En 1847, Carlos Marx y Federico Engels advirtieron al mundo, en el Manifiesto Comunista, que un fantasma recorre Europa, el fantasma del comunismo. De vivir ahora, dirían, en sentido opuesto al significado de su famosa frase, que el fantasma de López Obrador amenaza por tercera ocasión con dañar a México.
Hace unos días, en las páginas del periódico Excélsior, apareció una singular noticia, que al leerla en voz alta entre un grupo de amigos, nos provocó un inesperado ataque colectivo de irrefrenable risa ─como si estuviéramos en una función de circo─ que por su altisonancia llamó la atención de los comensales de un restaurante donde estábamos comiendo. No se trataba, desde luego, de una noticia cómica, sino de una de las acostumbradas declaraciones de prensa del eterno candidato a la presidencia de la república, Andrés Manuel López Obrador.
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A través de su espectacular e inesperada declaración mediática, el multifacético ex priista, ex perredista y ahora autor y propietario absoluto de esa su más reciente aventura política, que bautizó con el nombre de Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena), se comprometió públicamente a no reelegirse en la Presidencia de la República, en caso de triunfar en las elecciones de 2018.
Esta tranquilizadora noticia se extendió velozmente en todo el país. Aún en los rincones más reconditos. ¡López Obrador, no se reelegirá en la presidencia de México, aunque se lo suplique el pueblo en masa!
El celebérrimo señor López debería saber que su promesa de no reelegirse como “presidente de la república” (así con letra minúscula) es innecesaria porque la antigua costumbre de reelegir al titular del poder Ejecutivo Federal fue abolida por el movimiento revolucionario de 1910.
Y como leer libros es la mejor y más eficaz forma de deshacerse de la ataduras de la ignorancia, don Andrés López debería distraer una parte del tiempo que diariamente destina a su anticipada campaña electoral, para que lea un ejemplar de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos (que puede obtener gratuitamente en la dirección general de Compilación y Consulta del Orden Jurídico Nacional, dependiente de la secretaría de Gobernación) y se entere que la reelección del Presidente de la República está prohibida por el artículo 83 constitucional.
Cosa que hace innecesaria su promesa, por inútil.
Si en cada elección presidencial no estuviera en juego el rumbo de la economía del país y el equilibrio de sus fuerzas políticas, sería buena puntada otorgar el voto a AMLO para que triunfe y saber si cumple su palabra o es otra más de sus mentiras.
Al fundar Morena, su propietario absoluto y administrador único, declaró que sería un partido diferente a los demás. Que no habría imposiciones como en el PRI, PAN, PRD, PVEM y otros. Que habría democracia para que sus militantes eligieran, libremente y sin presiones, a los candidatos. Sin embargo, en el terreno de los hechos, las cosas son diferentes a lo que López ofreció. Desde antes de la creación oficial de Morena, ya se sabía que su candidato presidencial sería el tabasqueño. Quien espera que su tercera y prematura postulación, por fin, lo siente en el sillón presidencial durante el sexenio 2018-2024.
Anímicamente ya no soportaría la tercera derrota en su desesperada y desenfrenada ambición de ser Presidente de la República.
En 2006, después de ser derrotado electoralmente por Felipe Calderón y empujado por su enfermiza y enloquecedora obsesión de ser Presidente de la República, armó un espectacular sainete, muy a su personal estilo de actuar.
Trepado en un templete instalado frente a la puerta principal del Palacio Nacional y en presencia de un numeroso grupo de simpatizantes suyos, López Obrador emitió un decreto verbal mediante el que desconoció a Felipe Calderón como Presidente de la República y se autodesignó Presidente Legítimo de México.
Sin demostrar el menor respeto para la señora Rosario Ibarra de Piedra, madre de Jesús Piedra Ibarra (joven estudiante detenido en abril de 1975 en la ciudad de Monterrey y desaparecido por el ejército en el Campo Militar Número Uno), la utilizó como comparsa para que le colocara en el pecho una banda presidencial apócrifa, que supuestamente, le otorgaba la calidad de presidente legítimo de México.
Rosario Ibarra coloca la banda presidencial a AMLO
Al tomar posesión de su cargo, extendiendo solemnemente el brazo izquierdo, López Obrador juró que durante su mandato presidencial patito (2006-2012) cumpliría y haría cumplir la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y las leyes que de ella emanen, tal como lo prescribe el artículo 87 constitucional.
AMLO: Protesto cumplir y hacer cumplir la Constitución
Para reafirmar la majestuosidad de esa tragicomedia política, el célebre macuspanense dio a conocer los nombres de los integrantes de su gabinete presidencial y en seguida se sentó en una réplica del sillón presidencial. ¡Habemus falsus praesidentis! (¡Tenemos falso presidente!) habrían gritado en latín sus malquerientes.
En 2012, Andrés Manuel López Obrador fue derrotado por segunda ocasión. Esa vez fue Enrique Peña Nieto con quien se tropezó.
Por enésima vez, como ya es su costumbre, el señor López se asumió como víctima de otro fraude electoral. Denunció que Peña Nieto compró los votos que le dieron el triunfo y los pagó con animales de diferentes especies.
AMLO: ¡Aquí están las pruebas de la compra
de votos con los que Peña Nieto me robó la Presidencia!
Para que no hubiera la menor duda acerca de la justeza de su quejido, López Obrador llevó a las oficinas del Instituto Federal Electoral un hato de animales, compuesto de gallinas, patos, chivos y marranos, como prueba irrefutable que Peña Nieto le arrancó el triunfo mediante la compra de votos.
Un chivo, un cerdo, dos gallinas, un gallo y dos patos: pruebas
que demuestran que Peña Nieto se apoderó ilegalmente de la Presidencia
“A quien madruga, Dios lo ayuda”
Creyendo ─o simulando creer─ en la efectividad del axioma que reza: A quien madruga, Dios lo ayuda y como parte de su estrategia de proselitismo para las elecciones de 2018, López Obrador efectuó un viaje a Roma con el propósito que lo retrataran recibiendo la bendición papal.
Para que nadie del electorado dude de su catolicismo, obsequió al papa Benedicto XVI una medalla de Fray Bartolomé de la Casas. Además le entregó una carta, donde el antiguo ex priista y ex perredista y falso devoto de la religión católica, le “informa” al prelado que busca que la armonía impere en México a través de “la honestidad, la justicia y el amor.” Concluyó su visita a Roma, deseándole al Santo Padre que cuando viaje a México, el próximo año, “tenga una feliz estancia.”
El oportunismo de Andrés López es evidente. Llevó a cabo este show con fines electoreros. Sabiendo que más del 80% de la población se asume católica, busca conquistar su simpatía y su voto en las elecciones de 2018.
Ahora, habrá que esperar qué otro espectáculo circense protagonizará don Andrés Manuel López Obrador, si dentro de tres años le vuelven a robar, por tercera ocasión, la Presidencia de la República.
Por lo pronto, ya está efectuando, con plenitud, su campaña electoral. O mejor dicho, continúa realizando ─ininterrumpidamente─ la que inició hace quince años, cuando utilizó la jefatura del Gobierno del Distrito Federal, como trampolín para catapultarse a la primera magistratura de la nación.
Hace cuatro años, quizá al darse cuenta que los cuentos de la mafia en el poder, de los maleficios del innombrable Carlos Salinas, de la compra de votos y del fraude electoral, no le redituaban los votos que espera obtener, López sorprendió al mundo cuando dio a conocer sus Fundamentos para una república amorosa, donde pregona el amor al prójimo.
Aristóteles, Platón y Sócrates, cuyo mayor esfuerzo consistió en establecer una explicación unitaria de la realidad que permitiera fijar las estructuras de la organización social, se sentirían opacados por la brillante y certera disquisición filosófica que lanzó a la luz pública el ilustre filósofo macuspanense Andrés Manuel López Obrador.
En su amorosa proclama, el virulento y eterno candidato presidencial, advierte que para lograr el renacimiento de México, es necesario “auspiciar una manera de vivir, sustentada en el amor a la familia, al prójimo, a la naturaleza y a la patria.” Para que sea “una república amorosa, con grandeza espiritual”.
¡Ver para creer!