Reconozco no tener experiencia en temas propios de las ciencias de la conducta humana, pero a pesar de esto me veo obligado a salir en defensa, como muchos otros lo harían, de lo que considero para mi es una institución sagrada, calificada así, no sólo por el valor que le pudieren otorgar diversas corrientes religiosas, sino por el propio que le asigna la historia de la civilización occidental.
Sin duda una institución en crisis, lo que permite ser fuertemente criticada y juzgada como decadente, como resultado de los fuertes embates que la "modernidad" ha traído consigo, tal es el caso del divorcio, la amistad "con derechos", el movimiento de liberación femenina y temas parecidos que la sociedad actual ha asumido como propios.
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La crisis del matrimonio histórico, constituido por un hombre y una mujer, ha dado lugar a que algunas minorías muy activas hagan énfasis en lo que denominan un cambio de paradigma, teniendo como fundamento el derecho personal a decidir, y es así como han sido proponentes del llamado "matrimonio entre personas del mismo sexo" a lo que obviamente seguirá la exigencia del derecho a la adopción de menores o a la concepción por inseminación; hechos que pondrá en controversia el derecho de los infantes a tener un padre y una madre heterosexuales.
Sin duda la decisión tomada por la SCJN de legalizar la figura de matrimonio entre personas del mismo sexo y obligar a los jueces de lo civil y a los congresos de los estados a autorizarlo, pasa por alto el derecho de las mayorías a ser tomadas en cuenta e inclusive a desecharlo previo debate e incluso someterlo a referéndum, figura no existente en nuestro país para la toma de decisiones nacionales.
Acción fuertemente controversial, divisora, injusta, que tira por la borda la opinión de un sinnúmero de mexicanos, que considero somos la mayoría, y que debió ser tomada muy en cuenta por los que tienen la gran responsabilidad de dictaminar leyes donde prevalezca la justicia y la ética, aunque esto suene anticuado.
Desde luego la extensión de esta columna no permite abordar las diferentes aristas existentes para el análisis de este tema, pero me resulta necesario expresar que me sumo a la opinión de los obispos católicos y que junto con otros ciudadanos defenderemos que la figura matrimonial es aquella constituida por un hombre y una mujer.
Sin duda que para el caso de Puebla esperamos que los congresistas estatales agoten todas las formas existentes de consulta popular como debió haber sucedido en los casos de las reformas estructurales, especialmente la energética.