El auditorio del Complejo Cultural Universitario de la Ciudad de Puebla se habría erigido en escenario para la presentación de un conjunto coral, cuyos alcances, van más allá se ser un simple espectáculo, debiendo ser catalogado con toda justica como una de las más altas manifestaciones de cultura, como una de las más acabadas y perfectas formas de cultivar el más hermoso de todos los instrumentos musicales: la voz humana
“Los Niños Cantores de Viena” constituyen una tradición que se remonta a los mejores tiempos de la dinastía Srtauss, desde que el padre de la referida dinastía compusiera el "Murciélago", Ópera considerada como preludio del crack de la Bolsa de Viena en 1907 y de la "Gran Guerra" cuyo centenario conmemoramos éste año, para que, posteriormente su hijo saltara asimismo a la fama al componer "Salomé", cuyo libreto es la traducción al alemán de la pieza teatral de Oscar Wilde ; y sin que deje de rememorarse como parte de la familia Strauss al dilecto erudito que estudiara los textos evangélicos al margen de cualquier consideración teológica y que fuera materia de refutación por parte de Nietzsche en ese gran clásico de la filosofía alemana que es “El Anticristo”
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En su presentación en el auditorio del Complejo Universitario, los “Niños Cantores” Interpretaron junto a canciones folklóricas austriacas, a los valses de Strauss y a temas de películas, señalándose de manera muy destacada los que conforman el repertorio de "La Novicia Rebelde", importantes piezas del repertorio mexicano con motivo de las fiestas septembrinas, y concluyeron su audición con alguna danza ritual Zulú, como muestra evidente de profesión de fe en la multiculturalidad
Además de los niños vieneses que conforman el coro, también hay en el conjunto integrantes originarios de otras latitudes como serían Rusia, Rumania, Eslovenia, Japón, Corea del Sur, los Estados Unidos y cuentan en su haber con dos niños mexicanos, no en balde una de sus mejores emulación habría florecido en la Ciudad de Morelia por decisión de una de las grandes figuras de la composición en nuestro país como lo fuera don Miguel Bernal Jiménez.
Niños cantores mexicanos cuyas voces, lo mismo expresen su arte en Viena que en Morelia, habrían contado con una primera formación en los conservatorios mexicanos a cargo de la Secretaría de Educación Pública y no de "Mexicanos primero".