Me preguntaron qué opino en referencia al número cada vez mayor de feminicidios en Puebla. Respondí que me inquieta un caso en particular que la prensa local ha informado con detalle, que es cuando las muchachas están embarazadas y los novios o amigos no se quieren hacer responsables y por eso se deshacen de ellas.
Me pregunto: ¿Qué pasa por la mente de las mujeres jóvenes que, después de saber que los muchachos no se quieren hacer responsables y les insisten en el aborto, se reencuentran con ellos? ¿Qué es lo que piensan, qué es lo que esperan, qué es lo que sienten? ¿Por qué no perciben el riesgo en el que están? ¿Qué pasa que esas reacciones de los hombres no calan en la percepción de las muchachas para que puedan procesar que todo intento de un acuerdo es imposible? Y son preguntas no para culpar o satanizar, y mucho menos para responsabilizar a las muchachas.
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Trato de meterme en la mente de las muchachas. Ser madre es una responsabilidad de por vida, la mujer es la que gesta y a quien le cambia la vida desde el embarazo. Y me pregunto, más: ¿Qué las hace pensar que el novio o amigo puede cambiar, de un día para otro, de un ‘no’ al ‘si’? ¿No acaso eso es pensamiento mágico, algo que nuestra sociedad procura a través de la televisión abierta y las comedias y shows?
Creo sinceramente que las mujeres hemos perdido un buen de eso que se llama intuición. Somos las mujeres quienes históricamente hemos desarrollado más y mejor nuestro lado intuitivo o lo que se llama desde hace tiempo, inteligencia emocional. Tenemos más consciencia de nuestros miedos. Somos más hábiles para conocernos por dentro. Entre mujeres hablamos más de nuestros asuntos emocionales y afectivos, y siempre hay alguien que está dispuesta a escuchar y sugerir algo sensato. ¿Entonces, qué pasa?
¿Dónde hemos estado para poder compartir esto con las jóvenes? Cuando se es joven es difícil escuchar a los adultos. Pensamos que ya están pasados de moda y lo que sirvió en tiempos pasados, ya no aplica. Y todavía aplica. Y ese es el reto, hacer escuchar nuestras voces para que las jóvenes sepan que nosotros pasamos por esas, que sabemos que la hormona puede más que la neurona, y que hay que escuchar lo que nos dice la intuición cuando sentimos que tenemos miedo. Hay que apoyarlas para que aprendan a leer señales. Esa es una manera de protegerlas. Que no es la solución a los feminicidios, pero si una manera de protegernos como mujeres.
En el mundo se desperdician, cada año, 1,300 millones de toneladas de alimentos, según datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y Alimentación (FAO).
El desperdicio de alimentos, sin contar pescado y marisco, tiene un costo de 750,000 millones de dólares y causa un grave daño a los recursos naturales de la humanidad, como el clima, el agua, el suelo y la biodiversidad, según la FAO.
La FAO afirma que sólo el 25% de los alimentos que desperdiciamos salvaría la vida de las 795 millones de personas que están en riesgo de morir por desnutrición y bastaría para cubrir las necesidades de los 870 millones que padecen hambre.
La ONU también afirmó que el desperdicio alimentario no solamente es uno de los principales factores de la inseguridad alimentaria, sino también es responsable de graves efectos en el cambio climático y ha demostrado ser el síntoma de la ineficacia de los sistemas de distribución y consumo de los países primer mundo.
En cuanto a impacto medioambiental, la FAO habla de una producción de 3.3 gigatoneladas de dióxido de carbono debido a la comida desperdiciada ya que Los alimentos que se pudren en los vertederos producen gases de efecto invernadero como el metano, que es particularmente dañino ya que produce el efecto invernadero en el planeta. Además se utilizan aproximadamente1,400 millones de hectáreas para cultivar alimentos que no llegan a ser consumidos. Y por último está el uso de agua potable, se desperdicia más en el cultivo de alimentos que no utilizamos que la que se usa en todo un año en países como China e India.
El reporte de la FAO indica que cerca de 670 millones de toneladas de comida son desperdiciados anualmente por los países industrializados, mientras que los países en desarrollo sólo desperdician 630 toneladas. Dentro de los alimentos que más se tiran están: los vegetales (50%), el pescado (35%), cereales (30%) y la carne (20%).
La FAO asevera que los países de primer mundo desperdician casi tanta comida (222 millones de toneladas) como la producción entera de África Subsahariana (230 millones de toneladas), esto a nivel general. Mientras que a nivel individual, una persona de un país desarrollado llega a tirar entre 95 y 115 kilogramos de alimentos cada año – en los países subdesarrollados la cifra se estima entre los 6 y 11 kg.
Los países que más desperdician comida son E.U.A., Canadá, Australia y Nueva Zelanda, entre éstos tiran el 39% de toda la comida que compran; seguidos por los países de la Unión Europea que desperdician el 31% de los alimentos adquiridos.
Entre los factores que más influyen que se tire tanta comida están los altos estándares de calidad que enfatizan demasiado la apariencia de los alimentos y el consumo excesivo, es decir, comprar más comida de la que necesitamos.
Y la reacción exagerada a las fechas de caducidad
Por mencionar sólo algunos países
De esas 1,300 toneladas de comida al año, EN EEUU se desperdician 40 millones de toneladas y en nuestro país son 10.4 millones de toneladas de comida se desperdician
En Francia sólo en los supermercados, son 7 millones de toneladas de comida los que se desperdician cada año
Y en Francia, Debido a esto, hubo una iniciativa de 7 estudiantes de cocina, todos trabajando en los más prestigiosos restaurantes de Francia, donde lanzaron Auparager, que es un foodtruck o camión de comida que concientiza a las personas acerca del desperdicio de comida.
Después de recolectar la comida que no se vendió de los supermercados, estos jóvenes cocineros preparan comidas gourmet que venden en el camión. Y han tenido gran éxito, bien por los jóvenes emprendedores que ponen el ejemplo.