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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Imperium

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Fidencio Aguilar Víquez

Es Doctor en Filosofía por la Universidad Panamericana. Autor de numerosos artículos especializados y periodísticos, así como de varios libros. Actualmente colabora en el Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV).

Lunes, Enero 4, 2016

A la memoria de mi mamá,

en el aniversario 41 de su fallecimiento,

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y a mi hijo Luis Fernando,

por su cumpleaños.

Ese año todo parecía estar definido, el candidato –de nombre Antonio- y sus aliados, un gran financiero que había ejercido el mando luego de sus grandes campañas por el imperio y de un anterior gobernador que había sido el terror de sus enemigos, parecían tenerlo todo bajo control. Los votos estaban ya tasados y calculados y sólo faltaba que llegara el día indicado que no podía pasar de junio. La elección no era sino un mero trámite, pero un trámite que legitimaba y engrandecía a la gran ciudad y al imperio, al espíritu republicano que lo animaba. ¿Ocurrió todo tal cual estaba planeado?

Estamos hablando, en efecto, de Marco Antonio Híbrida, de Craso, su financiero que había sido jefe militar y regresaba cubierto de gloria luego de sus triunfos y que ahora financiaba esta campaña, y del exgobernador de una de las provincias de África luego de haber sometido a todos sus enemigos, el terrible y temible Catilina, que sería su compañero de fórmula por el consulado. Eran los tiempos de Cicerón (Marco Tulio Cicerón) que, en esa elección, sería el opositor. La historia es harto conocida, ese año –el 63 antes de Cristo-, gracias a la elocuencia, al discurso claro, preciso y consistente y centrado en el ideal de Roma («Roma es la república de los hombres libres, donde se discuten y se resuelven los problemas comunes a los hombres libres por los hombres libres en el marco de las leyes»).

Contra todo pronóstico, esa ocasión ni el dinero ni la amenaza tuvieron efecto en los electores libres que, gracias al discurso de Cicerón, cobraron conciencia de su condición de ciudadanos: hombres libres que deciden libremente por quien los convence para que los represente y haga todo lo preciso para resolver los problemas de la cosa pública. Dinero a carretadas, compra de votos, corrupción, impunidad, fuertes dosis de simulación, todo ello no sirvió para detener esa convicción que había prendido en el ánimo de los ciudadanos: no el dinero, no la compra de votos, sino la convicción, el criterio, la capacidad de plantear claramente cuál es el ideal de la república, del estado, del imperio llamado Roma.

Este año habrá elección en Puebla; todo parece estar listo, afinado, preparado, todo marcha según lo planeado. Las figuras públicas que se perfilan para ser aspirantes, precandidatos y candidatos ya están ahí, más que listos, enfilados, perfilados, todo parece ser un mero trámite, como hace dos mil 78 años en Roma, pero valdría la pena preguntar, ¿cuál es la idea de Puebla, el ideal de Puebla, en suma, qué es Puebla en su esencia, en su sustancia? Todavía más, ¿hay una convicción que sea dicha, propuesta, discutida ante los electores, una idea, un ideal, un argumento sobre lo que es Puebla y lo que debe ser y el camino para llegar allí? En otras palabras, ¿dónde están los aspirantes que tengan un discurso que muestre con claridad sus ideas, sus convicciones, sus planteamientos, sus formulaciones para resolver los grandes y graves problemas de una entidad tan heterogénea como la poblana, con muchos contrastes, con muchos pendientes y con muchos rezagos sociales, educativos, económicos y políticos? Fuera de dos discursos, uno de continuidad y otro que afirma que todo está definido desde ahora a nivel federal (en el fondo pareciera un solo y único discurso), no hay un discurso convincente que diga a los poblanos cómo está Puebla y hacia dónde llegará en los próximos años, y sobre todo qué es Puebla.

Claro, hay discursos políticos que hablan de datos, estadísticas, números, pero como dijera alguna vez Bernard Shaw: “La estadística es una ciencia que demuestra que si mi vecino tiene dos coches y yo no tengo ninguno, los dos tenemos un coche.” Es decir, dicen nada respecto a la realidad y a las aspiraciones de los seres humanos.

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