos, que no motín en Topo Chico y lo de San Fernando, Tlatlaya, Ayotzinapa, Veracruz, Michoacán, Guardería ABC entre muchos otros casos, aún sin resolver y en medio de muchas irregularidades.
¿Verdad o mentira?
Si analizamos la historia de nuestro país, podemos encontrar que existe un hilo conductor que permea todos los ámbitos de la vida social y democrática , nuestro proceso democratizador ha sido establecido a través de un discurso relacionado con la transparencia, la igualdad, la justicia, el respeto a los derechos humanos, la diversidad, la equidad y la libre expresión entre las más importantes. De manera ambigua y muchas veces inexistente, es como se instala la mentira junto a promesas vanas de responsabilidad y compromiso.
Basta analizar los discursos de los candidatos a gobernador para contabilizar cuántas veces se repiten esas palabras, más los compromisos y las promesas, bueno, ahora tal vez podríamos añadir él “ahora sí”
Cada vez más, la mentira es el eje articulador en la política mexicana y que permea a todos los ámbitos de la vida social. Observemos el comportamiento de las televisoras comerciales por ejemplo. Existe una brecha entre lo que se dice y lo que es, entre lo que se nos presenta y lo que sucede en la realidad.
No hace mucho, escuchaba al presidente de la COPARMEX destacando la debilidad de nuestras instituciones y la falta del quehacer político de los miembros del Congreso de la Unión acordes con las necesidades ciudadanas. Hace tiempo ya se había expresado tal situación y pocos la avalaron.
Todo se maquilla en nuestra realidad, las realidades si no se ocultan, se embellecen, se suavizan y lo que es peor, se silencia aquello que no gusta o no conviene. Es tanto el poder de la mentira que ante la crisis económica, de salud o de seguridad en otros países, aquí siempre se afirma que todo está bien, que estamos fortalecidos y preparados como país para todo, pareciera que somos una potencia mundial.
Sé que estoy escribiendo en tonalidades negras y que pareciera que no hay claroscuros en este tema, pero en verdad, la situación actual es muy preocupante. Cuando veo a colegas siendo tan radicales culpando a los “maestros revoltosos y holgazanes” y justificando las embestidas del gobierno federal una y otra vez, cerrando las opciones de diálogo y enfrascados en el cumplimiento de la ley cuando para otros temas y situaciones las leyes se pueden reformar para adecuarlas a las “nuevas realidades”; me preocupo aún más.
Cierto, hay que estar a favor siempre de una mejor educación, pero francamente, no creo que este sea el camino. Tenemos que enfocar la mirada en los procesos educativos, que hasta ahora están ausentes en esta “Reforma” y que si se toma en cuenta el tiempo que lleva implementada, la mejora de la calidad de la educación no aparece por ningún lado.
Por mi parte, afirmo que sigue siendo la educación la manera de salir de este escenario tan negro, la ignorancia y la falta de reflexión crítica nos hace cada vez más vulnerables ante la manipulación evidente.
La invitación es apostar por aquella educación que nos proporciona formas de entender la realidad, para así poner en evidencia los juegos y los abusos del poder y de enfrentar los laberintos de la mentira con verdades, certezas y congruencias e ir acotando los espacios de quienes a partir de ella, han ido incrementando exponencialmente su poder y su riqueza. No es una tarea fácil, pero hay que iniciarla.
Y sí, hay que votar, pero reflexionando muy cuidadosamente nuestro voto