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Contra la violencia, la resiliencia familiar | Teresa Abirrached

Sábado, 16 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Contra la violencia, la resiliencia familiar

Miércoles, Marzo 9, 2016

Día de la mujer: nada que celebrar, mucho por hacer.

Hoy 8 de marzo se celebra el día internacional de la mujer, una fecha que conmemora la lucha de la mujer por la igualdad con el hombre y por su participación y desarrollo como persona en la sociedad; fecha en la que desde el 2011, la ONU comenzó a hacer declaratorias, como la del 2013 que con el lema “Una promesa es una promesa: es hora de acabar con la violencia contra la mujer” buscaba llamar la atención de la comunidad internacional hacia este tema.

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8 de marzo de 2016, en Puebla, vivimos una realidad por demás alejada de esta promesa que afirma, en palabras del Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon que “… la violencia contra la mujer nunca es aceptable, nunca es perdonable, nunca es tolerable”.

En el discurso, en los actos públicos y en las intenciones, esta verdad es universal. Sin embargo, la violencia de género existe en el aquí y ahora, en nuestra realidad, en nuestro entorno cada vez más cercano. Cada día se dan a conocer casos de violación de los derechos humanos en el ámbito público y privado, a través de la discriminación, de conductas misóginas y de odio hacia la mujer que llevan a actos violentos y crueles, sólo por el hecho de ser precisamente mujer.

“Hallan mujer muerta…” es una constante en los periódicos. No se trata de situaciones aisladas, sino de feminicidios, mujeres violentadas y asesinadas, incluso por sus parejas por no afrontar su paternidad.

Las consecuencias de estos hechos son palpables: muerte de mujeres jóvenes y familias afectadas de por vida. Niñas que aprenden que el amor controla, maltrata y mata, porque el amor duele y la mujer debe aprender a soportar en nombre del amor.

En la radio se encuentra sonando una canción de tono pegajoso que dice: “cuéntame cómo fue que me dejaste de amar, yo aún podía soportar tu tanta falta de querer”. Y con esta música aprendemos a legitimar la violencia en la pareja, a soportar el desamor y la traición. Aprendemos a soportar porque se nos enseña que quien te quiere te hará sufrir, y lo más triste es que lo creemos.

El Padre Fernando Fernández Font, Rector de la Universidad Iberoamericana Puebla, declaró recientemente que “no es posible que con tanta impunidad vayan cayendo mujeres una tras de otra, no es posible, algo está pasando en la sociedad y eso hay que atender”, haciendo un llamado a la declaratoria de alerta de género, que es un mecanismo de protección de los derechos de las mujeres para garantizar la seguridad de las mujeres y las niñas.

Mientras las autoridades, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, las asociaciones y demás implicados se ponen de acuerdo sobre quién debe emitir la alerta, es en la familia donde podemos comenzar,  porque es ahí donde se educa a los hombres machos y a las mujeres débiles con dependencia emocional,  a través de una educación genérica desigual que conlleva a una cultura de violencia aprendida.

Una forma de terminar con el ciclo de violencia es la resiliencia familiar. Un término poco conocido por muchas personas y que plantea que es en el núcleo familiar donde se debe desarrollar la capacidad de recuperarse de circunstancias adversas para salir de ellas fortalecida y con recursos para afrontar otras dificultades de la vida.

En el artículo Resiliencia familiar: un enfoque de investigación e intervención con familias multiproblemáticas, Esteban Gómez y María Angélica Kotliarenco afirman que el concepto de resiliencia se concibe como una fuerza que se opone a la devastación potencial de la adversidad, ya que éste es el principal detonador, su principal germen y el incentivo para salir de ella. Sin adversidad, entonces, no hay resiliencia.

En pocas palabras, educar en el amor, en la fuerza y la voluntad para solventar cualquier situación adversa, para lo cual se debe trabajar en familia para formar hombres y mujeres que sean capaces de expresar enojo, culpa y resentimiento, pero respetando a los demás, para encontrar maneras de mejorar el bienestar de la familia, sin sentirse aislados o limitados.

Como madre de una adolescente no puedo cerrar los ojos a la violencia de género, pero sí puedo enseñarle a mi hija que vale por sí misma y que debe respetarse para conseguir el respeto de los demás, que siempre tendremos pérdidas de seres queridos, rompimientos amorosos o desilusiones, que se pueden asimilar mejor si se dialogan con la familia, en un ambiente de apoyo y comprensión.

 

La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

Este texto se encuentra en: http://circulodeescritores.blogspot.com

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