“Los hombre llegan a ser viejos,
pero nunca llegan a ser buenos”
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Oscar Wilde
Ahora me permito ofrecer algunas reflexiones en torno a un tema tan delicado y tan complejo, como ha sido y es, el de la educación.
La antinomia del título, pareciera que, con educación todo es riqueza, felicidad, estado perfecto del hombre.
Para empezar, éste no existe; el hombre es imperfecto y es una persona con una gran cantidad de elementos que lo transforman como a todas las demás.
Montaigne escribió: “El hombre es un ser maravillosamente vano, voluble y vacilante”.
Benjamín Franklin, afirmó que: “Los hombres son criaturas muy raras: La mitad censura lo que ellos practican, la otra mitad practica lo que ellos censuran; el resto siempre dice y hace lo que debe”.
Estos conceptos reflejan la complejidad del ser humano y por lo tanto la concreción del fenómeno educativo.
El objetivo único de la educación, es formar personas o profesionistas altamente calificados, que se aproximen más a la naturaleza de las propias personas, de las personas buenas, esto es, política y éticamente, hermanas de los demás de su especie.
Entonces decimos que el sistema educativo no tiene otra finalidad.
Desde otro punto de vista la educación prepara a las personas para el mercado laboral, local, estatal, nacional y global.
Este concepto tiene mayores significaciones que en su momento espero abordar.
Lograr el objetivo único exige tener un plan estratégico y un programa “ad hoc”, que no entren en contradicción con los otros programas de las múltiples actividades humanas. Ese programa educativo tiene que estar en armonía con los otros “caminos” que se imponen a las sociedades y a las comunidades.
Así, el proceso educativo lo conforman los docentes, los alumnos-educandos, los padres de familia o sus sustitutos, los programas, la infraestructura escolar, el hábitat, los directivos de las escuelas, las competencias entre los seres humanos y las naciones, el mercado laboral, local, nacional, global y los factores exógenos al propio fenómeno.
Intentaré anotar algunas palabras de cada uno de estos factores.
El plan estratégico y programa de acción implica actividades curriculares académico-docentes, acciones extracurriculares, la aplicación del método de tiempos y movimientos.
No se puede lograr educación de calidad si la mayor parte del tiempo se dedica a actividades extra aula.
Hay que tener presente que el calendario escolar abarca un mínimo de días para la docencia y el aprendizaje.
Todo esto conlleva al uso adecuado del tiempo en la escuela; tener un control de movimientos, esto es, aprovechar al cien por ciento los días del calendario escolar.
Los docentes son y serán actores centrales del proceso educativo, no importa si éste es del nivel preescolar, de educación básica o media o superior o de posgrado.
En fin, el perfil de los docentes es una condición, sine qua non, apuntala la educación.
Es necesario tener un registro y control del desempeño de los profesores, también es indispensable el cumplimiento de los contenidos de los programas, que deberán estar acordes, otra vez repetimos, para lograr educación de calidad, para poder producir bienes y/o servicios altamente competitivos.
En esta visión el registro y control de asistencia de los propios docentes es necesario aunque no parezca.
En ese proceso las tutorías, la relación docente-alumno debe ser casi de identificación para lograr el propósito: formar profesionistas altamente calificados.
La relación maestro- discípulo, es y será insustituible, aún cuando existan los medios tecnológicos que aún no hemos imaginado.
La tecnología es un eficiente auxiliar didáctico, pero no sustituye al maestro; es más permítame repetir lo que dicen los que saben: “para cada materia es necesario aplicar una didáctica especial; no será lo mismo enseñar matemáticas que epistemología”.
El segundo elemento del fenómeno educativo lo constituyen, por supuesto los alumnos-educandos.
En este rubro, es necesario establecer los procedimientos de admisión, el origen o su procedencia y de manera automática tener el perfil de conocimientos de los mismos, para estar seguros de que son aptos, esto es, de que están preparados para recibir nuevos conocimientos.
No hay que ignorar que por los defectos del sistema educativo una gran cantidad de alumnos no alcanzan a entrar a las instituciones por insuficiencias diversas.
El sistema educativo, aún no remedia esto, dejando que quienes no aprobaron los exámenes de admisión se queden a la buena de Dios, sin tener presente que de todas maneras formarán el ejército industrial de reserva y en su momento estarán menos calificados para producir bienes y servicios, sin considerar el desorden social que se producirá.
Es necesario que los rechazados, por una parte, reciban cursos propedéuticos independientemente de la necesidad de abrir instituciones que los admitan, previo reencuentro con una preparación mayor.
En este renglón, también, no hay que olvidar la deserción escolar, que en un sentido significa desperdicio de recursos.
La institución, está obligada a darle seguimiento ocupacional a sus egresados, para vincular demanda con oferta, abarcando los ingresos de aquellos.
El hombre es un dios caído que recuerda los cielos: Lamartine.
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