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OPINIÓN

Impacto ambiental, conciencia pública y acciones de gobierno

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Juan Manuel Aguilar

Consultor independiente e Ingeniero en Ecología. Cuenta con una maestría en Estudios Regionales de Medio Ambiente y Desarrollo, y es Doctor en Medio Ambiente y Territorio. Ha sido Presidente del Colegio de Profesionales en Medio Ambiente y Desarrollo, A.C., Secretario Ejecutivo del Consejo Estatal de Ecología del Estado de Puebla e integrante del Consejo Ciudadano de Ecología del Municipio de Puebla.

Lunes, Octubre 6, 2014

Debe tener razón el Dr. José Luis Lezama [1], cuando advierte la separación que comúnmente existe entre la magnitud de un deterioro o daño ambiental observado, descrito y analizado por los especialistas; la relevancia que adquiere tal daño en el plano de la conciencia pública; y las respuestas gubernamentales para enfrentarlos. El investigador afirma que no existe una relación proporcional entre daño, conciencia y protesta ambiental, porque tampoco existe unanimidad en aquello que puede considerarse como objeto de preocupación ambiental.

La reflexión anterior se relaciona con el caso del territorio poblano, donde los componentes de su gran sistema socioambiental vienen sufriendo un sostenido deterioro, pero a pesar de la advertencia de los especialistas locales y nacionales, el problema sigue en situación de irrelevancia por cuanto no ha sido socialmente percibido y  así, menos espacio hay para merecer una acción de respuesta gubernamental. En otras palabras, en el estado de Puebla tenemos un problema socioambiental muy serio, pero al no ser socialmente percibido, permanece como no significativo propiciando su agravamiento.

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En términos generales, el sistema ambiental es una propuesta del pensamiento para acercarse a la realidad, analizándola como una totalidad organizada en la que confluyen diversos procesos entre los elementos que la conforman. Es decir, el sistema ambiental es un objeto de conocimiento y sus componentes suelen constituir también unidades de análisis conocidos como subsistemas. Los más característicos son el subsistema biofísico, el socio económico y el político cultural.

Es desde esta plataforma como pueden observarse por ejemplo, los potenciales recursos naturales de cada región, así como los efectos que a estos les producen sus deficientes estrategias locales de  aprovechamiento y sus incontrolados procesos contaminantes. Esta situación provoca efectos en la producción económica tanto en cantidad, calidad y diversidad, que se traduce en bajo ingreso de las familias. También pueden observarse los efectos de las presiones del modelo económico de mercado, sobre usos, costumbres y saberes tradicionales.

Ahora bien, existiendo instrumentos metodológicos actuales de análisis integral que permiten acercarse con un muy aceptable margen de certeza a la realidad social, económica y ambiental de un espacio territorial determinado, parecería que a la sociedad y al gobierno de tal espacio territorial debería interesarles saber por qué, cómo y cuándo les afecta el impacto ambiental directo o indirecto de una obra o actividad, o hasta de una iniciativa o  programa de gobierno.

Sin  embargo esto no ocurre porque, según Lezama, toda sociedad elige el horizonte de sus preocupaciones, determinando las clases de riesgo de los que deberá preocuparse y aquellos que deberá ignorar. El tránsito del riesgo físico al riesgo socialmente aceptado estaría determinado por las normas sociales, los símbolos sociales, la ideología imperante y por el poder. Estos elementos son los que crean la capacidad y voluntad de ver los problemas ambientales y facilitan su percepción.

Siendo los impactos ambientales un tipo de riesgo reconocido en el mundo hace relativamente poco tiempo, existen factores tales como la falta de conocimiento de los procesos que lo generan, su complejidad, sus consecuencias y costos, que aún se encuentran fuera de la oferta académica en las instituciones de educación superior. La mayor parte de los egresados en los últimos 20 años no conocen las implicaciones ambientales en el ejercicio de su actividad profesional. Ni hablar de los egresados que tienen más antigüedad ejerciendo.

También existen factores que influyen en la percepción social para ver, ocultar o minimizar los problemas socioambientales y en este escenario juega un papel importante el escenario político, que desde los discursos oficiales y a conveniencia, puede manipular y manipula abiertamente o a través de grupos sociales, la percepción social de los impactos ambientales dentro del sistema estatal o local según sea el caso.

En las zonas rurales del estado de Puebla la percepción social de los impactos ambientales está tomando dimensiones importantes por la presión de actividades de alta rentabilidad económica para algunos promotores e inversionistas, pero de intensas afectaciones a la población local. La construcción de gasoductos, de perforaciones mineras y ahora las petroleras, inquietan justificadamente a la población local sin que puedan tener acceso a información confiable sobre la magnitud del daño socioambiental que les amenaza. Los conflictos ambientales ahí se generan por el acceso al agua, por la contaminación del suelo, por la deforestación, el retiro en masa de suelos superficiales, presión de cultivos genéticamente modificados y de construcciones turísticas sobre patrimonios culturales, por citar algunos.

En cambio en la capital del estado aún no se toma conciencia de cómo les afectan las actividades de serios impactos ambientales ocultados y por tanto, no controlados por el gobierno estatal. Tampoco hay mucho interés en conocer los procesos entre las estructuras del subsistema socioeconómico que propician el deterioro de su calidad de vida. Aunque existen serios problemas con la gestión del agua, con la calidad del aire, la sustentabilidad urbana o el manejo de residuos, el mayor nivel de percepción de impactos ambientales se ubica en la inquietud por la podas  o reemplazo de árboles en camellones y parques urbanos. No le interesa saber en este nivel de percepción, que el arbolado de la ciudad está es riesgo de colapsar por razones sanitarias y que es pertinente ya proponer un detallado programa de dasonomía urbana.

La reacción o mejor dicho, la indiferencia del estado ante el problema ambiental estatal, será tema de la próxima entrega.

[1] Lezama, J. L. La construcción social y política del medio ambiente. El Colegio de México. 2004.

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