Hace unos años, era muy común que dentro de nuestras relaciones, el trato con las amistades y personas externas a la pareja fueran un punto fundamental. Los amigos mutuos, la mejor amiga o los familiares indirectos desempañaban el papel de dar los medios para que la pareja se conociera o inclusive que se tratara. Nuestros ligues más comunes tenían relación con las amigas de una amiga o prima, compañeras del trabajo o incluso, hijas de amigos cercanos a nuestra familia.
Sin embargo, hoy en día, muchos de estos medios de interacción han cambiado, dando pauta a los encuentros por medios electrónicos, donde las parejas se relacionan virtualmente e incluso comparten una intimidad de manera “on-line”. Sin embargo, ¿hasta qué punto el Facebook o el twitter son medios para la nueva pareja y no el fin mismo de la relación?, ¿Qué pasaría con una pareja que decida no tener una interacción por medio de las redes sociales?, ¿Cuánta satisfacción recibimos de una hermosa foto en pareja pero que no recibe ningún like de las amistades?
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Cada vez es más usual encontrarnos con perfiles de Facebook que en lugar de parecer cuentas personales, resultan ser muestras del afecto existente entre dos personas. Sin embargo, una cosa es mostrar la interacción normal de la pareja y otra muy diferente es el compartir paso a paso la relación. Encontramos fotos de perfil con la pareja, registro de todos los lugares que visitan juntos, e inclusive, las fotos más comprometedoras, que parecieran querer presumir que en dicha relación lo que les sobra es intimidad, aunque claramente les falte un sentido de privacidad.
La intensidad de las relaciones encuentra un nuevo y enorme mundo en las redes sociales, un universo de posibilidades en los que no todas las muestras de afecto resultan prudentes, pudiendo incluso superar al cariño y sus manifestaciones en la vida real. Como esas parejas que eran perfectas en las reuniones, pero un infierno en su casa, cada día van apareciendo más relaciones que se muestran exageradamente afectuosas en las redes sociales, pero frías y con poca interacción en la realidad.
El ser humano es un ente que requiere de la aprobación y el visto bueno de las personas que lo rodean, situación que lo lleva a sentirse más satisfecho de aquellas elecciones que resultan agradables para otros o bien, insatisfecho cuando recibe la desaprobación o indiferencia de aquellos que están a su lado. Aunque podríamos decir que las parejas deberían buscar la aprobación o desaprobación única y exclusivamente del otro miembro que forma parte de la relación, esto no es totalmente cierto, pues lamentablemente para muchas parejas jóvenes el comentario negativo de una amistad, un familiar o incluso un total desconocido, puede resultar hirientes y suficiente para dudar de alguna decisión tomada en pareja.
Para muchas parejas contemporáneas, la retroalimentación que se genera en páginas como twitter o Facebook sobre la relación, resulta más reconfortante que la interacción misma con la otra persona, pues cada like o comentario positivo los ínsita como una droga que los llena de una satisfacción casi sedante. Estas parejas, van cada día compartiendo su vida por dichos medios virtuales, no tanto por el gusto de mostrar su felicidad, sino más bien, por la necesidad de recibir cierta aprobación de aquellos que conforman su ciber-mundo. Así, la red social se convierte en el juez máximo de la relación, no importando si para conseguir un like requieren denigrarse o exponer su intimidad, así como un payaso que se ridiculiza para conseguir aplausos.
Selfies exagerados, fotografías posteriores al acto sexual, desmedidas muestras de afecto innecesarias, excesivos comentarios públicos entre la pareja, entre otros actos inmoderados son una señal del peso que puede llegar a tener la red social en la pareja, la cual llega a convertirse en el fin mismo de la relación, más allá del cariño, la convivencia, el afecto o incluso el amor.