La descomposición de un sistema de seguridad nacional se evidencia con los hechos más atroces que reflejan la brutalidad que se resume en una sola palabra: Impunidad.
En un mes significativo por los antecedentes sangrientos del 68 ocurridos en México con la vergonzosa matanza de Tlatelolco, al país se le cayó el telón con tres actos que dejan al descubierto, la descomposición de un sistema de seguridad nacional en el que se han mezclado: Policías, grupos paramilitares, narcotráfico y narco políticos.
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El primer acto, la revelación de la matanza el pasado mes de junio, de 22 presuntos delincuentes que fueron ejecutados en la zona de Tlatlaya a manos de militares.
El segundo acto, la multitudinaria marcha de estudiantes del Politécnico que en completo orden, pero con una voz monumental, llenaron las calles del Distrito Federal para protestar contra un reglamento retrógrada que ponía en riesgo la calidad educativa de miles de jóvenes mexicanos.
El tercer, el más brutal y doloso, la desaparición de 43 jóvenes normalistas de la región de Ayotzinapa, quienes fueron “levantados” por policías de ese municipio.
Esto último sin lugar a dudas, mantiene en focos rojos la estabilidad social de un país, donde una matanza de tales magnitudes revela el riesgo de una seguridad nacional, cuyo resguardo está fuera del alcance del mismísimo Presidente Enrique Peña Nieto.
Michoacán, Sinaloa, Tamaulipas, Distrito Federal, Querétaro, Morelos y Guerrero dan muestra irrefutable de los alcances logrados por el crimen organizado, cuyos tentáculos están dentro de las corporaciones policiacas y los gobiernos que encabezan estas entidades.
Partidos y colores han sido rebasados por los cárteles del narco en México.
Guerrero Unidos, los Beltrán Leyva y anexas tienen en jaque a un país que poco puede hacer con instituciones tan debilitadas y contaminadas.
Los hombres y nombres del poder en México están sitiados por la fuerza sanguinaria de quienes son los dueños del verdadero negocio de alta rentabilidad en el país como lo es el narcotráfico.
Mientras se libra la cruenta batalla de territorios, “plazas” y rutas del oro blanco, el país se convulsiona ante la falta de una estrategia de seguridad nacional que depure la podredumbre hallada en gobiernos, ejército, marina y por supuesto, la delincuencia organizada.
La muerte de 43 jóvenes estudiantes de una normal rural en el municipio de Iguala, dejan impotencia, dolor, pero sobre todo, enojo…..éste que se ha sembrado ya en una sociedad desilusionada de los que hoy gobiernan México.
La caída de un gobernador, la persecución de un Presidente Municipal, la intervención de la Procuraduría General de la República, los minutos de silencio, nunca serán suficientes para aminorar el dolor de las familias guerrerenses que hoy lloran la muerte de sus hijos.
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