Retomando mi columna de la semana pasada, en donde presenté la importancia de la atracción y gestión del talento humano, el día de hoy expongo la importancia de la dirección financiera de una empresa familiar como segundo pilar de su capacidad estratégica en los mercados; como forma para desarrollar una fuerte capacidad competitiva de largo plazo, o forma para debilitar en el corto plazo la capacidad operativa del negocio.
La dirección financiera de una compañía aborda tres decisiones importantes, ¿qué hay que comprar?, ¿cómo se va a conseguir el dinero para pagarlo? y ¿cuánto serán los ganancias a pagarse? Estas decisiones que un empresario hace diariamente afectan sensiblemente la capacidad de pago y las utilidades de su empresa, pero el empresario familiar lo visualiza en un horizonte de tiempo muy diferente al de un directivo de una empresa corporativa.
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Para un empresario familiar, la empresa es el patrimonio de su familia que debe durar muchos años para que pueda responder a las necesidades de sus miembros, como son educación, vivienda, alimentación, salud, diversión, entre otras. Entonces, cuando los empresarios familiares toman sus decisiones financieras de inversión lo hacen pensando en el largo plazo y están dispuestos a asumir pérdidas en el corto apostando que tendrán un importante beneficio años después. El ejecutivo de una empresa corporativa, por más sofisticado o largo que sea el nombre de su puesto, es un empleado y está de manera temporal en la compañía. El desempeño de los estos ejecutivos se mide por metas mensuales, semestrales o anuales, por lo que todas sus decisiones están orientadas a resultados de corto plazo y desecharán aquellas oportunidades que no generen buenos resultados pronto aunque sí lo hagan en el futuro.
La diferencia en el horizonte de decisión depende mucho del tipo de la propiedad. En las empresas familiares, donde la propiedad está concentrada en una familia o entre pocos accionistas, los horizontes de planeación son de largo plazo; pero, las grandes empresas que tienen muchos inversionistas y cotizan en bolsas de valores, aunque aún sean familiares, deben responder con resultados de corto plazo que se exprese fácil y rápidamente a través del valor de sus acciones en los mercados financieros, y aquí los ejecutivos profesionales y propietarios administradores tienen que brindar preferencia a los resultados inmediatos que persiguen sus inversionistas sin descuidar los intereses de la familia.
Las decisiones financieras más importantes que diferencian la gestión de una empresa familiar a las de una empresa corporativa son las siguientes:
Cuando las empresas familiares administran sus utilidades y las convierten en fuentes internas de fondos con un horizonte de planeación de largo plazo logran una fortaleza financiera difícil de superar por parte de las empresas no familiares. Esta capacidad financiera es fortalecida por la holgura en las decisiones financieras sin tener la presión de estar respondiendo a expectativas de otros accionistas o inversionistas. Desde el punto de vista corporativo, los empresarios familiares toman decisiones económicamente irracionales porque están dispuestos a acepar pérdidas de corto plazo apostando por beneficios importantes en el largo plazo.
Sin embargo, en algún momento en el tiempo las empresas familiares alcanzan un tamaño importante, las oportunidades de crecimiento requieren fuertes inversiones, la estructura directiva se hace compleja, existen presiones por obtener fondos baratos y reducir el riesgo a la actividad económica. Frente a esto los empresarios toman la decisión de abrir su capital y aceptar nuevos inversionistas en el capital de sus empresas a través de la colocación de acciones, ya sea pública y privada; lo que coloca a los empresarios familiares ante el reto de balancear los intereses de inversionistas que persiguen ganancias inmediatas y el de accionistas que persiguen bienestar de largo plazo.
Por otro lado, una debilidad que tienen los empresarios familiares es en la gestión de su liquidez de corto plazo, referido a los plazos de cobranza y de pagos, así como a la identificación de los costos totales al momento de asignar precios a sus productos o servicios. La desesperación por sobrevivir en mercados competitivos muchas veces hace que los empresarios familiares descuiden la administración de su liquidez, y toda la fortaleza financiera que logran de largo plazo no se ve soportada por una capacidad financiera de corto plazo que permitan las operaciones diarias de la empresa. Contar con una visión clara del negocio, disciplina en los costos, precios y manejo del efectivo y comprometer a la familia para que preserve la salud de la empresa ayuda a los empresarios familiares a consolidar competencias de corto plazo necesarias para el crecimiento sostenible del negocio. Aquí los ejecutivos de empresas corporativas sí cuidan la liquidez de la empresa y su capacidad de operación de corto plazo, pero con el riesgo de estar minando la capacidad financiera de largo plazo de la compañía.
Invito a todos los empresarios a reflexionar sobre los dividendos que se pagan. Me sucede con frecuencia que muchos empresarios me dicen que no tienen ganancias porque todo lo reinvierten, cuando lo que realmente quieren decir es que no cobran dividendos adicionales a los que se cobran mensualmente de la operación del negocio. Es decir, ya tienen asignada una renta mensual para sus gastos, y entienden por dividendos la utilidad residual o remanente que aún no cobran y se calcula terminado cada ejercicio fiscal. Cuando el empresario familiar conoce sus costos operativos y administrativos, fijos y variables, la cantidad que mensualmente retira es racional y saludable tanto para el negocio como para la empresa; y a la larga el remanente que no distribuye lo convierte en utilidades retenidas para reinversión. Esto funciona bien en empresas que venden de contado y pagan al crédito, pero mortal para empresas que otorgan créditos a plazos mayores que los plazos de pago a sus proveedores, porque es posible que las empresas familiares estén sembrando una importante fuga en su capital de trabajo que en el corto o mediano plazo generen una incapacidad para el pago de deudas.
Para los empresarios mexicanos, hasta el 2013 las políticas de dividendos no tenían costo por lo que ningún empresario familiar que llevara bien sus cuentas se preocupaba por eso. Pero ahora deben consultar con su contador sobre sus estrategias de dividendos para el 2014, año en el que los dividendos se cargarán con un 10% sobre todo lo que los empresarios hayan retirado mensualmente. La preocupación es que los empresarios no los pagarán de inmediato, sino que se calculará junto con el ISR en 2015. Es importante tener en cuenta que una cosa son las utilidades y otra los dividendos. Las utilidades se van calculando mensualmente y son deducibles. Los dividendos son ganancias o rentas que los accionistas han obtenido de la empresa a lo largo de un ejercicio, pueden haberse pagado durante o después del año fiscal y se pueden pagar tenga o no tenga utilidades la empresa; entonces, si un empresario no controló bien sus dividendos en 2014 puede que en marzo de 2015 aparte de estar capitalizando su empresa para crecer, también tendrá que correr al banco a pedir dinero prestado para pagar el 10% de los dividendos que se pagó inconscientemente durante todo el 2014 y que van a afectar su capacidad de operación de corto plazo. Existen estrategias para prevenir esta situación, por lo que es necesario discutir con contadores sobre las mejores formas de gestionar los ingresos, costos, flujos de efectivo, utilidades y dividendos.
Quedo a sus órdenes para conversar más sobre las estrategias de su empresa familiar.
William Steinwascher
@billsteinwa