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OPINIÓN

La sucesión presidencial acéntrica…

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Juan de Dios Andrade

Politólogo. Analista político y asesor. Especializado en historia y política mexicana, geopolítica y geoestrategia, Historia de las ideas políticas, teoría política y análisis de escenarios. Autor de la columna Confines Políticos

Lunes, Octubre 5, 2015

Durante el sexenio de Carlos Salinas hubo una anécdota sobre cierta gira presidencial hecha a Tabasco. Le acompañó una comitiva numerosa, de las que se acostumbraban, y mientras él cumplía su cometido, un guía le mostró al resto los atractivos de la zona. Al tocar turno a los caimanes, un invitado hizo alusión a que en la prehistoria volaban. De botepronto el guía negó que tal cosa fuese verdad, enfrascándose en singular discusión. A punto de perder los estribos, preguntó: “¿Quién les dijo esa tontería?”. “El Presidente, cuando veníamos en el avión” contestó el otro. Rápidamente el guía atajó: “Bueno sí, pero bajito”. Quizá fue el último destello de la omnipotencia presidencial. No recuerdo otra historia similar. De entonces a la fecha, la Presidencia se ha devaluado. Hoy prevalecen los disparates, reales o imaginarios, de la élite en el poder…

Podríamos adentrarnos en el mundo de los chistes sobre los políticos y perdernos en él. Los mexicanos somos especialistas en reírnos de la muerte y de nuestras tragedias. Pero lo que le ocurre al poder presidencial es algo más que una anécdota. Les recuerdo que la encuesta de Reforma de finales de julio ubicó el índice de aprobación ciudadana de Peña Nieto en 34% y el de líderes en 15%. La del Universal registró un riesgoso 75% que lo reprueba. El presidencialismo técnicamente ha muerto. Yo no tengo el poder de resucitar a los muertos. ¿Ustedes sí? Salvo pequeñas fluctuaciones, todo coincide…

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Poner punto final al presidencialismo no es malo. Lo sería si nos cruzamos de brazos a la espera de no sé quién que resuelva hacia dónde dirigirnos. Una sucesión presidencial implica aclarar el perfil político porque lo que experimentamos es semejante a lo que Niklas Luhmann llamó ‘acentricidad’. El gobernante ha dejado de ser el centro de la vida política. Si acaso lo es pero de las burlas cotidianas. Hay una trabazón íntima entre Fox equivocándose al referirse a Borges y Peña Nieto metiendo la pata en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Liquidado el centro: o buscamos una nueva manera y motivos para permanecer unidos o podríamos sucumbir ante la atomización que desean los ‘especialistas en demoliciones’. De paso quedó en vilo el bien común que resulta insostenible al modo tradicional…

“El perfil del próximo presidente…”

Al principio se pensó que Peña Nieto lograría recuperar margen presidencial. En medio de la euforia, pocos se percataron de que era regresar al pasado. Luego todo cambió. Se habla de que, al cumplirse el año del caso Iguala y con el repunte del 2 de octubre, 75 mil ‘Peñabots’ se pusieron en acción para desarticular las protestas. Alguien aconseja mal al Presidente o tal vez sea él quien toma malas decisiones. Los problemas se superan resolviéndolos, no yéndose de viaje ni bloqueándolos en redes sociales…

El próximo presidente no debe insistir en volver al pasado. Tiene que ver en el poder y en la autoridad una forma de configurar el futuro del país. Debe poseer capacidad para soñar con pasión y confiar en su misión como si se tratase de fe. Pero a la vez estar consciente de sus limitaciones y tomar decisiones sensatas. Firme en sus convicciones pero dispuesto al diálogo con sus críticos y adversarios. Lograr que su gobierno sea eficaz y eficiente sin hacer negocios, porque el poder no es un estilo de vida. Eso lo creyeron algunos anteriormente. Ni un fin en sí mismo ni un instrumento lucrativo. Mediando entre las coyunturas del poder y la visión de la trascendencia. Guiarse por una mística doctrinal sin ser un mesías ideológico…

El presidencialismo fue una manifestación intramundana de la idea de querer ser Dios, seguido de la autorreferencia. Bien dijo Karl Popper que cuando alguien quiere el paraíso en la tierra, el resultado es el infierno. Un buen político tampoco se guía por el odio ni por el espíritu rupturista. Ante todo, debe ser un conciliador apoyado en la justicia y en la paz. Si lo vemos bien, los aspirantes a suceder a Peña Nieto sólo en parte poseen esas características. Pero hay más…

“El bien común ciudadano…”

La ‘acentricidad’ pone en riesgo al bien común. Conlleva la multipolaridad o la atomización. Tampoco hay que aferrarse. Podríamos estar ante una realidad distinta: el bien común ciudadano. En las postrimerías del sexenio pasado, metieron un proyecto para que la Constitución girase sobre los derechos humanos y no sólo en torno a las garantías individuales. Entre las dos variables se asienta el nuevo concepto del bien común. Frente a la violencia ácrata se yergue la acción de los organismos civiles que luchan por los derechos humanos, la igualdad de resultados, la seguridad, el combate a la corrupción, en fin. Quizá no se percaten, pero son los agentes del tipo de sociedad y de su bien propio del siglo XXI…

“Un perfil presidencial fragmentado…”

Todo intento por sostener lo que ha sido superado, lo precipita. Eso le ocurre a Peña Nieto y a una parte del PRI. Quien resulte candidato debe mirar hacia el futuro. Vean: queriendo truncar las posibilidades de una alianza del PRD con el PAN, dieron juego a AMLO. Se fortaleció en las encuestas y ahora no saben cómo neutralizarlo. Propusieron al PRD una alianza para que se mantuviese como polo de las izquierdas, sin lograrlo del todo. El reposicionamiento de Mancera podría no alcanzarle para competir y, en tal caso, reviviría la idea de aliarse con el PAN…

Roto el consenso en torno al Presidente, lo ideal sería recuperarlo. Pero todo intento de unificar a la opinión pública deriva en contra del gobierno. La estrategia de dividir al 75% que reprueba a Peña Nieto viene a ser un dique adverso al consenso. Si alguien de oposición lograse capitalizarlo, el PRI sería derrotado en 2018…

En tanto no se fortalezcan otra opciones, hay una dualidad en AMLO y don Máximo, el de Puebla. Primero quieren ser cabeza de las izquierdas o de las derechas, luego de una alianza opositora. La fragmentación y luchas intestinas incluyen un problema de identidad. La confrontación MORENA-PRD pone en duda el significado de las izquierdas y lo mismo se puede decir del forcejeo entre los aliados del poblano y el PAN tradicional. El que lo resuelva bien, estará en mejores condiciones de ganar. Los pragmáticos se ‘oponen’ a las alianzas derechas-izquierdas para elevar el precio en la negociación…

La llegada de ‘El Bronco’ a la gubernatura de Nuevo León suma otra variable en las encuestas. Más del 70% local confía en que será un buen gobernante. Podría naufragar de pasar de lo bronco a lo manso. Jugar a ser presidente requiere reorientarse sobre la base de un proyecto visible a los electores. AMLO y don Máximo necesitan lo mismo. Sin control de estructuras partidistas, sólo el fracaso de los anteriores daría oportunidad real a Margarita Zavala. ‘El Bronco’ tampoco lo tiene por ser independiente, pero el cargo ayuda a suplirlo. Movimiento Ciudadano, por su parte, logró en Guadalajara y su zona metropolitana un bastión clave para crecer…

Las posibilidades se van a decidir entre los jóvenes y las mujeres, que son mayoría en el padrón. Sobre todo con ellas hemos sido muy injustos y deben contar con más espacios en las decisiones. Hay que ciudadanizar el conocimiento ante universidades extraviadas en ‘centros de negocios’ que lo encarecen. Las mujeres tienen que leer y actuar como si en ello les fuera la vida. Porque para vivir y morir hay que estar llenos de vida. No es el único modo, pero leyendo las columnas se podría ciudadanizar el conocimiento por la ruta femenina, constituyendo una ‘bisagra transpartidista’. Vamos a ver si se logra…

Hasta entonces…

Comentarios: confinespoliticos@yahoo.com

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