Hay relaciones entrañables, difíciles de explicar y sobre todo de entender pero después de una convivencia extraordinaria de 12 años duele mucho despedirse de un compañero de vida.
Nunca experimenté crecer de niña con un perro porque a mi papá no le agradaba la idea, así que cuando conocí a este "pequeño" de dos meses y le serví un poco de leche en un tazón, me enamoré de él.
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El "Orejas" fue bautizado en la casa de mi hoy marido y no tuve que adivinar la originalidad del nombre. Un perruno café que fue creciendo como nuestra historia.
Dicen que los perros llenan huecos afectivos y es muy cierto. Aprendes a quererlos de sobre manera y ellos a ti; llenan tus dias de alegría y saben consolarte en la tristeza. Son seres emocionales que literalmente te adoptan como su familia y te cuidan de todos... ¡Hasta del repartidor del agua!
Reconozco que aprendí demasiado tarde a darle su justa dimensión, y más de una vez el sobre consentimiento hacia el "orejón" originó pleito casero. El regaño casi nunca fue lo mío y por eso me volví cómplice de sus travesuras.
En sus 15 años de vida siempre fue un perruno muy alegre; inclusive en los últimos 6 años cuando le detectaron un soplo en el corazón; sin medicamento y con la croqueta baja en sal logró mantener calidad de vida, gracias también a los cuidados en casa y a un veterinario excepcional.
Siempre le gustó formar parte de las pláticas, husmear la cocina, y permanecer dentro de la casa gran parte del día. Como parte de la rutina familiar procurábamos comer a la misma hora para sentirnos más integrados.
Cuando te acostumbras a verlo alegre y cariñoso, jamás piensas que su vida también cumple un plazo. Y así fue, un domingo sentados en su tapete, le agradecimos su compañía y cariño.. tres días después, su edad y la enfermedad cardiaca decidieron por él (un suceso que francamente no esperábamos tan rápido ni en estas fechas).
Hay quienes nunca logran entender la conexión familiar con un perro cuya ausencia duele con el paso de los días. Cansada, de mal humor, de capa caída o sin dinero y el cariño del "orejón" siempre fue incondicional.
En estos días me sugirieron con frivolidad suplirlo con otro similar; la realidad es que cada uno tiene su identidad y carácter; fue parte de mi familia y me resulta difícil pensar en otro.
Con el "orejón" aprendí que los perrunos son seres maravillosos, inteligentes, leales y de gran sensibilidad. Una vez leí que los perros y humanos conectan a través de la segregación de oxitocina, provocando un proceso biológico similar a lo que sucede entre padres e hijos cada vez que se miran o acarician; por eso el gran aprecio que les tenemos en casa.
En fin, quise compartirlo en esta colaboración porque el "orejas" fue una de las mayores satisfacciones en mi vida y su partida me dejó un hueco en el corazón; escribirlo es una forma de liberar la tristeza. Me queda el recuerdo de su fidelidad y amor; espero que él también haya llevado una grata impresión de mi.
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