Es la ausencia de congruencia y empatía lo que ha sumergido al Poder Legislativo en la desconfianza ciudadana; no será culpa del partido de fútbol México contra Brasil que los votantes prefieran la cerveza y la botana en vez de acudir a las urnas, el 7 de junio.
Los politólogos vaticinan que este proceso electoral 2015 será marcado por la danza de los millones, el abstencionismo ó el voto nulo debido al grado de insatisfacción social y la pérdida de representación popular.
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El estilo de vida de los diputados es totalmente apartado de la realidad nacional y mientras el gasto público es sacrificado en año austero, las dádivas legislativas son irreductibles sin importar que el país vaya en picada económica.
El diputado mexicano es figura inalcanzable. Gasta suela de zapato en campaña pero después ni regresa al distrito e ignora las críticas públicas que origina la mediocridad en su trabajo ó la presunción en redes sociales de sus excesos económicos.
Con nuevos actores y partidos en la escena electoral qué tendría de diferente este proceso federal, cuyos bajos resultados de participación han sido el talón de Aquiles cada tres años. No veo que la ampliación de la oferta política anime la votación; los intereses son los mismos y los fallidos resultados también.
Creo que en términos generales competirá una caballada flaca, políticos sin oficio pero con amarres coyunturales que les han permitido colgarse de una candidatura sin sudar la camiseta, aislados del ciudadano de a pie y carentes de identidad propia.
No importa si son diputados de mayoría o plurinominales, los ciudadanos sienten que su opinión es relegada del debate de temas trascendentales en la vida nacional. Ellas y ellos son "títeres" del poder. Sus justificaciones sobran cuando las familias mexicanas son agraviadas con más impuestos, la concesión del petróleo y próximamente la privatización del agua (tiempo al tiempo).
Hace mucho que los legisladores dejaron de escuchar, adoptaron el servilismo como método de supervivencia, y hay quienes descaradamente han puesto precio a su voto y a su dignidad personal. No importa el asalariado, ni el indígena, ni la madre soltera ni los abuelos con pensiones miserables ni castigar la corrupción gubernamental; solo importa proteger los intereses de unos y otros.
En un ejercicio de respuesta inmediata, el auditorio me reflejó esta semana la frustración de que 2 mil pesos sean descontados por cada falta injustificada de los legisladores locales. Perciben que los salarios asignados a los diputados son inmorales e injustos dado que solo se han dedicado a palomear iniciativas ajenas.
Quizá el castigo económico provoque 'cosquillas' al gasto mensual de los diputados, sin embargo en la gente común un descuento de 2 mil pesos implicaría dejar de pagar renta, sacrificar la despensa ó afectar sus pasajes del transporte público.
En fin, vendrán las campañas electorales empapadas de descalificaciones, sonrisas de cartón y devaluadas promesas de cambio. No creo que debamos resignarnos a seguir manteniendo a una clase política comodina y abusiva; en las urnas cabe la razón pero también el hígado. El voto es nuestro derecho y también una forma de protestar contra la deteriorada representación popular.
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