En la cultura actual hemos llegado a manejar la información y la veracidad muy a nuestra conveniencia, es común que nos encontremos con nociones como “Mentiras piadosas”, “Medias verdades” o “Mentiras blancas”, denotando a aquellas falsedades que por sus consecuencias positivas resultan más convenientes que decir la verdad. Además, tenemos los típicos casos de disonancia cognitiva, situaciones en las que una persona sabe que la verdad pudiera llegar a ser dolorosa, así que prefiere abrazarse a una reconfortante mentira que sufrir con la cruel realidad.
En el tema de las relaciones nos encontramos muy comúnmente con los llamados dobles mensajes, es decir, respuestas a situaciones que se dan en la pareja que traen consigo un mensaje distinto al que se da. Por ejemplo, puedo decir “estoy cansado” para no expresar que simplemente “no me interesa salir”, o bien, “tengo una reunión mañana temprano” para no expresar mi inconformidad a seguir con una cita con alguien por más tiempo. Estos dobles mensajes pueden llegar a ser muy confusos y sobre todo, porque con ellos no se alcanza una objetividad en la comunicación de la pareja.
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Sin embargo, lo peor de estos dobles mensajes, es cuando nos aferramos a ellos porque en nuestras fantasías, solo así es que la relación podría darse. El doble mensaje más común que se presenta es el usual “después te llamo”, el cual, ciertamente puede ser una realidad, pero que en la mayoría de los casos y después de un mes sin dicha llamada se muestra como una clara y palpable mentira, misma que tiene en su trasfondo una evidente falta de intereses y un simplemente “no quiero volver a salir contigo”. Sin embargo, he conocido muchas personas que han esperado por esa llamada y que peor aún, se emocionan cuando vuelven a encontrarse con la persona y ésta les pide nuevamente su número, pues les dice haberlo perdido.
Un caso semejante es el que cuenta Esopo en su famosa fabula de la Zorra y las Uvas. Se dice que una zorra estaba muy sedienta cuando vio un racimo de uvas en la rama más alta de una vid, después de intentar bajar las uvas por un buen rato, se percató que no podría hacerlo, así que para evitar la impotencia de su incapacidad se dijo a si misa: “no importa, al cabo que están verdes”. De esta manera la zorra siguió sedienta, pero por medio de esta mentira evitó sentirse culpable.
Una situación aún más dañina es buscar la aprobación de personas que piensan o manejan la verdad de la misma manera que nosotros, es decir, buscar no solo una falsa justificación interna, sino también un irreal aplauso externo. Si la zorra le preguntase a un armadillo sobre las uvas, éste de igual manera podría decirle que están verdes, pues por su tamaño tampoco podría alcanzarlas. De igual manera, si un joven termina su relación con una chica porque le dice que se ira fuera del país, pero a las semanas se lo encuentra cenando con otra mujer, es notorio que quiso justificarse a partir de dicha mentira. Sin embargo, si la joven prefiere engañarse y pensar que tal vez es su hermana y pide consejo de su mejor amiga y ésta le dice que tal vez es su prima, simplemente no resuelve nada, sino solo aferrarse cada vez más a aceptar aquello que es demasiado obvio.
Ciertamente la verdad a veces duele, pero como dice una frase popular “mejor una colorada, que mil descoloridas” y al final de cuentas la verdad siempre sale a la luz, pues los dobles mensajes no dejan de ser mentiras aunque lo que se pretenda con ellos tenga la más noble intención. En el juego de las relaciones, la objetividad, la sinceridad y la comunicación son piezas fundamentales de la estructura de la pareja, misma que puede venirse abajo con cualquier tipo de engaño, sea blanco, medio o piadoso.