Muy puntual, escrupulosa y seria me presenté con el notario por la tarde-noche. Solicité amablemente me señalara los documentos requeridos para el trámite que debía realizar. Me informó que no había recibido el oficio de trámite de la institución pertinente, a lo que respondí que no había problema ya que mi hijo lo tenía y se lo reenviaría a primera hora al día siguiente lo que hizo puntualmente.
El aparato inteligente que tengo por celular me avisó que el correo había llegado. Como lo prometido es deuda, lo reenvié inmediatamente al notario cuando me encontraba sentada en espera de otro documento en unas oficinas municipales.
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Abrí mi correo electrónico; toque suavemente el correo que debía reenviar; escribí la dirección electrónica del notario y de mi hijo para confirmarle que el oficio se había reenviado al notario. En el asunto puse: “Envío a usted oficio en referencia al contrato que ayer por la noche comentamos”. Bueno, eso fue lo que estaba segura, según yo, haber escrito. Cuando me llegó la confirmación, observé que el texto no era fiel a lo escrito por mí; el asunto decía: “Envío a usted oficio de baño brasileño en referencia al contrato que ayer por la noche comentamos.”
“¡Puta madre, --me dije--, de dónde salió lo del ‘baño brasileño’?”, que en el contexto del asunto: “contrato que ayer por la noche comentamos”, daba un muy extraño toque a la cuestión. Empecé a reír a carcajadas aunque se fueron ahogando cuando visualice a mi hijo checando la confirmación del envío del oficio tan importante para él.
Lo primero fue hablar al notario para ofrecerle disculpas con el argumento de que no sabía de dónde salió lo del “baño brasileño”. No estaba por lo que de manera inmediata le envié otro correo. El asunto: “Una disculpa por asunto anterior. Se coló lo del baño brasileño de no sé dónde”. Posteriormente lo pude localizar y le ofrecí mil disculpas, y feliz él, riendo a carcajadas dijo “Sí, aquí está el correo del baño brasileño”. Después me llegó un “whats” de mi hijo: “Ma, ¿por qué le pusiste “baño brasileño” al correo?” Mi respuesta: “No sé de dónde salió. Ya hablé con el notario, se cagaba de la risa. Nunca se le va a olvidar. Le ofrecí disculpas. Mi celular tiene una aplicación que cuando arrastras el dedo en el teclado, escribe lo que quiere y no me fijé”. Respondió: “Ja, ja, ja, estuvo muy cagado”.
He tenido que acudir a las oficinas del notario en varias ocasiones más Desde la recepcionista hasta él, soy la señora del “baño brasileño.”
Sí, estuvo muy cagado.
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