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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

México, el gran cementerio

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Raymundo Alfaro Pérez

Originario de Puebla. Casado y padre de cuatro varones. Abogado, Notario y Actuario. Egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales BUAP. Maestría en Ciencias Políticas BUAP. Doctorado en Derecho BUAP 
 

Viernes, Agosto 7, 2015

Felicidades al equipo de este prestigiado espacio por un aniversario más.

Los levantados, ejecutados y asesinados en México están cubriendo con mucho dolor el territorio nacional y la forma de explicarlos por parte de los encargados de administrar la vapuleada justicia, que ha dejado mal parado al debilitado Estado de Derecho, frente al poder instaurado por los carteles del crimen organizado, es la de minimizar los escenarios de un conflicto armado interno que todos los días cobra víctimas, sin que veamos indicios de que esto pueda disminuir en el corto plazo. Los daños colaterales de estos escenarios de guerra que estamos padeciendo, han dejado a muchas familias destrozadas, a niños huérfanos, a miles de mujeres, hombres y jóvenes asesinados, arrancándoles sus ilusiones de seguir pensando que con sus acciones de participación ciudadana y de compromiso con el ideal democrático, era posible otro país, otro mundo.

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Ante los hechos de los ultimados en la colonia Narvarte, lo primero que pensamos, es que esto no debió suceder, pero lo estremecedor es que si sucedió, y los mataron con una crueldad cobarde que a cualquiera indigna. Este desgarrador suceso ha provocado la condena nacional e internacional de diversas voces que claman “Alto a los actos de genocidio en México”. Sin embargo existen historias silenciadas de miles de víctimas que han cubierto este gran cementerio mexicano que se inauguró justo cuando el gobierno mexicano decidió combatir al crimen organizado con estrategias fallidas, que hasta la fecha no han dado los resultados esperados. De esas víctimas invisibles que llenan las historias silenciadas nos hemos podido enterar por los actos valerosos de periodistas que han trabajado bajo mucha presión, enfrentando incluso al poder político que los ha visto como personas incomodas a sus intereses, como es el caso del gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien incluso en un discurso amenazante, con enorme contenido de conocimiento ramplón les insinuaba casi casi una muerte anunciada a los periodistas que no se porten bien.

El desesperante clima de inseguridad que vivimos nos obliga a todos a reflexionar y pensar en acciones concretas para intentar detener esta escalada de actos aterradores que nos están lastimando día a día. La sociedad se encuentra en estado shock, atacada por dos grandes frentes, uno el Institucional, el legal emanado de un Estado que ha sido secuestrado por elites que solo han velado por sus privilegios, dejando de pensar en el bien común. Y el otro conformado por quienes están aprovechando la descomposición social y emplean a personas sin valores, deshumanizados, dispuestos a matar a cualquier precio.

Como sociedad no debemos permitir el mutismo, y mucho menos que el miedo nos invada, al contrario, debemos contagiarnos de valor cívico para repeler los agravios de quienes nos quieren amordazar, tal como lo hicieron con Rubén Espinosa Becerril el fotoperiodista que dedicó buena parte de su vida a la defensa de quienes han escogido el difícil arte de informar con apego a la verdad, así como de Diana Vera, de formación antropóloga y con una convicción social, sin dejar de mencionar a las otras compañeras que fueron asesinadas junto a estos dos luchadores sociales, y que con evidencias contundentes señalaron como responsable de cualquier daño que sufrieran al gobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien con sus mensajes de premonición debiera ser investigado como cualquier ciudadano de a pie, por el momento el enorme sentido común ciudadano se resguarda en aquel dicho sabio, “piensa mal y acertaras”.

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