Uno de los cuestionamientos principales sobre los cuales disertaron los investigadores invitados a la mesa de discusión sobre Educación Media Superior que se realizó en la Universidad Iberoamericana el pasado 18 de marzo fue el de ¿Cómo se trata el tema de la juventud en la política de la Educación Media Superior?
Planteamientos importantes se presentaron, tomando en cuenta que el sentido que dan los jóvenes a su vida no es siempre reconocida en los diversos ámbitos de la vida social, es más, en varios sectores y también en el educativo, el comportamiento que presentan en las aulas y en las escuelas, no está de acuerdo con los ideales que quisieran los padres y maestros, por eso la necesidad de pensar en ellos ante el doble papel que viven en esa etapa de su vida: como estudiantes y como jóvenes.
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¿Cuántas veces hemos escuchado que a los estudiantes de los bachilleratos no les gusta estudiar, que van a la escuela solo para “echar novio”, para estar con sus amigos, para perder el tiempo o para ver qué pasa?
La investigación educativa ha encontrado específicamente en los estudios de Eduardo Weiss, que la escuela es el espacio juvenil en donde se plantean sus interacciones, vinculaciones, su sentido de pertenencia e identidad , sus recorridos escolares, su plan de vida y curso de vida, la elección de carrera hasta la transición al mundo de trabajo en muchos de los casos.
Cierto, en esta etapa es demasiado importante el amor y la sexualidad ¿por qué entonces no lo admitimos y enfocamos el proceso educativo sobre ciertos temas que no aparecen en este momento en el currículo escolar y que si son importantes para la conformación de una personalidad íntegra, autónoma y activa de esos alumnos? Es un hecho que el desarrollo de la vida cotidiana, en las diversas modalidades de la educación media superior, se presentan rasgos complejos que no son atendidos ni en los salones de clase ni en las instituciones educativas. Los alumnos no son formados como persona, situación ausente del debate.
El tema de los jóvenes está presente de manera discursiva en planes, programas discursos y hasta entretejido en lo curricular, pero en la práctica y entre las preocupaciones de los docentes, poco están presentes los alumnos y existe una marcada ausencia de corresponsabilidad cuando se toca el tema de los aprendizajes de los alumnos.
Insisto en que en los discursos se realizan muchas declaraciones sobre la importancia de la juventud, pero en general, la imagen del joven estudiante se devalúa de manera creciente. En la llamada reforma educativa, los planes y programas de estudio no han sido reformulados, muchos de ellos fueron adaptados al enfoque de competencias, pero si uno los analiza a detalle, siguen existiendo la tradición enciclopédica, están saturados de complejidad en temas que los jóvenes nunca utilizarán, pero que las autoridades y muchos de los profesores insisten en mantener argumentando que son necesarios para su formación. Desde la perspectiva de Eduardo Weiss, se han realizado al vapor.
Si hay una propuesta de reforma, como lo afirmó Adelina Castañeda, es necesaria aprovecharla, pero a través del conocimiento, de la investigación y de la intervención para poder retroalimentarla y volver a ponerla en práctica. Existen tensiones a resolver y problemas latentes porque se ha privilegiado en el nivel la cobertura separada de la calidad, sigue existiendo una normatividad excesiva y una gran dispersión del bachillerato. Es necesario repensar nuevamente que cada modalidad de bachillerato debería tener su propia reforma, con diferentes tipos de intervención y programas para atender la diversidad.
La política que pretende resolver las carencias existentes otorgando becas, han apoyado de cierta manera a los estudiantes y a sus familias, pero no necesariamente han apoyado efectivamente el aprendizaje escolar.
Como afirmó Ana Razo, no se trata de que los maestros les resuelvan sus problemas, pero si ya los tenemos en las aulas y en las escuelas hay que tratar de valorarlos y rescatarlos, sobre todo, si es necesario mejorar la capacidad institucional para retener a los estudiantes.
Hace falta trabajar con los docentes en redes colaborativas entre pares, realizar ajustes curriculares que vincule siempre a los maestros, distinguir y difundir las buenas practicas, realizar análisis de contextos, con conocimiento, observación e intuición y hay que, no solo saber específicamente que hacer sino también en que momento, para así desarrollar las estrategias necesarias y compartir con los alumnos la riqueza de una relación afectiva y efectiva de aprendizaje.
No solamente es requisito contar con una licenciatura o una maestría para ser un profesional de la educación media superior, es necesario contar con la formación necesaria para poner en juego los valores que se expresan en su relación con los jóvenes, el tipo de tareas que se proponen, el grado en que se fomenta el trabajo en equipo, la motivación a la creación y a la innovación y ante todo, el respeto al ser humano como eje fundamental de su quehacer. Como siempre he afirmado, no cualquier persona puede ser un profesor y menos, ante la importancia de la educación media superior.