“No cultiva quien no cuida y no cuida quien no cultiva”.
Papa Francisco.
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Imbuido del espíritu ecológico de la reciente encíclica Laudato Si´, el mensaje pronunciado por el Papa Francisco en la Universidad del Ecuador el pasado 7 de julio aporta elementos muy relevantes para la reflexión sobre los desafíos de las universidades –católicas y no católicas- en el mundo de hoy.
El punto de partida es el cambio de la visión tradicional de la creación como algo estático para ser admirado –una creación en la que Dios busca “mirarse a sí mismo”- a una visión de todo lo creado como un “don para ser compartido”, un regalo para construir “con nosotros” y “para construir un nosotros”, una comunidad humana integrada en torno a la fraternidad y la justicia.
De esta manera, afirma el Papa, la vida humana encierra siempre una invitación más o menos consciente, una invitación permanente para comprometernos en la construcción de este nosotros con los demás, con la tierra y con Dios. El mundo, la historia y el tiempo constituyen el lugar, el escenario en movimiento en el que se va desplegando esta construcción compleja y no exenta de contradicciones.
El reto de construir ese nosotros, esa comunidad de destino que somos como especie humana en permanente realización, tiene dos vectores fundamentales: el del cuidado y el del cultivo, el del cultivo y el del cuidado.
En efecto, la creación vista como un proceso dinámico y compartido requiere del trabajo cotidiano de los seres humanos organizados para cultivar, para desarrollar y crear o recrear lo que la naturaleza nos brinda. Este es el vector creativo que nos impulsa, desde lo más hondo de nuestro deseo de vivir, a no conformarnos con lo dado y a transformar el mundo dándole forma humana, que es finalmente la naturaleza de la potencialidad creativa.
Las universidades tienen entonces un desafío fundamental para desarrollar el conocimiento de todas las disciplinas y la articulación entre ellas para formar profesionales que aporten elementos a la transformación de la naturaleza y generar conocimiento nuevo que permita aprovechar al máximo todo el potencial de la naturaleza para el desarrollo armónico de las sociedades humanas en el planeta.
Pero además del vector del cultivo, está el del cuidado. Porque al mismo tiempo que la naturaleza nos invita a crear, recrear, desarrollar y hacer progresar el mundo en un dinamismo constante, la misma estructura de todo el universo en su frágil equilibrio nos está también invitando a cuidar, a proteger y custodiar la vida que nos fue heredada con una hipoteca de futuro. Porque la naturaleza no es una propiedad de la que podamos disponer sin límites sino una herencia que tenemos que proteger para entregarla a las futuras generaciones.
Este vector del cuidado representa otro gran desafío para las instituciones universitarias que tienen que formar profesionales que conozcan y respeten las leyes de la naturaleza, la biodiversidad que representa la riqueza y el equilibrio de todo lo viviente y desarrollar la investigación orientada a la construcción de conocimiento sobre las formas de revertir los procesos de contaminación y destrucción de la naturaleza que ha generado el desenvolvimiento de la ciencia y la tecnología y una concepción y organización social basada en la idea del cultivo sin cuidado.
Porque existe una relación dialógica y retroactiva entre la vida humana y la de la tierra que es considerada por ello nuestra madre, una relación que hace que “el ambiente humano y el ambiente natural se degraden juntos” y del mismo modo, el ambiente humano y el ambiente natural se sostengan y se puedan transformar juntos. No se puede afrontar y revertir la degradación del ambiente natural y social si no se conocen y se atienden las causas profundas que lo promueven y refuerzan. El análisis de las causas estructurales y culturales de esta degradación es una tarea universitaria fundamental en estos tiempos de emergencia ecológica que hoy vivimos.
En este sentido, el pontífice plantea varias preguntas que sería indispensable tomar en cuenta para reformar la visión de la tarea universitaria en la actualidad. Retomo aquí dos de ellas: “¿Velan por sus alumnos ayudándolos a desarrollar un espíritu crítico, un espíritu libre, capaz de cuidar el mundo de hoy? ¿Son capaces de estimularlos a no desentenderse de la realidad que los circunda?”
Porque el doble vector del cultivo y el cuidado desafían a la formación universitaria en el sentido de crear, a partir de un espíritu crítico y libre, un compromiso de solidaridad con los demás y con la naturaleza que los haga trascender la visión de “un grado universitario como sinónimo de mayor estatus, sinónimo de mayor dinero o prestigio social” sino como un compromiso de solidaridad para la transformación de la sociedad a partir de la convicción de que la educación no es solamente un derecho sino también un privilegio por el que hay que responder.
El mensaje finaliza con una invitación a las comunidades educativas a cumplir con su papel fundamental de construcción de cultura y de ciudadanía para el cultivo y el cuidado del mundo a través del análisis y la descripción de la realidad pero también de la búsqueda concreta de alternativas de respuesta a los grandes desafíos que enfrenta la humanidad del cambio de época en el planeta.
“Como universidad, como centros educativos, como docente y estudiantes, la vida nos desafía a responder a estas dos preguntas: ¿Para qué nos necesita esta tierra? ¿Dónde está tu hermano?”. Sería bueno que todas las universidades se plantearan estas preguntas.