Como si se tratara de buscar más víctimas por los efectos de la naturaleza ahora la clase media es la damnificada en la propuesta de reforma hacendaria. Mientras la estrategia retórica del gobierno ilustra un paisaje anhelado que, al mínimo cruce con la realidad se desbarata, tanto la promesa de productividad, crecimiento, combate a la desigualdad y la implementación de un seguro de desempleo contrastan con el ataque a un sector de la población que resiste los permanentes embates que le han propinado los últimos gobiernos de corte neoliberal.
Esta iniciativa contiene más dudas que certezas porque no ofrece solución a los problemas postergados. Así como a principios de los 70´s, cuando las crisis fse instalaron como parte del relato nacional con frecuentes recesiones económicas, hoy la formula es la misma pero vendida como novedad. Es la misma orientación que los años anteriores, como cuando dejamos de crecer al 6% en promedio anual, cuando el ciclo grisáceo y decadente se situó en nuestro país como una constante.
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Nos hallamos en una época en la que el gobierno ha extraviado su rol institucional y pervertido sus responsabilidades centrales; años en los que nuestra economía se estimula a través del crecimiento desorbitado del gasto público, la impresión de billetes en demasía (inflación), y la dependencia creciente con los organismos financieros internacionales con los que nos hemos endeudado en exceso. Pero la lección no acaba de quedar clara: los grandes males se atienden con remedios y los justos pagan por pecadores.
No es una revelación señalar que en nuestro país las cosas no funcionen como deberían, pero sí lo es, que nos adaptemos a las proyectos gubernamentales que nos conducen a ese espiral de villanías y distorsiones que profundizan nuestros problemas. La reforma hacendaria que el ejecutivo federal envió al congreso de la unión tiene como atributo no haber aplicado el IVA en alimentos y medicinas, al igual que aumentar la tasa del impuesto para los que ganan anualmente más de medio millón de pesos para arriba. Pero en contrapartida la reforma hacendaria es muy limitada en términos de recaudación porque apenas otorgará un punto y medio del PIB, y tampoco puede esconder sus dos rasgos indelebles: es aparentadora y lesiva. Aparenta poner en orden a las empresas evasoras, aunque en realidad se trata de un cambio de nombre al régimen de consolidación fiscal de las empresas, eso sin dejar de mencionar que maquilla la privatización de Pemex mediante la propuesta de un nuevo régimen fiscal para la paraestatal. Y es lesiva a la clase media porque impone impuestos a lo otro que les faltaba: colegiaturas, hipotecas, alquileres, conciertos, comida para mascotas y hasta en los chicles. No se trata de una reforma estructural, es tan solo un mecanismo para los grandes intereses en salvaguarda a sus privilegios y el consecuente castigo al mexicano de a pie que se sostiene a pesar de todo, trabajando y produciendo.
El gobierno mexicano parece estar atrapado en su propio laberinto, toma las decisiones en función del menor de los males y nuevamente parece ser la víctima la clase media. Parto de esta breve reflexión para señalar dos aspectos de esta iniciativa que me causan preocupación.
COLEGIATURAS. El aumento de impuestos en la educación terminará por transformarse en un costo prohibitivo para un amplio sector de la población. Nuestro texto constitucional establece el derecho individual a recibir educación de manera laica y gratuita, pero en los hechos, el Estado no ha sido capaz de cumplir ese precepto. La oferta de los planteles públicos aunado a la baja calidad educativa (según pruebas estandarizadas) de la mayoría de las escuelas que son administradas por el gobierno, explica que muchas familias mexicanas, aquellas que pueden hacer un esfuerzo, opten por buscar una educación de mayor calidad para sus hijos en las escuelas privadas.
Esta claro, nuestros políticos no aprenden: ignorar las causas de los problemas sociales nos condena a vivir padeciéndolos. La educación debe ser el rubro a impulsar y a incentivar, más no a convertirla en el privilegio de unos cuantos.
VIVIENDA. Desde los dos enfoques el gravamen a las hipotecas representa un impacto negativo al sector. Primero porque se trata del peor momento, justo cuando la actividad del sector tiene una tendencia negativa. Y segundo, porque encarecerá el precio de los inmuebles e incrementará la cartera vencida.
La reforma hacendaria es ofensiva en este apartado. Particularmente para el modesto trabajador, porque le impone un impuesto a la aspiración de tener una casa propia. De prosperar esta iniciativa, tal cual se presentó, provocará una reducción en el ingreso disponible de las familias y se corre el riesgo de que se prolifere la vivienda informal. Lo anterior se suma a que el otro vértice de esta iniciativa -el seguro de desempleo- genere más distorsiones laborales al afectar la contribución de Infonavit. No podemos negarlo, esta medida es regresiva porque aniquila la única posibilidad que tiene la clase trabajadora para hacerse de un patrimonio.
A sabiendas que el Congreso se mueve a la sintonía de los acuerdos extramuros y que el PRI impone agenda, es esperanzador saber que al interior del tricolor estos dos temas no concitan mayorías y que prometen hacerle modificaciones a la iniciativa de reforma hacendaria presidencial. Habrá que reconocer que la iniciativa en comento no cambiará la distribución del ingreso ni tampoco plantea cambios importantes en materia de reorientación del gasto público. La dilapidación del gobierno y el abandono en los sectores productivos seguirá. Pero sin lugar a dudas, imponer el IVA a las colegiaturas y en pago de rentas y créditos hipotecarios representa una catástrofe social de gran envergadura, pero esta, provocada por el gobierno mexicano.
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Twitter: @juandiazcarr
Abogado, economista y periodista.