“Ser maestra o maestro es ser invitado,
en ciertos momentos privilegiados,
Más artículos del autor
a entrar al alma de un chico o una chica
y ayudarle a encontrarse, a afirmar
paulatinamente su carácter,
a discernir sus emociones,
quizás a superar sus temores y angustias.
Y para muchos alumnos, el maestro o la
maestra son los únicos apoyos con que cuentan”
Pablo Latapí Sarre
Una nueva lectura a los escritos de Don Pablo Latapí Sarre, motivan esta reflexión. Recuerdo su querida presencia en el 2002, cuando estuvo aquí en Puebla, en un foro sobre formación y actualización docente.
En ese entonces, describió un escenario en cuanto a los maestros: “Bajo reconocimiento social, condiciones laborales poco estimulantes,carencia de apoyos didácticos, la pobreza de los alumnos, la indisciplina rebeldía y hasta altanería de algunos estudiantes en el aula, la ignorancia e indiferencia de muchos padres de familia y la competencia desequilibrada que siguen teniendo el profesor con la televisión, la corrupción, reglas de juego poco edificantes, simulaciones a las que hay que resignarse, abusos que callar y poderes poco éticos.”
Hace ya casi quince años y pocas cosas han cambiado.
Básicamente, la implementación de una reforma educativa en la que ha estado ausente la opinión de los maestros y aprobada sin debate parlamentario, como las otras grandes reformas en este sexenio.
En este año, se realizará la primera evaluación sobre el servicio profesional docente y la implementación de las medidas marcadas en esa ley, la tan necesaria revaloración de los maestros en la sociedad mexicana, no forma parte de esa reforma educativa.
¿Es lo mejor que puede pasarle a México en términos educativos?
Durante décadas, los maestros y maestras, se han refugiado en rutinas conocidas y seguras, con escaso reconocimiento social, devaluados de manera persistente, sin actualización pertinente, con escasos estímulos y envueltos en normativas burocráticas en un sistema educativo que no cambia.
Es cierto, a nadie conviene sostener esas inercias y costumbres muy arraigadas en la cultura magisterial y a ellos menos, pero ¿son los maestros la causa? María de Ibarrola contesta que no ha sido su responsabilidad exclusiva, aunque los maestros, si pueden marcar la diferencia.
¿Cómo? Don Pablo planteaba una solución que sigue siendo actual: “La formación de los maestros es escencial para mejorar la educación y el mecanismo fundamental para reoxigenar el sistema educativo.”
Hay muchas y muy variadas investigaciones sobre las prácticas y la formación inicial y permanente de los maestros, sustentadas en evidencia empírica que servirían para fundamentar esas decisiones en materia de política pública.
Evaluar para mejorar es la frase utilizada por el Instituto Nacional de Evaluación Educativa INEE pero ¿hasta dónde los maestros han interiorizado este significado?
Las experiencias exitosas para fomentar una cultura en ambientes de trabajo centrados en la evaluación muestran que en ellas, los cambios se van realizando de manera progresiva: el maestro y/o la maestra solicitan y aceptan una evaluación formativa libremente (no evaluación fiscalizadora), con la intención de recibir críticamente una retroalimentación a su trabajo docente, como recurso de consulta y bajo la perspectiva de un asesoramiento especifico.
Esta primera evaluación proviene de un tutor, de un grupo de colegas, de un asesor o asesores profesionales y amistosos. Posteriormente, el docente consulta con otros colegas; para poder decidir cómo aprovechar las oportunidades que están a su alcance. Si son cursos, talleres o seminarios, los escogerá no en función de “puntajes” o por razones de comodidad, sino por su posible aportación a su crecimiento profesional y enfocado siempre para mejorar su práctica docente.
Actualmente, se están previendo acciones sistemáticas de acompañamiento, apoyo y seguimiento personalizado al nuevo docente en su incorporación al servicio público educativo, pero como puede comprenderse, este acompañamiento también es necesario con los maestros y maestras en servicio.
Nuestra sociedad necesita revalorar en todos los sentidos a sus maestros, hay que evaluarlos, pero después retroalimentarlos, formarlos continuamente, exigiendo sí, pero también motivando y apoyando. Los maestros se sienten solos y angustiados ante este cambio sustantivo en su situación laboral, por lo que hay que diseñar estrategias sistemáticas de información y formación para ayudarlos.
Si queremos que en un futuro, nuestro sistema educativo funcione con altos estándares de calidad y evaluaciones independientes, con escuelas autónomas, alumnos exigentes y en donde la educación sea cada vez más interesante, tenemos que formar con ese propósito ya, de no ser así, pagaremos a mediano plazo, la ausencia de una política pública integral para mejorar nuestra educación.