James Heckman, profesor de economía de la Universidad de Chicago y premio Nobel, mencionó hace algunos años que la mejor inversión social era invertir en las aptitudes socioculturales del niño -tales como la tenacidad, la motivación y confianza en sí mismo- ya que esto genera mayores beneficios económicos y sociales. Según el nobel, “si la sociedad es capaz de intervenir en una edad temprana, puede mejorar la capacidad cognitiva y socioemocional, así como la salud de los niños desfavorecidos. La intervención temprana fomenta la escolaridad, reduce la delincuencia, promueve la productividad de la fuerza laboral y disminuye el número de embarazos entre las adolescentes”. Quizá, sin saberlo, Chile sea un reflejo de lo que Heckman nos dice.
En la década de los 70´s bajo la tutela del Dr. Fernando Mönckeberg este país andino implementó una estrategia para erradicar la desnutrición infantil, invirtió en la primera infancia, y los resultados económicos tal parece que muestran una correlación positiva para el desarrollo de estas nuevas generaciones bien alimentadas: se observa que el crecimiento económico chileno mejoró sustancialmente cuando estas primeras generaciones se incorporaron a la vida productiva, algo de lo que habla Heckman.
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Hay datos que debemos considerar cuando hablamos de inversión temprana en los infantes, por ejemplo, la UNICEF señala que la desnutrición de los niños cuesta 125 billones de dólares cada año; atender la desnutrición en este momento permitiría beneficios económicos 100 veces más grandes que el costo de intervención; la desnutrición infantil disminuye en un 19% la probabilidad de que un niño sea capaz de leer a los 8 años; la desnutrición infantil disminuyen en un 20% las ganancias futuras de los niños.
Tal parece que, como sucede con otros problemas sociales, los costos de atención ex ante a este problema son mínimos contra los costos ex post, por tanto deberíamos atender este problema con una perspectiva nacional. Y el Gobierno de la República ha entendido la dimensión de postergar las decisiones para atacar este problema por lo que, a través de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL), ha desarrollado una agenda importante de acciones para impulsar el desarrollo de la primera infancia. Este esfuerzo parte de un diagnóstico basado en datos generados por el Consejo Nacional de Evaluación (CONEVAL) y la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (ENSANUT) 2012, de donde podemos destacar que 3.3 millones de niñas, niños y menores de 18 años se encuentran en situación de pobreza extrema alimentaria; la tasa de prevalencia de la desnutrición crónica es de 13.6%, lo que equivale a 1.5 millones de menores; 15.4% de los niños consumen una dieta de diversidad baja, porcentaje que se aumenta al 24.2 para los niños indígenas; 17.9% de las mujeres embarazadas presentan anemia.
Esto ha permitido reorientar los esfuerzos de programas como PROSPERA, Programa de Inclusión Social, que hoy tiene una secuencia de apoyo para los diferentes grupos de edad en situación de pobreza y donde se destaca en las primeras etapas de vida el fortalecimiento de las capacidades del infante a través de acciones de nutrición y salud (estimulación temprana), además de una pensión por orfandad gracias al programa Seguro de Vida para Jefa de Familia (PSVJF).
También ha hecho que la Cruzada Nacional Contra el Hambre (CNCH) generé acciones como la medición de peso y talla en infantes menores a 5 años para dotarles de suplementos alimenticios y donde se apoya a casi un millón doscientos mil niños; se brindan suplementos alimenticios a más de 200 mil mujeres embarazadas y; se promocionan programas de alimentación correcta para infantes menores a los 5 años y mujeres embarazadas. Y hoy se está trabajando, para complementar estos esfuerzos, en un modelo organizado en tres grandes componentes (Diagnóstico y Vigilancia Nutricional; Atención a la Nutrición y Neurodesarrollo; y Desarrollo Social Comunitario), para garantizar el acceso a una alimentación adecuada a todos los infantes en situación de vulnerabilidad.
El conocimiento muestra que si estamos comprometidos con el desarrollo de un país esto debe reflejarse en un compromiso con los grupos de edad que representan las primeras etapas de vida, algo hasta natural si observamos las conductas animales. Una sociedad sólida en el futuro requiere, de generaciones que tengan condiciones mínimas y similares de alimentación y atención sin importar los ingresos.