Una de las críticas al enfoque por competencias, se basó en la existencia de un modelo dominante de los cambios europeos que fueron incorporados de manera acrítica y tropicalizados en el país, argumentando que existían nuevos retos para los sistemas educativos dentro de los procesos de mundialización, modernización y de desarrollo tecnológico, ya que se requerían de individuos que comprendieran y funcionaran en un mundo cambiante, donde se atendieran realmente los desafíos colectivos sociales.
Actualmente, siguen los cuestionamientos y la resistencia ante este enfoque, principalmente de los actores sociales inmersos en educación, ante la alta percepción de fracaso escolar basada en los magros resultados de las evaluaciones internacionales y nacionales aplicadas, que ponen en evidencia el incumplimiento de los propósitos planteados por los planes y programas y en el alejamiento de los dominios de aprendizajes necesarios para la incorporación de los egresados al ámbito laboral y a su desenvolvimiento exitoso en una sociedad tan compleja como es la nuestra.
Más artículos del autor
De ahí que uno de los problemas permanentes en el ámbito educativo es responder al cuestionamiento:
¿Cuáles son los saberes necesarios para el futuro?
Las competencias implican una gran complejidad, porque no todo depende de los planes y los programas, ni tampoco de los maestros, deben de apoyarse en la movilización de recursos psicosociales. En ellas se han basado las últimas reformas escolares y hay que reconocer que la adopción del enfoque no siempre se realiza con las mejores estrategias y que no se adapta a la diversidad de los contextos. Pero son útiles para generar condiciones que nos permitan reflexionar sobre el papel de la educación formal y los análisis necesarios derivados.
El papel de la investigación educativa es crucial para acompañar las adopciones de iniciativas sobre el uso de este enfoque o de otros, así como en el desarrollo de metodologías cuantitativas y cualitativas que permitan monitorear lo que sucede en las aulas por la adopción de los diversos enfoques. Solo así será posible mejorar los niveles de aprendizaje en los sistemas escolares.
Si en verdad se realizará una reforma educativa curricular, espero que no se opte por visiones simplificadoras, esquemáticas, de relumbrón o reducidas a una salida emergente a los grandes problemas educativos que ahora existen.
Todo enfoque que se adopte, deberá partir de toda una estrategia adecuada que permitan la actualización y modificación de los planes de estudio, instrumentada a partir de ejercicios de reflexión colaborativa, en los que se establezca una comunicación constante entre el equipo de diseño, de re-diseño, investigadores, egresados y cuerpo docente, cuyo único propósito sea la necesidad de mejorar los aprendizajes de los alumnos.
Ojalá pues, ojalá.