Pactar con fuerzas políticas penetradas o parte del crimen sólo lleva a reproducirlo.
Se habla en México de suscribir un pacto contra la inseguridad, por la justicia o contra la violencia, al respecto, debemos recordar que hace algunos años se suscribió el “Acuerdo por la Seguridad, la Justicia y la Legalidad” y que en este sexenio, en diciembre de 2012, ya se firmó un pacto.
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En ese entonces, el Pacto por México planteó en el punto 3: “Acuerdos para la Seguridad y la Justicia”: “El principal objetivo de la política de seguridad y justicia será recuperar la paz y la libertad disminuyendo la violencia, en específico se focalizarán los esfuerzos del Estado mexicano para reducir los tres delitos que más lastiman a la población: asesinatos, secuestros y extorsiones”. http://www.animalpolitico.com/2012/12/los-cinco-acuerdos-del-pacto-por-mexico/
Las acciones que se incluyeron en este punto 3 fueron: implantar un Plan Nacional de Prevención y Participación Comunitaria, reformar los cuerpos de policía, implantar en todo el país el nuevo sistema de justicia penal, acusatorio y oral, implantar un Código Penal y un Código de Procedimientos Penales Únicos, reformar la Ley de Amparo y reformar el sistema penitenciario.
Muchos de los puntos de ambos textos políticos tuvieron avances, algunos más que otros, no obstante, hoy parecen rebasados a la luz de los acontecimientos de Guerrero y sus consecuencias.
Para entender el por qué los pactos no han dado los resultados esperados, existen muchas hipótesis que versan sobre los aspectos de concepción, temporalidad, contenido o ejecución.
Sin embargo, apunto una más, la política, y con ello me refiero a la naturaleza de los firmantes de los pactos, pues se parte de que las fuerzas políticas e instituciones que los suscriben, tienen la capacidad moral y jurídica para hacerlo pues el riesgo es ajeno a ellos y por lo tanto el problema está enfrente.
De entrada el argumento suena lógico, no obstante, los acontecimientos nacionales demostraron otra cosa: los firmantes del pacto están penetrados por el crimen o son parte consustancial de él.
Esto que hoy es evidente les resta autoridad para suscribir un nuevo pacto por la seguridad o como se le quiera denominar, pues ¿para qué pactar entre fuerzas políticas o instituciones que son parte del problema de seguridad?
Los mexicanos y el mundo podrán conocer que el riesgo no está dentro de los firmantes de los pactos, sólo si los suscribientes de un próximo arreglo se sometieran a la prueba de control de confianza ¿se podrá materializar esto?
Decía el escritor español Tirso De Molina: “Quien a ser traidor se inclina, tarde volverá en su acuerdo”.
Eduardo García Anguiano
6 de noviembre de 2014