No pude evitar la agradable sensación que despertó en mí el observar a miles de estudiantes y maestros del Instituto Politécnico Nacional marchar en contra de la imposición de los nuevos planes de estudios, los cuales han sido rechazados por no contar con el consenso de los integrantes de esa prestigiada comunidad estudiantil.
La presencia de miles de jóvenes en la calle, su algarabía, su convicción por defender las objetivos originales para los que fue creado el IPN, inevitablemente me trajeron a la memoria las primeras marchas que dieron origen al gran movimiento estudiantil popular del 68, que lamentablemente terminó en un baño de sangre y con la detención de miles de presos políticos debido a la intransigencia del gobierno priista de Díaz Ordaz.
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Cómo poder evitar ser contagiado por los gritos de estos jóvenes que apasionadamente reclaman ser tratados como seres inteligentes y pensantes a los cuales el pretendido nuevo plan de estudios les ofrece solo el poder ser capacitados como técnicos, dejando la capacitación de nivel de ingeniería en mano de las universidades privadas produciendo así dos tipos de profesionales: la de los técnicos emergentes de las instituciones oficiales y la de los ingenieros de los tecnológicos privados.
Afortunadamente la respuesta de los estudiantes ha puesto en evidencia las perversas intenciones del gobierno peñanietista que pretende crear la suficiente mano de obra barata, procedente de clases populares, para ponerla a disposición de las compañías transnacionales que competirán entre sí, generando un mercado laboral con salarios a la baja dada la sobredemanda de empleos que requerirán las próximas generaciones.
Habrá quienes pretendan aminorar la reacción de la comunidad politécnica, argumentando que este conflicto deberá ser tratado como un asunto doméstico, y que por lo tanto únicamente deberá ser tratado solo por ellos, sin embargo no debemos olvidar que estas decisiones reformistas vienen de los mismos que han modificado el marco laboral para favorecer la sobre explotación de los trabajadores con el pretexto de incidir en la productividad de las empresas para que puedan obtener mayores ganancias a costa de empleados mal pagados, pero altamente calificados.
Recordemos que así fue como se pretendió manejar inicialmente el conflicto del 68, tratando de reducirlo a solo un encuentro entre estudiantes preparatorianos y vocacionales; sin apreciar que en el fondo del asunto se encontraba el hartazgo de la población de este país en contra de las políticas de un régimen sordo y antidemocrático.
Tendremos que observar con mucho interés el rumbo que toma este movimiento, al cual también puede sumarse la respuesta social por el trágico suceso de la matanza y desaparición de estudiantes en Iguala Guerrero, eventos que harán más que viva la conmemoración de la matanza de estudiantes en Tlatelolco.
2 de Octubre... ¡No se olvida!