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Partido-Gobierno | Juan Carlos Espina
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

Partido-Gobierno

Juan Carlos Espina

Regidor del Ayuntamiento de Puebla, preside la Comisión de Asuntos Metropolitanos (2014, a la fecha).

Fue Diputado de la LVIII Legislatura en el Congreso del Estado de Puebla donde presidió la Comisión de Gobernación y Puntos Constitucionales. (2010–2013).

Fue delegado Estatal del Instituto Mexicano del Seguro Social en Tlaxcala (2006-2010).

Fungió como asesor del Secretario de Gobernación Federal (2004-2005).

Ha sido Diputado Federal en la LVII Legislatura (1997-2000).

Ocupó el cargo de Presidente del Comité Directivo Estatal en Puebla  (1994 y 2001-2004).

Es catedrático de Derecho Parlamentario en  la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (2012 a la fecha).

Impartió la cátedra de Derecho y Geopolítica Electoral en  la Escuela de Ciencias Políticas de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (2010-2011).

Juan Carlos Espina Von Roehrich es licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Cursó un diplomado en Doctrina Social. CISAV Querétaro 2013 y un diplomado de Organización de un Partido Político Moderno, en la Fundación Konrad Adenauer. Bonn, Alemania (1995).

Martes, Agosto 26, 2014

Si es importante poder identificar el signo partidista de cualquier gobierno, como comentamos semanas atrás, también lo es poder mantener a los partidos autónomos de los gobiernos, aun cuando emanen de ellos.

La relación partido-gobierno siempre ha sido digna de estudio y análisis y desde luego ha estado sujeta a polémicas.

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Cuando el PAN no había alcanzado el poder tenía claro que uno de los rasgos característicos del sistema priísta, septuagenario entonces, era la simbiosis entre partido y gobierno. En el régimen de partido hegemónico, el PRI no era un partido como tal. Era el apéndice electoral del gobierno. Y el gobierno a su vez se confundía con el Estado.

El PRI nació desde el poder, para mantener el poder y no se concebía a sí mismo sin el poder. No fue nunca una iniciativa ciudadana y desde luego, nunca aceptó la democracia electoral como la vía única para acceder a ese poder.

Esa vinculación antidemocrática estaba considerada como fuente de males para la vida republicana de la Nación.

Para el PAN los partidos son, desde luego, instituciones de interés público pero nunca dejan su esencial naturaleza ciudadana. Son agrupaciones de hombres y mujeres unidos por una concepción determinada de los asuntos públicos y por la búsqueda democrática y legal del poder. Representan a una “parte” de la sociedad. Ningún partido puede ostentarse la representación “total” de ella.

En cambio, los gobiernos tienen la responsabilidad de velar por la totalidad de la sociedad en la construcción del Bien Común. Independientemente de su propio origen, su destino es servir a todos sin distinción. Deben abandonar la búsqueda de los intereses particulares en aras de su misión como autoridad. El Bien Común no se alcanza si no abarca a todos.

Decíamos los panistas que siendo instituciones vinculadas, eran “de naturaleza distinta” y que para cumplir con sus fines –nobles en ambos casos- debían mantenerse fieles a ella y por lo tanto, autónomas entre sí.

Era inconcebible que los candidatos y dirigentes del PRI se designaran desde las oficinas gubernamentales. Era un agravio para los propios miembros del partido “oficial” el que no tomaran decisiones sin voltear a ver las señales emanadas desde Los Pinos o desde el Palacio de Gobierno de cada Estado de la República.

Postulamos la necesidad de la separación partido gobierno. Logramos que esta convicción se generalizara en la opinión pública. Incluso, se habló en los ámbitos oficiales de la necesidad de una “sana distancia”.

Cuando el PAN arriba al poder nos damos cuenta que la solución no es ninguna distancia, ni sana ni enferma. Concluimos que el gobierno y su partido debían estar cercanos, vinculados y en comunicación. Se establecieron incluso mecanismos de coordinación denominados “Sistema PAN” para concretar en la práctica esa cercanía.

Pero se definió que dicha coordinación, vinculación, cercanía, debía darse respetando la naturaleza del partido –sin permitir interferencias violentas a su naturaleza por parte del gobierno- y la del propio gobierno –sin que el partido se inmiscuyera en las definiciones que se deben tomar como autoridad-.

Debía darse, sobre todo, entre socios iguales en una relación respetuosa que buscan un beneficio compartido. No bajo esquemas de subordinación en ningún sentido. Ni el gobierno manda al interior del partido, ni viceversa. Debía darse, para mantener la vitalidad de ambas instituciones, en un entorno de “vinculación democrática”, según palabras de Luis Felipe Bravo Mena, entonces Presidente del Comité Ejecutivo Nacional.

Desgraciadamente hay que reconocer que no pudimos sostener el modelo mucho tiempo. Las tentaciones autoritarias nos han hecho caer en lo que mucho tiempo criticamos. Desde el gobierno federal y luego desde muchos de los gobiernos estatales emanados del PAN se ha pretendido sustituir la vida estatutaria con las definiciones tomadas exclusivamente desde la perspectiva gubernamental.

Debemos pues, creo y propongo, retomar la esencia de Acción Nacional y reactivar con entusiasmo su vida interior. Debemos volver a su raíz ciudadana para que las decisiones las tomemos los panistas en nuestros órganos de dirección y con nuestros mecanismos de participación. Debemos ser los promotores de la autonomía del partido frente a los gobiernos. Debemos ser Acción Nacional.

PUNTO Y APARTE

Las semanas pasan y parece no haber un responsable de la muerte de José Luis Tehuatlie ni de las lesiones de decenas de personas, ciudadanos y policías, originadas en los lamentables hechos de Chalchihuapan.

 

Juan Carlos Espina von Roehrich

Regidor del H. Ayuntamiento de Puebla

juan.espina@pueblacapital.gob.mx

@juancespina

FB JuanCarlos.Espina.90

 

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