Un terrible acontecimiento sucedido en Francia se aprovechó para desviar la atención de los mexicanos de sus profundos problemas dando un momento de respiración a los "ilustres" líderes nacionales
Las magnitud de este hecho enfrió el análisis del cómo la cámara de diputados se despachó con la cuchara grande presupuestal, con los moches respectivos por diputado, y la asignación de recursos a los programas consentidos del gobierno federal, así como a estados, Puebla incluido, que han sido proclives al gobierno peñanietista, siguiendo la tesis de que al aliado sumiso no hay que tocarle "ni con el pétalo de una rosa", cosa por lo que el gobierno poblano en este año electoral quedó profundamente agradecido.
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En medio de esta crisis internacional, el precio del barril de petróleo descendió a niveles peligroso de 30 pesos... ¡el precio de una Coca Cola!; por cierto empresa de la que es socio Alberto Bailleres flamante poseedor de la medalla Belisario Domínguez en premio a su destacada labor de terrateniente minero, contaminador del medio ambiente, creador de empleos mal remunerados, y negocios consumistas totalmente palacio.
Con el terrible suceso francés se alejó nuestra atención de temas importantes como el debate acerca del uso de la mariguana, de la investigación de la desaparición de los normalistas de Ayotzinápa, del incremento de la violencia por la guerra de las drogas, de la injusta evaluación de los maestros que a partir de esta sufrirán el terror del despido justificado; pero sobre todo de pensar a fondo el cómo habremos de enfrentar el terrible futuro económico que nos espera.
Así que la nota de esta tragedia le cayó como anillo al dedo a los gobernantes mexicanos para darse un tiempo de respiro ante la agobiante presión de la opinión pública... ¡suertudos!