Ayotzinapa representa para el gobierno priista de Peña Nieto, lo que el movimiento zapatista en su momento representó para el también priista Carlos Salinas de Gortari.
Cómo no olvidar el clímax de la propaganda gubernamental intentando convencernos de que las decisiones neoliberales que México había tomado con la firma del tratado del TLC, nos colocarían entre los países más modernos y progresistas del mundo, sin embargo bastaría el levantamiento de los indígenas chiapanecos para "aguar" la tan anunciada fiesta de entrada al primer mundo.
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A este histórico evento, le seguiría un año catastrófico para la clase eternizada en el poder, misma que entraría en guerra entre si llegando hasta el asesinato de su propio candidato presidencial.
Esto mismo se encuentra pasando el gobierno de Peña Nieto, ya que cuando se preparaba a festejar con bombo y platillo el triunfo de sus reformas, surge el caso de Iguala con la desaparición, y muerte de los estudiantes normalistas, según lo dicho por el valiente padre Solalinde, dejando al desnudo las dos terribles realidades sufridas por nuestro país: la enorme marginación de grandes sectores de la sociedad mexicana con su cauda de violencia e inseguridad y la descomposición y podredumbre en la que se encuentra el sistema político mexicano.
A este escenario deberá agregarse la crisis económica que se avecina por la caída de los precios del petróleo, lo que se traducirá en recortes al gasto público para el próximo ejercicio, y que provocará mayor desempleo y afectaciones a la vida productiva del país, hechos que impedirán poder hablar de las bondades generadas por las reformas peñistas.
A pesar de la gravedad de estos síntomas, la esperanza nos resurge al ser testigos de la respuesta de miles de estudiantes solidarizados con los normalistas de Guerrero, a los que se suman cada día que pasa cientos de organizaciones civiles, tanto nacionales como extranjeras, confirmándonos que la conciencia de clase no ha muerto, sino por el contrario está más viva que nunca.
Este es el gran signo esperanzador que pronto experimentará este país y cuya procedencia tendrá origen en las clases populares.
Mientras tanto esto sucede, nos unimos al grito de todos los mexicanos concientes:
¡Vivos se los llevaron, y vivos los queremos!
¡Desaparición de los poderes publicos en Guerrero!