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OPINIÓN

Protección civil y seguridad

Después del desastre ahora la protección de personas y bienes

Eduardo García Anguiano

Sociólogo y maestro en Administración Pública. Ha laborado en el gobierno federal y gobiernos locales en áreas de seguridad y gobierno. Ha sido profesor en la Universidad de las Américas Puebla, el IMIDECIP y el INAP. Escribe la columna Operación Seguridad.

Jueves, Septiembre 19, 2013

Las secuelas de los fenómenos meteorológicos “Manuel” e “Ingrid” se cuentan en daños a las viviendas y bienes, infraestructura afectada, cultivos perdidos, personas muertas y desaparecidas, en fin, el desastre en diversas entidades del país.

Por coincidencias del destino en esta fecha se conmemora el aniversario de los sismos de 1985, ¿qué experiencias debemos retomar hoy?

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Ya los planes ante las contingencias se desarrollan en estos días sobre todo el DN-III, que incluso apoyó a damnificados en Estados Unidos de América en su oportunidad con el huracán Catrina.

Sin embargo, después de que pasa el momento más fuerte de un fenómeno meteorológico y se pone a resguardo vidas, es pertinente ver las etapas siguientes.

Además de lo que dictan los planes de protección civil y sanitaria, es importante resaltar el tema de la seguridad en las zonas afectadas, aquí algunos riesgos:

  • En ocasiones la población comete actos de rapiña impulsados por su desesperación de obtener lo elemental para sobrevivir o por la oportunidad del momento.
  • Asimismo, algunos grupos cometen actos de vandalismo sin la motivación anterior.
  • La situación puede derivar en enfrentamientos entre la población por obtener un bien o por salvaguardar los suyos.
  • Al presentarse alguno de estos hechos, se convierten en riesgos que potencian la situación de crisis en los lugares afectados por los fenómenos meteorológicos.

Por lo anterior, es necesario que las autoridades de seguridad al menos consideren en sus actividades:

  • El reconocimiento de las zonas de desastre.
  • La preservación del orden público con patrullamiento pie a tierra, en vehículos y aéreo.
  • El resguardo de instalaciones vitales.
  • El control de tránsito para las prioridades establecidas.
  • El control de la circulación por otros medios, restricciones y evacuación civil.
  • El funcionamiento de un centro de detención temporal para quienes cometen ilícitos o faltas administrativas, antes de ser entregados a las autoridades competentes.
  • El retiro de las unidades adicionales que resguardaron la seguridad durante el desastre.

Estas medidas se llevan a cabo en función de la magnitud de los acontecimientos con tres escenarios en el orden público:

Estable.- Autoridades civiles coordinadas entre sí cuando la situación de riesgo es menor.

Riesgo medio.- Participación de autoridades civiles y militares cuando la magnitud de los riesgos genera inestabilidad.

Riesgo grave.- Participación militar cuando el riesgo es grave, con el apoyo de fuerzas de orden civil subordinadas temporalmente.

En cualquiera de los tres escenarios la dirección de las acciones le corresponde a la autoridad política. De no considerar medidas de seguridad después de un desastre natural, a la situación provocada por el mismo se le agregarían los problemas de orden público.

Ya lo afirmó John Stuart Mill, filósofo y economista inglés: “No existe una mejor prueba del progreso de una civilización que la del progreso de la cooperación”.

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