La visita del Papa Francisco a México ha levantado gran expectativa nacional por el mensaje que traerá a los estados lastimados por la violencia, migración, y pobreza; y por otra parte el intento de las figuras políticas de colgarse del Santo Padre en año electoral. No obstante, la grilla dentro de la Iglesia también aflora en estos días previos al magno acontecimiento.
Cada sacerdote entiende la forma de apegarse a los postulados del catolicismo pero los estilos a veces incomodan a la élite clerical. Para nadie es un secreto que Alejandro Solalinde, es un cura relegado de la Arquidiócesis Primada de México por sus convicciones políticas y personales.
Cada quien podrá tener una opinión acerca de su personalidad y trabajo pastoral pero a mi me parece que Solalinde realiza desde hace mucho tiempo una labor excepcional en favor de los derechos humanos; prefiere ensuciarse los zapatos que despachar desde el escritorio con horario de oficina.
Solalinde ha puesto la mirada en aquellos que han sido víctimas del sistema por abusos, vejaciones, desinterés u olvido, y es por esa forma abierta y clara de señalar la corrupción ó las fallas gubernamentales que ha incomodado a los clérigos que acostumbran servir y halagar a los poderosos.
En esta visita papal, Solalinde no recibió ninguna invitación por parte de la Conferencia del Episcopado Mexicano para asistir a alguno de los eventos del 12 al 17 de febrero, sin embargo en una entrevista que tuvimos esta semana me dijo que no se sentía marginado porque entendía que su desempeño ha incomodado a varios cardenales y a Los Pinos.
Y es lógico, en la rigidez de la Iglesia Católica no hay espacios para pensar distinto en el modo de hacer las cosas aunque el fin sea bondadoso. Aún así pienso que si el Premio Nacional de Derechos Humanos que recibió en 2012 es minimizado por la esfera religiosa de este país entonces ¿Qué podríamos esperar de quienes se han dedicado a administrar la Iglesia en vez de atenderla, cuidarla y acrecentarla con humildad y congruencia?
La cúpula se equivoca en despreciar a Solalinde; el sacerdocio es una convicción de vida y no solo una posición de poder con influencia política y/o económica. Creo que su trabajo al frente del albergue Hermanos en el Camino en Ixtepec, Oaxaca tendría que recibir el respaldo de su gremio y promoverse con orgullo.
En fin, creo que su labor humanitaria ha trascendido fronteras y seguramente en el Vaticano saben quién es y como piensa Solalinde. Sabrán que este hombre próximo a cumplir 71 años de edad, con licenciatura en Historia, en Psicología y maestría en Terapia Familias Sistémica le han dado otra perspectiva de la vida.
Él decidió defender a los migrantes, a los indígenas, desafiar al crimen organizado y al régimen gubernamental y por eso fue ignorado en esta primera visita de Francisco a México; es el costo que asume por no rendir pleitesía a los de arriba y preocuparse por los de abajo.
Dato adicional. Esta semana estará en Cuacuila, Huachinango en defensa de grupos en condición de vulnerabilidad amenazados por proyectos públicos y privados. En pocas palabras, viene a pisar callos.
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