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El neofascismo | René Sánchez Juárez
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Jueves, 14 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

El neofascismo

René Sánchez Juárez

Politólogo y Maestro en Ciencias Políticas. Académico de la BUAP. Sindicalista y dirigente FROC-Puebla. CONLABOR. Ex Diputado Local y Federal

Martes, Abril 7, 2015

Muchas veces hemos escuchado el término fascismo; sin embargo, siempre asociado a regímenes pasados y europeos, hoy la definición puede volver a ser aplicada a nuestras incipientes democracias.

El término fascismo es un movimiento totalitario de extrema derecha que surgió en el período de entreguerras como consecuencia de algunos rebrotes nacionalistas asociados con el resultado de la Primera Guerra Mundial. Hoy en día el fascismo es condenado por las mayorías, aunque por supuesto siempre existen grupos minoritarios que reivindican este movimiento.

El sociólogo Antoni Aguiló reflexiona en un artículo sobre el renacimiento del fascismo social a consecuencia de la ofensiva neoliberal el cual no implanta un régimen de partido único que sacrifica la democracia representativa. Más bien se apropia de ella (e incluso la promueve) para chantajearla, comprarla, vaciarla de contenido y subordinarla a los dictados del capitalismo.

Se distinguen varias formas de fascismo social, una de ellas el electoral. Que es el predominio de intereses plutocráticos, comerciales y bancarios sobre el Estado, las elecciones y los partidos son usados para aumentar la brecha de la desigualdad y la exclusión. El gobierno no esta supeditado a un partido todopoderoso sino a una clase política cupular que tiene alianzas con medios de comunicación. Las elecciones se vuelven un falso ritual para legitimar a quienes han de representar a los ciudadanos. La gente vota, pero no decide, no vota a políticos sino a funcionarios del capital.

Algunos rasgos del fascismo electoral: 1) El poder de los no electos; quienes carecen de legitimidad de representación pero gozan de capacidad de imponer decisiones. 2) Privatización de la democracia representativa; banalización de la política y las elecciones. 3) Desconstitucionalización; no necesita derogar las constituciones, le basta con no aplicarlas o con ponerlas a disposición de los no electos para que las adapten a sus intereses particulares. 4) Pseudopartidismo; un sistema formado por dos partidos de masas mayoritarios (“las dos muletas turnantes” del gobierno, según la expresión de Unamuno) que, a pesar de estar cada uno socialmente deslegitimado, aún cuentan con la suficiente fuerza y fidelidad para someter la soberanía popular a la voluntad elitista. 5) Demofobia; el miedo a la democracia sigue siendo una constante del fascismo electoral, pues no hay peor amenaza para las élites en el poder que la participación popular

Al leer todos los supuestos de un fascismo electoral, resulta difícil no recordar el Pacto por México, la “telebancada”, la falsas propuestas de consultas ciudadanas –imposibles desde su esencia- un frágil instituto electoral.

Así mismo también existen tres opciones para combatir el fascismo electoral, 1) Lucha por la democracia participativa; (leyes electorales proporcionales, democratización de los partidos, revocabilidad de cargos y funciones, rendición de cuentas, rotación y desprofesionalización, apertura a la participación de organizaciones no partidarias, entre otras medidas). 2) Luchas por una democracia participativa y deliberativa (referéndums vinculantes, presupuestos participativos, consejos sectoriales, plenos ciudadanos, democracia digital, etc.). Y 3) Luchas por la complementariedad social e institucional entre formas de democracia radical (asamblearismo popular, organización desde abajo, autogestión, acción directa, etc.) y otras modalidades de participación.

De no hacer de nuestra democracia algo más que una democracia electoral como lo plantea el autor estaríamos ante la implementación de un Neofascismo como resultado de las inconsistencias de los gobiernos, emanados de la Democracia Liberal.

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