Domingo, 17 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Polarización social: Ni Chairos ni Peñabots

El oscuro laberinto de la soledad del mexicano

Alan Betancourt Torres

Alan Betancourt Torres nació en Puebla, Puebla en 1991. Es escritor viajero interesado en comprender la realidad social para construir mecanismos de igualdad y justicia. Estudió la Licenciatura en Ciencia Política en la Universidad de las Américas Puebla (UDLAP). A lo largo de su vida ha comprendido que la sociedad es un sistema vivo y cambiante que puede modificarse, preservarse o destruirse, es por eso que al escribir expresa distintas realidades; fue columnista en el periódico semanal La Catarina de la UDLAP, con la columna de opinión “El Agitador”; colaboró en la Revista Ruptura de Sociología en Santiago de Chile; hoy día colabora semanalmente con la columna de opinión “El Aleph” en e-consulta y trabaja como Asistente de Investigación en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP) en temas de Gobierno, Pobreza y Violencia.

Miércoles, Marzo 18, 2015

A todo mi auditorio le pido una sincera disculpa por ausentarme la semana pasada. Tuve mi cabeza en otro tema y no me pude concentrar en El Aleph. Pero gracias a esa lejanía logré comprender algo que tal vez muchos ya han notado, pero poco se ha hablado del tema, me refiero a la polarización de las opiniones políticas y sociales entre los mexicanos. En el imaginario social del mexicano existen temas pendientes que no se han podido solucionar ni conciliar a lo largo de estos meses, como la violencia, falta de justicia, libertad de expresión, impunidad, toma de decisiones autoritarias e inestabilidad económica. Estos temas se encuentran presentes en los pensamientos de los mexicanos, se vuelven opiniones que culminan en la confrontación de ideas, sin embargo, estas últimas semanas los mexicanos nos hemos polarizado, se nota una clara distinción de posturas que parecen irreconciliables, empezamos a estereotipar y a denotar al que piensa distinto sin darnos la oportunidad de escucharlo.

En algo que creo todos concordamos es que el país se encuentra en una crisis multidimensional. -Si alguien no se encuentra de acuerdo que nos diga, por favor ¿En qué país vive?- Económicamente el peso sigue devaluándose, los productos de la canasta básica están aumentando de valor y el poder adquisitivo del mexicano es cada día menor; políticamente, los partidos se encuentran en una crisis de desconfianza, el Presidente designa ministros con el tradicional dedazo, están matando y escarmentando candidatos para las elecciones del 2015 y el gobierno mexicano se ha reusado a aceptar las recomendaciones sobre la tortura que ha emitido la ONU; también vivimos una crisis social, ya que las opiniones de los mexicanos se encuentran polarizadas, parece que no existe reconciliación entre las ideas, lo que genera los espacios públicos de diálogo en “rings” donde se intenta desprestigiar y acabar con las opiniones contrarias, terminando así con toda idea de pluralidad, respeto o tolerancia, típicos de la democracia.

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Hemos generalizado la opinión pública en dos grandes estereotipos distintivos de la miopía política, los “chairos” y los “peñabots”. Los chairos son estereotipados como individuos de izquierda que ideológicamente defienden causas como la justicia, libertad; también están considerados los mexicanos que salen a marchar, los que protestan por los 43 desaparecidos o por el despido de Aristegui; son vistos como ingenuos, inferiores por quien ha denigrado a otro con este estereotipo, en una palabra “chairo” intentan abarcar un gran espectro de opiniones y acciones de mexicanos con distintas ideologías y tendencias. Esta forma clasista de estereotipar a diversos sectores de la sociedad ha sido utilizada por periodistas obtusos como Ricardo Alemán de la siguiente forma “Papá Chairo rompió el cochinito, le compraremos una estación de radio a Charistegui”.

Por otra parte se encuentran los descalificados “Peñabots”. Considerados defensores del discurso presidencial, sin capacidad crítica, comprados con “frutsis” y “tortas”, usan cuentas falsas en las redes sociales con las cuales defienden y atacan a cualquiera que hable de justicia o libertad en México; los Peñabots concuerdan con la declaración de Fox respecto a que los padres de los normalistas “no pueden vivir eternamente con ese problema en su cabeza, la vida sigue adelante” –¿Qué opinará Martí o Javier Sicila sobre dejar impune la muerte de sus hijos?-, los que clasifican a los demás como Peñabots dejan de escuchar argumentos por considerar las palabras del otro como poco críticas. La realidad es que existe también un gran sector de mexicanos que se ha visto afectado por la gran cantidad de manifestaciones y tiene una opinión negativa de ellas; también existe otro sector más escéptico que da por hecho que los crímenes efectuados por el estado mexicano no serán resueltos al igual que en el 68, 91 o 2001. Este ridículo estereotipo de máquina que favorece el presidencialismo ha sido utilizado por la BBC para describir la batalla mediática entre los defensores de Aristegui y los defensores de MVS a su despido, de cualquier forma, es tonto considerar que todas las opiniones en contra de Aristegui vienen de robots sin crítica que defienden a EPN -¿O no?-

Al encarcelar las ideas de un individuo en un estereotipo lo único que logramos es desacreditar cualquier opinión o idea de la otra persona. El usar este tipo de estereotipos solo demuestra una cosa, miopía política, porque en definitiva no es lo mismo la izquierda de Mujica que la izquierda Chavista; tampoco se parece alzar la voz por los derechos humanos que alzar la voz por estar inconforme con la reforma educativa; sería tonto considerar que es lo mismo el presidencialismo de Peña Nieto que la dictadura de Pinochet;  es irreverente pensar que cualquiera que no esté de acuerdo con las protestas violentas está en contra de la libertad de expresión y la justicia. Lo que sí es posible entender en las personas que utilizan estos dos estereotipos es que tienen un problema visión y comprensión del otro diferente a ellos, nos hace falta salir de ese laberinto de la soledad que no nos permite ver a los demás, nos hace permanecer solos.

Dejemos de nombrarnos con estereotipos absurdos y empecemos a escucharnos para llegar a consensos en los cuales nadie pueda discrepar, como la búsqueda de un sistema de justicia efectivo para todos, la preservación de los derechos humanos o ¿En verdad existe alguien capaz de aceptar el asesinato como una forma casual de justicia en México? Una vez llegado a un consenso de los valores fundamentales podremos empezar a hablar del rumbo que queremos para México, de no ser así, entonces empezaremos a ver como la sociedad mexicana llena sus manos de sangre ideológica, mientras el futuro se consume en otra fatídica guerra civil.

Viejo o adolescente, criollo o mestizo, general, obrero y licenciado, el mexicano se me aparece como un ser que se encierra y se preserva: máscara el rostro y máscara la sonrisa. Plantado en su arisca soledad, espinoso y cortés a un tiempo, todo le sirve para defenderse: el silencio y la palabra, la cortesía y el desprecio, la ironía y la resignación…

Octavio Paz

No caigamos en la sordera o ceguera de la realidad, no hablemos desde estereotipos.

Alan Betancourt Torres

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