Puebla es un estado lleno de incongruencias políticas. Los últimos reconocimientos a dos figuras nacionales son una manifestación incontrovertible de lo señalado. Por ello el título de esta colaboración.
La primera fue la invitación al Congreso del Estado de la embajadora emérita Rosario Green Macías, en el marco de los festejos por el 60 aniversario del otorgamiento del voto a las mujeres.
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Como lo manifesté en una columna anterior, ¿sabría Rosario Green a dónde la llevarían? Esto porque ella, además de sus méritos académicos e internacionales, es una priista que ha tenido cargos políticos importantes, tales como secretaria general de su partido el Revolucionario Institucional y Senadora de la República. ¿Y qué hacía en un congreso totalmente sometido al gobernador panista Rafael Moreno Valle, al grado de que los cinco diputados priistas que responden abiertamente a los intereses políticos del Ejecutivo, han decidido independizarse de su partido para estar en libertad de servir a las órdenes de su mecenas? Y ante estos “diputados de Expresión Legislativa por el Pacto de México” vino a dictar su ponencia la Embajadora.
Estoy segura de que no estaba enterada de la situación del Congreso poblano y creo que aceptó la invitación por la intervención de los embajadores que trabajan como secretario de Educación uno, y el otro como encargado de los migrantes.
Aprovechando su presencia Moreno Valle presentó una iniciativa de reforma al Código de Instituciones y Procesos Electorales del Estado de Puebla, para obligar a los partidos políticos a postular a mujeres en el 50% de las candidaturas a diputados locales de mayoría relativa y plurinominales.
¿Y eso?, se preguntarán los lectores. ¿Cómo es posible que un gobernador que no tiene en su gabinete a ninguna mujer, ni siquiera como subsecretaria y que es ampliamente conocido que no reconoce el trabajo profesional femenino, presente tal iniciativa?
¿Será porque el Presidente Enrique Peña Nieto presentó una en el mismo sentido el pasado 11 de octubre? Desde luego que sí. Incluso Moreno Valle señaló que su iniciativa será un ejemplo como presidente de la Confederación Nacional de Gobernadores para que otros estados se sumen a la propuesta del gobierno federal. Y que esto permitirá tener una mayor equidad y pluralidad en el Congreso local. ¿Así o más incongruente?
Por otra parte el Presidente Municipal de Puebla, Eduardo Rivera otorgó la cédula Real al ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, hijo de un ex presidente de la República priista, ex gobernador por el PRI hasta que sus diferencias con Miguel de la Madrid lo hicieron formar la Corriente Democrática y después el PRD. Se desvivió en alabanzas para quien ha sido enemigo acérrimo del Partido Acción Nacional y, especialmente, de la corriente yunquista a la que Lalo orgullosamente pertenece.
Haciendo gala de una apertura ideológica que no le habíamos conocido manifestó sobre su galardonado lo siguiente: “Es posible encontrar las coincidencias con quienes profesan ideologías diferentes. Buscar el acuerdo sin soslayar la convicción política ha sido una característica en un esfuerzo democrático, tanto dentro de su partido como en la relación con dirigentes y autoridades emanadas de otras posiciones”. Y destacó la importancia de Cárdenas Solórzano en la historia reciente de México y en la defensa de los ideales de la izquierda. ¿Qué les parece? No tendrá miedo de que lo excomulguen apoyando al, para su partido, diablo de la política nacional? Vuelvo a preguntarme: ¿Qué pretende Lalo con este reconocimiento? Es por todos sabido que no actúa sin la venia del señor gobernador, pero el objetivo parece confuso: ¿será que trata de obtener el apoyo a la posible candidatura presidencial de Moreno Valle? Pero esto se contrapone con el discurso de Cárdenas en contra de la Reforma energética propuesta por Peña Nieto y también con el apoyo explícito a las reformas presidenciales de parte del gobernador poblano.
Les agradecería que me dieran luces al respecto porque yo, sinceramente, no lo entiendo.
Termino con el relato de una paradoja.
Plutarco Elías Calles guardó un gran resentimiento contra Lázaro Cárdenas. Lo formó, lo impulsó en la política pero cuando Cárdenas llegó a la presidencia de México no soportó que su gabinete viajara a la hacienda de Calles a solicitar sus directrices. Por eso lo sacó de su casa enfermo para mandarlo al exilio a Estados Unidos.
Ya en su lecho de muerte convaleciendo después de una operación, Calles le confió a mi mamá: “Ninfa, tengo unos dolores tan fuertes que no se los deseo ni al trompudo”.
Plutarco Elías Calles murió el 19 de octubre de 1945 y Lázaro Cárdenas el 19 de octubre de 1970. Sus restos descansan uno frente al otro en el Monumento a la Revolución, compartiendo aniversario luctuoso. Paradójico ¿no?