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OPINIÓN

El ser y el parecer: el nuevo dualismo del siglo XXI

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Juan Martín López Calva

Doctor en Educación UAT. Tuvo estancias postdoctorales en Lonergan Institute de Boston College. Miembro de SNI, Consejo de Investigación Educativa, Red de Investigadores en Educación y Valores, y ALFE. Profesor-investigador de la Universidad Popular Autónoma del Estado de Puebla (UPAEP).

Lunes, Marzo 17, 2014

Un nuevo dualismo en la concepción y en la práctica sobre la persona humana nos ha traído el mundo centrado en el mercado y el consumo, que se califica popularmente con el membrete de neoliberalismo.

En efecto, del dualismo clásico que nos entendía como cuerpo y alma o por la psicología de facultades nos dividía en inteligencia y voluntad, hemos llegado al dualismo posmoderno que concibe a la persona como una dualidad en tensión entre el ser y el parecer.

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Una persona es hoy un ser compuesto de una existencia y una apariencia podrían decir los diccionarios neoliberales. “Es más fácil conquistar a un hombre que a un espejo” decían en los espectaculares las mujeres que son “totalmente palacio” mientras otros expertos en mercadotecnia nos hablan del “lenguaje de la imagen” .

La cultura de la apariencia prolifera en forma de gimnasios atestados de jóvenes y viejos, en dietas y naturismos que no buscan principalmente una buena salud sino una apariencia atractiva, en ropa de moda y de marca, coche de lujo y escuela exclusiva – excluyente- donde como afirma el Dr. Manuel Gil Antón, no se va en búsqueda de conocimientos sino de conocidos.

Lo importante no es ser sino parecer: “sé valiente y si no, aparenta serlo, nadie notará la diferencia” le aconseja un papá gringo a su hijo en un libro de esos de recetas para el éxito.

Vivimos en la cultura del neoliberalismo en la que se tiene que ser exitoso y ganador y si no, cuando menos  parecerlo. Nuevos “atributos” en el sentido iconográfico han nacido para identificar al hombre del mercado: teléfono celular, radio, agenda electrónica, lap top, todo aquello que muestre lo que se es o mejor dicho lo que se quiere aparentar que se es...El auto habla de ti como persona, la casa donde vives, la ropa que usas, el cuerpo que luzcas, todo es comprable y fabricable (no sólo un coche sino una nariz, un cuerpo) para que la apariencia sea impecable –aunque el interior sea insufrible-.

¿Cómo asumir el desafío de la autenticidad en un mundo de apariencias donde la arquitectura es escenografía que engaña, el cuerpo es apariencia que miente, el coche es anhelo que “da el gatazo”?

El paso del parecer de acuerdo a una imagen prefabricada y homogéneamente globalizada al ser no escindido que por ser auténtico parece realmente lo que es, constituye un desafío educativo para un humanismo que afronte en serio el mundo consumista en que vivimos.

La superación del nuevo dualismo entre existencia y apariencia es un reto para el que quiera ser una persona integral y para el que quiera comprender el ser persona de manera no fragmentada. Porque así como el dualismo cuerpo-alma o materia-espíritu o inteligencia-voluntad subordinaba generalmente un elemento al dominio del otro (el cuerpo tenía que sacrificarse por la salvación del alma, la voluntad subordinarse a los dictados de la inteligencia) en el nuevo dualismo tal parece que la existencia se tiene que subordinar a la apariencia...y eso puede parecer muy “lucidor” o “moderno”, pero acaba a la larga dejándonos vacíos.

 La búsqueda permanente del ser humano que vive en este cambio de época está entonces centrada en una transformación personal hacia la autenticidad en la que la apariencia transparente la existencia pero también, en el nivel colectivo, en el compromiso con la construcción de una sociedad en la que todos los esquemas de recurrencia que garanticen los flujos de bienes se orienten hacia la finalidad de satisfacer las necesidades de la existencia humana por encima de las de la apariencia. Esto implica un cambio de estructuras erconómicas y sociales pero al mismo tiempo un cambio en la estructura simbólica nuestra sociedad actual.

La familia y la escuela juegan un papel fundamental para educar en la búsqueda de autenticidad humana trascendiendo esta dualidad entre el ser y el parecer. ¿Educamos en la familia personas centradas en el aprender a ser o desarrollamos la búsqueda superficial del parecer? ¿Elegimos la escuela de nuestros hijos por lo que aportará a la construcción de su ser humano en el mundo o por factores de apariencia externa como las instalaciones, el costo de colegiatura, el estatus social? ¿En la escuela sustentamos el quehacer educativo en que los alumnos aprendan a ser humanos y a convivir como humanos o en que aparenten cosas que hagan lucir a la institución o a los profesores?

La comisión Delors de la UNESCO señala en el libro: La educación encierra un tesoro, que los cuatro grandes pilares para la educación del siglo XXI son: aprender a conocer, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir. Sin embargo, la sociedad economicista en que vivimos parecer presionar a la escuela y a los educadores para formar en un falso pilar: aprender a parecer o aprender a aparentar.

De nosotros depende que los futuros ciudadanos de nuestro país se formen desde el sustento sólido de los cuatro pilares de la educación que plantea la UNESCO y no edifiquen su vida desde el falso pilar de la pretensión superficial y la apariencia vacía.

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