Sábado, 27 De Junio De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Qué tanto, los líderes nos hacemos cargo realmente de nuestras responsabilidades?

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Marco Antonio Morales

Estudió su licenciatura en Ingeniería Industrial, maestría en Administración de Empresas y el Diplomado en Calidad Total en la Universidad de las Américas, Puebla.

Participa como miembro de la Sociedad de Aprendizaje Organizacional (SOL), es miembro fundador de los fractales Latinoamérica y México de esta misma sociedad de aprendizaje.

En los últimos 25 años, ha laborado en diferentes empresas de los sectores: comunicaciones, textil y actualmente educativo en la Universidad de las Américas, Puebla, donde se desempeña como profesor de tiempo completo de la Escuela de Negocios.

Martes, Abril 7, 2015

Emitir juicios sobre el comportamiento en las organizaciones, puede resultar de gran utilidad porque permite llamar la atención para observar si las acciones que se están desarrollando en la empresa, siguen siendo coherentes con los objetivos esperados de la misma. Pero, ¿es suficiente la emisión de los juicios?, y ¿estamos preparados los líderes para movernos de los juicios a la acción, tomando responsabilidad de nuestros acciones y de sus consecuencias?

En trabajos recientes con organizaciones en Puebla y el estado de Veracruz, hemos podido encontrar dos situaciones muy interesantes en la relación entre líderes y sus responsabilidades. Situaciones que tienen un impacto inmediato en el comportamiento de la empresa y, en ocasiones, un  alto impacto también en los resultados del negocio.

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La primera situación se refiere a la comprensión clara y precisa, por parte de los líderes, respecto a la responsabilidad que tienen en la organización que laboran. Cuando un líder expresa la responsabilidad que él o ella creen tener dentro de la empresa, con frecuencia esta no coincide con la expectativa de otros directivos, ni con las necesidades operativas de la organización.

Esta falta de claridad tiene consecuencias en la relación y efectividad interdepartamental, porque la coordinación puede resultar inefectiva, pero además varias responsabilidades caen “en tierra de nadie” provocando fallas o fricciones entre personas y departamentos, con las consecuencias de inefectividad asociadas a estos problemas.

Una forma para eliminar este efecto es el diseño de conversaciones que permitan revisar y alinear las responsabilidades que los líderes creen tener y las expectativas que los demás miembros de la organización tienen sobre estas mismas. Estas conversaciones suelen ser delicadas porque se puede caer con facilidad en rutinas defensivas o en el efecto de groupthink. Son un quiebre a la forma cotidiana de trabajo, pero permiten revisar muchos “huecos” que se pueden estar formando por “ceguera de taller” o por un desconocimiento genuino por parte de los líderes.

Sin embargo, estas conversaciones pueden ser muy útiles pero insuficientes, si no se observa con cuidado la manera en que se enjuicia la forma cotidiana de trabajar. Esto nos lleva la segunda situación que hemos identificado: Cuando un líder o un equipo directivo enjuician la forma cotidiana de trabajo, con frecuencia, no se hacen cargo de las acciones que deberían seguir a sus juicios.

Esto es, al hacer juicios sobre un comportamiento que no se considera adecuado, se está llamando a la acción, lo cual no asegura que se haga un diseño y se ejecute; de entrada sólo llama a la acción. Y es aquí donde viene la segunda responsabilidad a revisar. ¿Qué tan efectivas son las acciones que tendrían que surgir de los juicios?

A manera de ejemplo puedo mencionar un caso que nos ocurrió hace algunos días: Un supervisor nos dijo algo como lo siguiente: “Si hubiera una mejor forma de hacer esto, les juro que estoy comprometido para hacerlo”, este es un juicio. Le comentamos: “estas forma distintas no existen, tenemos que desarrollarlas, diseñarlas y ponerlas en acción”. Él nos contestó muy entusiasmado: “cierto, ya entendí la diferencia, tenemos que actuar: diseñar y poner en marcha”. Estaba muy emocionado, pero,… no diseñó ni puso en marcha.

A los juicios les acompañan emociones asociadas y el estímulo provocado por las críticas que buscan mejoras, no siempre “gatilla” en los líderes individuales o en equipos de trabajo, la emoción necesaria para  diseñar acciones y hacernos cargo de estas y de sus consecuencias. El conocimiento para la explicación y la reflexión en las juntas de trabajo, puede ser distinto al conocimiento que se requiere para el diseño y ejecución de la acción.

Y es aquí donde podemos trabajar también en el desarrollo de habilidades de liderazgo. Habilidades para identificar las consecuencias de los juicios, la responsabilidad que estos juicios implican sobre el diseño y sus consecuencias. Habilidades para compartir e infundir pasión en los colaboradores para construir compromiso con los diseños y las especificaciones de su puesta en marcha.

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