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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Dar sentido a los aprendizajes

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María Teresa Galicia Cordero

Doctora en Educación. Consultora internacional en proyectos formativos, investigadora social, formadora de docentes e impulsora permanente de procesos de construcción de ciudadanía con organizaciones sociales. Diseñadora y asesora de cursos, talleres y diplomados presenciales y en línea. Articulista en diferentes medios.

Viernes, Abril 22, 2016

Es evidente, que las reformas y propuestas educativas que mencionan la mejora de la calidad de la educación, no repercuten en el cambio y transformación de las actividades de enseñanza, aprendizaje y evaluación, y lo que es más preocupante, en lo relacionado a dar sentido  a los aprendizajes escolares.

En la década de los noventas, se realizaron revisiones curriculares con  una visión ampliada del constructivismo basada en las aportaciones de autores anglosajones y españoles. Entre los españoles destaca Cesar Coll y el grupo de autores abocados a los procesos de la reforma curricular española. Psicología, currículo y sus trabajos en el constructivismo y el aula han ejercido una importante influencia en los procesos educativos.

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Coll (2009) ha afirmado que ante la necesidad de la búsqueda de un discurso que fundamente los planteamientos, líneas y criterios relativamente nuevos que permita hacer frente a los retos actuales, se requiere aceptar aquello que nombra como el “desvanecimiento del sentido de la educación escolar”.

Agrega que todas las reformas tienen su eje en el papel activo de los profesores y que si bien se refleja en los discursos institucionales, en la práctica se les ha  utilizado muchas veces como legitimadores del cambio y muy a menudo como “chivos expiatorios” de todos los problemas y dificultades que aparecen en su “implementación”.

Ante tal complejidad, es necesaria una revalorización del conocimiento pedagógico, psicopedagógico y didáctico, validez que se fundamenta  en el  conocimiento de los profesionales de la educación, que ciertamente, presentan  un saber basado fundamentalmente “en el sentido común”.

Ese conocimiento acumulado de cómo ayudar a otras personas a aprender representa  un saber experto, especializado, basado en la investigación, la experiencia y la reflexión crítica. La solidez de esos fundamentos y la validez de sus planteamientos deberán estar vinculados al conocimiento experto para la concreción e implementación de objetivos, orientaciones y políticas para ayudar a los alumnos a construir tramas de significados interconectados y funcionales sobre los contenidos escolares. En este escenario ¿cuál es el sentido de los aprendizajes escolares?

En las políticas educativas de todo el mundo, está presente el debate y  no solamente en el plano del discurso teórico o en el análisis de las políticas educativas. La realidad escolar es que tanto profesores como alumnos, manifiestan en el día a día, las dificultades que encuentran para dar sentido a lo que hacen, a lo que intentan enseñar y aprender en las diversas instituciones escolares por tres razones principales:

1.-La pérdida progresiva del sentido de la educación que empieza a manifestarse en las últimas décadas del siglo XX.

2.-La necesidad de una revisión o reorientación de algunos aspectos destacados en la organización y funcionamiento de los sistemas escolares actuales, enfocado principalmente en el desvanecimiento progresivo del sentido que profesores y estudiantes atribuyen a los aprendizajes escolares en las escuelas y en las aulas, que tiene implicaciones en la planificación y despliegue de las actividades de enseñanza y aprendizaje.

3.-La incorporación del sentido de los aprendizajes escolares tanto en los procesos de definición y toma de decisiones de política educativa, como en los procesos de planificación y desarrollo de prácticas docentes.

Por tanto, es necesaria e inevitable a corto y mediano plazo, la “re-orientación” de la educación escolar.

Boaventura de Sousa Santos (2016) escribe que ahora como nunca la libertad, la igualdad y la fraternidad son problemas de nuestra sociedad y que el  problema es que la igualdad por la que hoy luchamos, es también el reconocimiento de la diferencia. Por eso es muy importante hacer realidad la formulación de que tenemos derecho a ser iguales, cuando la diferencia nos inferioriza, y de ser diferentes, cuando la igualdad nos descaracteriza.

Existen cambios vertiginosos en la estructura del trabajo, en el apogeo de la cultura del espectáculo, en el tránsito de una economía de consumo a una sociedad de consumo y en la rapidez con que suceden los cambios en la economía, la ciencia, la tecnología. La pérdida relativa del sentido de la educación escolar no es más que el reflejo de la carencia de perspectivas a largo plazo, es decir, a la falta del sentido del nuevo capitalismo y  es en la escuela donde pudieran fundamentarse los principios de la contra hegemonía, en un mundo en el que la homogeneidad es el principio  de todo.

¿Planteamientos antiguos para nuevas realidades?

Es un hecho que no se responde a las expectativas sociales que se tiene sobre la educación. Si analizamos nuestra realidad, hay muchas cosas que prevalecen en el ámbito escolar que son exactamente las mismas que hemos empleado y utilizado hasta ahora : la cátedra en el aula, los rituales escolares en las escuelas, la órdenes “punitivas” de las autoridades escolares, la escasa autonomía de las escuelas, la recentralización del pago a los maestros, las decisiones de política pública tomadas de manera centralista y vertical, el material de apoyo al aprendizaje, la participación social “dictada” por las autoridades escolares, el papel de los directores y de la supervisión escolar, la ausencia de implementación de acciones y estrategias con fundamento en la investigación educativa, requerimientos administrativos sobrecargados, responsabilidad de la escuela en el desarrollo de programas de otros sectores. etc.

Aunado a lo anterior, vinculado al desvanecimiento del sentido de la educación escolar podemos mencionar: la creciente des-responsabilidad social ante la educación; la sospecha de que buena parte de los conocimientos y competencias que se aprenden y enseñan en las escuelas tienen su fundamento en la premisa que sirven para vivir en plenitud, dejando de lado otros que están ausentes o que su atención es limitada y que tal vez, sean más necesarios para efectivamente, vivir en plenitud; la crisis sobre el cuestionamiento de las escuelas como las instituciones que legitiman la transmisión del saber junto con la responsabilidad del profesorado de cumplir con ello; los reproches de la sociedad ante lo que considera la falta de capacidad del sistema educativo para cumplir con sus expectativas; las dificultades evidentes para lograr al mismo tiempo equidad y excelencia, así como determinar cuál es lo prioritario en la definición de las políticas; falta de interés del alumnado, especialmente en los niveles de secundaria y educación media superior por contenidos de aprendizaje que perciben  poco o nada relacionados con sus vidas, su cotidianeidad, la funcionalidad en su proyecto de vida o profesional; quejas, muchas veces fundadas de los profesores, ante una ampliación de sus funciones, responsabilidades y tareas como docentes.

¿Qué dimensiones tienen especial incidencia en la pérdida relativa de ese sentido de la educación escolar?

La primera, es el para qué, sus finalidades y funciones, esta es la dimensión constitutiva básica; la segunda está referida al qué, que es la concreción de la primera en términos de intenciones educativas, de decisiones relacionadas sobre el capital cultural que la educación escolar debe considerar para preparar a los alumnos para el futuro, conocimientos y competencias que han de enseñar y aprender en las escuelas, la tercera es el cómo, que es diferente en cada nivel de organización y funcionamiento de los sistemas educativos.

¿La atribución del sentido del aprendizaje en el aula es la concreción de toda política educativa?

Con lo alejado que está el currículo  del aula y su grado de articulación del sistema escolar con los otros sistemas sociales, representa el último y definitivo peldaño del proceso de atribución del sentido a los aprendizajes escolares por los alumnos. Es en el espacio físico, simbólico e interactivo del aula donde se manifiesta lo negativo de ese sentido, por lo tanto también es el espacio donde se pueden neutralizar o minimizar sus efectos.

Si bien, el asunto es complejo y multifactorial, existe la necesidad urgente de que se compartan liderazgos y responsabilidades en la búsqueda de nuevas perspectivas, que nos permita cambiar esa manera uniforme y homogénea que desde hace décadas, prevalece en nuestro sistema educativo.

Ya no hay tiempo, hay que impulsar y dar sentido a los aprendizajes escolares porque nuestra compleja realidad lo está demandando, requerimos de generaciones críticas que cuestionen y fundamenten, que participen activamente para detener a los grandes intereses de las corporaciones globales y a este régimen autoritario con una democracia a modo y sobre todo, para no permitir que se sigan instalando en las relaciones sociales de este país, la violencia, el miedo y la incertidumbre.

       Referencias

Santos, B de S. (2016) Pensamientos y poderes. La construcción de horizontes civilizatorios. En el poder hoy: conferencias magistrales  de la Cátedra Alain Touraine. Universidad Iberoamericana Puebla. Primera edición. 

COLL, C. (2009): «Enseñar y aprender en el siglo XXI: el sentido de los aprendizajes escolares», en MARCHESI, A.; TEDESCO, J.C.

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