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¿Cómo llegamos a esto? | Alejandra Fonseca
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Miércoles, 13 De Mayo De 2026 | Puebla

OPINIÓN

¿Cómo llegamos a esto?

Alejandra Fonseca

Psicóloga, filósofa y luchadora social, egresada de la UDLAP y BUAP. Colaboradora en varias administraciones en el ayuntamiento de Puebla en causas sociales. Autora del espacio Entre panes
 

Jueves, Abril 17, 2014

Investigar y profundizar en lo que es la “Trata de Personas”, trae consigo lo inconcebible. Nunca supones lo que vas a encontrar. La imaginación se queda corto en referencia a lo que realmente pasa. Desde niños de días de nacidos hasta jóvenes adultos, de todas las edades y condiciones, hombres y mujeres, son usados para todo tipo de explotación: en los trabajos forzados en la maquila, la construcción, la agricultura, el servicio doméstico; la prostitución obligada, la pornografía, el servicio sexual u otras formas de explotación sexual como las fábricas de niños, y los matrimonios serviles; en la esclavitud o las prácticas análogas a la esclavitud, en el narcotráfico, en reclutamiento en conflictos armados;  para extraerles órganos, tejidos y sus componentes, así como de fluidos humanos y sangre, para tráfico de órganos y ventas de personas.

Del tráfico de personas, que puede ser consentido (por migración), se pasó a la “Trata de Personas”. Y de ésta, a la explotación y esclavitud que ha llevado a las víctimas hasta la muerte. Y cada paso, es un delito distinto. Sabemos que tenemos que morir, pero es el “cómo”, lo que es parte de la discusión.

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¿Cómo fue que llegamos a esto? ¿Qué pasos “dimos” para “tratar” así a las personas de todas las edades? ¿Qué mecanismos y principios rompimos, por un lado, y creamos, por el otro, para llegar a lo que ya se conoce? ¿Qué nos ha faltado o sobrado porque en este proceso cada día hay más gente joven, hombres y mujeres por igual, metidas de tratantes?  ¿De qué acciones u omisiones somos responsables como individuos?

En una pequeña encuesta realizada con amigos, un abogado respondió que la causa son los excesos de todo tipo en que vivimos; otro, médico, dijo que es urgente que las personas dejen de tener hijos y que los niños no deben tener niños. Otra, socióloga, se preguntó: ¿Dónde están los padres y las madres de esos niños, adolescentes y jóvenes tratantes o víctimas?, por mencionar algunos. Yo todavía no carburo cómo llegamos a esto. Me rebasa.

La mayoría de los humanos vivimos cada vez más acelerados. Estamos en nuestro día a día que nos absorbe tiempo y energía para salir adelante. No le damos espacio ni tenemos las ganas de siquiera reflexionar en temas que nos incumben. No se diga de participar, que tampoco es obligación. Pocas personas nos inmiscuimos pero tengo que confesar que en lo personal no sé cómo hacerlo, no encuentro un orden en esta vorágine.

Los jóvenes están construyendo su vida. Los adultos continuando la nuestra, aunque el cambio de paradigma nos ha obligado a hacer un alto: Hablar de la moral de antaño no es suficiente. Sus términos parecen fósiles y suenan huecos, son antiguos y se consideran anquilosados aún a los adultos porque ya el contexto cambió. A los jóvenes no les llega: les saben rancios, los ven remotos, ajenos, añejos. Los jóvenes tienen un nuevo código de la realidad que les toca vivir. Los adultos no hemos sido capaces de decodificarlo y crearnos un nuevo lenguaje, con términos frescos, que se adapten y traduzcan las cosas “viejas” al nuevo orden con el cual comunicarnos; que nuestras palabras tengan sentido, que les signifique algo válido que pueda darles alguna estructura o respuesta a su vida. Los jóvenes nos ganan en habilidad para manejo de tecnologías y velocidad. Cuesta alcanzarlos. Nuestra reflexión ética tiene que acelerarse, simplificarse y ser contada en 140 caracteres que se pueda compartir en redes sociales. Tenemos responsabilidad de lo que pasa en este mundo al que llegamos primero en tiempo. Por eso, nos toca.

 

alefonse@hotmail.com

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