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El PRI poblano a la defensiva | Guillermo Nares
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El PRI poblano a la defensiva

Guillermo Nares

Doctor en Derecho/Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Autor de diversos libros. Profesor e investigador de distintas instituciones de educación superior

Domingo, Mayo 29, 2016

La actual campaña electoral en Puebla ha hecho visible que el otrora poderoso Partido Revolucionario Institucional llegó a una fase de desgaste tal, que ha reducido sus potencialidades para regresar al gobierno estatal. En pocas palabras, la anticipada victoria de Antonio Gali Fayad se explica más por los errores del PRI que por el mérito gubernamental de la Coalición Sigamos Adelante.

Si a nivel federal, la actitud colaboracionista con el PAN  le fue útil para regresar a los pinos, igual conducta en Puebla provocó resultados contraproducentes. Lo redujo a grado tal, que la contienda ha resultado ser el escaparate de glorias pasadas y orfandades políticas presentes.

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 En la pelea por la mini gubernatura, el PRI ha participado sin asumirse como la principal fuerza opositora. No ha desplegado todos los recursos posibles para incrementar su competitividad, sus bases se encuentran ausentes, los mensajes mediáticos responden tardíamente los duros, excesivos y hasta vulgares cuestionamientos de la prensa oficialista. Ha sido muy notorio que todo el peso de la campaña recayó en lo poco que su candidata pudo rescatar del alicaído priismo local. Señalamos dicha circunstancia desde un inicio, quien compite denodadamente es Blanca Alcalá, no el PRI.

La accidentada participación electoral, el ninguneo, la burla de que es objeto la segunda fuerza electoral, en suma: su circunstancia crítica, tiene un punto de origen: la derrota del 4 de julio de 2010.

El escenario inédito en esos momentos, ser oposición federal y pasar a serlo en Puebla, ocasionó incertidumbre, desorganización y espasmo. Acostumbrados al poder estatal, a sus excesos, a la impunidad, al ejercicio gubernamental vertical, sin ningún tipo de cortapisas, el nuevo escenario de orfandad total, los arrojó muy temprano a la búsqueda de arreglos para una salida tersa del poder.

No les fue mal, en lo individual. Ni en la salida ni durante todo el sexenio actual. Ambos fueron generosos en sus filias. Los liderazgos y caudillos, los grupos de presión, las organizaciones y personalidades, se desenvolvieron muy bien en las negociaciones individuales, olvidándose del papel de ser, de constituir y asumirse como oposición seria, disciplinadamente sólida para recrearse como alternativa al grupo que ascendía y que en algún momento tendría que volver a competir.

En su interior, las facciones que controlaron lo que quedó del PRI, no fueron nada generosos. Inhibieron el crecimiento de liderazgos genuinos que emergieron en la derrota. El aparato electoral y financiero estatal siempre estuvo en manos de personajes prestos al intercambio político, abaratando hasta la pusilanimidad la capacidad de presión que podría haber tenido.

 Al PRI como tal le fue bastante mal. En seis años los saldos en el estado de Puebla son negativos: solo derrotas. 

El regreso a la presidencia de la república en el 2012, otorgó incentivos federales al priismo poblano. Pero en vez de alimentar su fortalecimiento político  local, hicieron más fuerte las tendencias colaboracionistas y entreguistas. Otra vez, de modo individual, negociaron con el poder local su nueva condición de ser miembros del partido ganador en las elecciones presidenciales. Permeó en su imaginario que las victorias locales vendrían en cascada. Se sintieron ufanos, soberbios, sobrados, con la salida del PAN del gobierno federal. Su actitud no fue idéntica en el entorno poblano.

Nunca entendieron que las dinámicas de poder regional no dependen en grado absoluto de la federal y sí del incremento de la competitividad que los partidos han adquirido en los contextos locales. Dicha actitud se tradujo en pérdidas en el 2013, de más presidencias municipales así como de una estrepitosa derrota en la mayoría de las diputaciones; de 26 distritos de mayoría relativa, solo obtuvieron 4, en coalición con el Verde Ecologista. De 104 municipios obtenidos en 2010 pasaron a 86. Hoy son menos, una decena de munícipes priistas se han pasado al bando del candidato Gali, presionados claro está, por una legislación que hace más rígido el control político de los presidentes municipales a través de la revisión de su cuenta pública y que fue aprobada por la fracción priista en la cámara local, Tal control limita la acción electoral de los comités municipales priistas.

El PRI poblano sea por negligencia o intencionalmente, se esfumó de la esfera pública después de la derrota del 2010. No quiso ser oposición seria en Puebla.

La ausencia del liderazgo presidencial y del gobernador dispersó al priismo local y terminó por convertirlo en oposición sumisa, en partido fragmentado, con profundas e irreconciliables divisiones. En una actitud defensiva total, con elevado temor al riesgo               que significa ser oposición.

Nunca se constituyeron en el factor determinante para limitar, equilibrar y reorientar las acciones gubernamentales. Sus diputados, en la primera mitad del sexenio se mostraron excesivamente generosos con el gobierno estatal. Perdieron la necesaria brújula partidaria, construyeron agendas particulares desde la representación pública.  Equivocadamente pensaron en un co gobierno derivado de procesos de negociación individuales y del realineamiento de amplias franjas del priismo municipal. Fueron obsequiosos en extremo. Concedieron todo lo que ejecutivo mandó al legislativo. Son excepcionales las ocasiones en que la bancada del PRI voto en contra de la mayoría del gobernador.

La elección del 2018 presentará un escenario más complejo. Aunque hay más candidaturas en disputa, el segmento encabezado por Blanca Alcalá pedirá derechos, a disgusto de todos los que en este año se hicieron a un lado y que de modo inmediato estarán en primera fila.

El escenario interno tiene potenciales divisorios por los agravios presentes. El escenario externo tampoco es el mejor. La credibilidad se fue por la borda debido a la actitud acomodaticia de sus principales liderazgos.

Se impone para este partido una especie de refundación local, de análisis objetivo y sustancial sobre su futuro inmediato. Es lo deseable. Sin embargo, visto el comportamiento de  sus elites, y considerando la emergencia de nuevos actores partidarios, no deja de ser probable  una suerte de balcanización del PRI poblano.

Si este partido ya no garantiza el ascenso al poder local tendremos un realineamiento de sus principales cuadros. Hay quienes refrendarán su lealtad hacia el gobierno estatal. Otros prepararán maletas para migrar a partidos emergentes que han mostrado potencial de competitividad en relación a los magros recursos que dispone. Morena es uno de ellos.

La debacle del priismo en estas elecciones, es efecto del pluralismo que inauguró el aliancismo y que no fue tomado en cuenta para la reconfiguración desde la derrota. Prefirieron adherirse al poder en turno pretextando gobernabilidad. Nada más falaz. Hay saldos negativos en Derechos Humanos, Seguridad Pública, Ecología, crecimiento económico y calidad de la democracia. De ello es corresponsable el Partido Revolucionario Institucional por su omisión opositora. 

gnares301@hotmail.com

 

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