La serie de reformas propuestas, encaminadas a transformar la cara de nuestro país, se encuentran en el centro de enfrentamientos de posiciones perfectamente claras y definidas. Se presentan frentes, con posturas contradictorias entres sí. Tomemos el ejemplo de la Reforma Energética; el PAN acusa a la iniciativa que presentó el Presidente, de limitada en relación a la que formularon, ya que el tema de la apertura no es tan amplia como ellos propusieron; en el extremo esta el PRD, bajo la conducción de un Cuauhtémoc Cárdenas renovado, que acusa al Gobierno y a su iniciativa legislativa como “demasiado osada”, por impulsar una apertura desmesurada, según el Ingeniero Cárdenas, satanizando la Reforma Constitucional que implica este cambio de paradigma. Lo interesante del posicionamiento ideológico desplegado por los actores, es que precisamente el lugar que ocupa la propuesta gubernamental esta en el centro del debate, con todas las posibilidades de encontrar y construir consensos claros, que permitan alcanzar y cumplir las expectativas que de origen se han planteado. Es decir, una vez llegada a la Cámara de origen, independientemente de la paternidad de elaboración de las diversas iniciativas, la resultante y que se llevará a votación, deberá ser producto del acuerdo –sino unánime, si mayoritario- de las fuerzas políticas representadas en los órganos legislativos. Es decir, será el resultado de la democracia.
El aferrarse a principios ideológicos es respetable y digno de reconocimiento en estos tiempos pragmáticos, pero también debe valorarse que la inercia mundial empuja a una serie de decisiones que se basan en resultados medibles y evaluables. El poder vincular esta visión, con la defensa de valores nacionales como el que significa la propiedad absoluta sobre los hidrocarburos, es el signo sobre el que descansa el vaivén del espectro ideológico nacional, lo que nutrirá el gran debate que se ha iniciado y al que debemos reconocer como una verdadera batalla de ideas, en donde no se trata de reducir, al contrario si no de sumar para lograr un todo enriquecido y orientado a cumplir el anhelo de Lázaro Cárdenas en el 38, que la Industria Petrolera contribuya a crear la riqueza nacional. Llama la atención que los medios nacionales son hoy la arena en que se debate con una completa libertad de expresión, en donde prácticamente en todos, las partes involucradas –legislativo, ejecutivo y partidos políticos- reciben un trato igualitario, tanto en tiempo como en el respeto a sus posicionamientos, con lo cual la opinión pública podrá crear su propio marco de referencia. Así debe ser en un país que se jacta de ser demócrata, plural y moderno. Por eso, es de condenarse los hechos violentos que algunos grupos han iniciado en otro frente de este proceso transformador, que es la implementación de la Leyes Secundarias de la Reforma Educativa, tema de fondo tan importante como el energético.
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Es de esperarse que los próximos meses sean de mucha actividad, en donde se incrementarán las expresiones en pro y en contra de las reformas ya iniciadas, especialmente la energética, por las implicaciones ya referidas. En lo particular, vemos que las modificaciones constitucionales que se requerirán, no representan más que romper viejos tabúes en aras de lograr grandes beneficios, que significarían recuperar lustros perdidos por sostener un modelo rebasado. Por eso es tan importante un debate bien sustentado, ya que no es valido basar éste en datos inexactos para confundir a la gente. Escuchaba a varios analistas hablar de las empresas petroleras de Brasil y Noruega, pretendiéndolas poner de ejemplo para PEMEX de que las empresas nacionales si pueden ser exitosas, pero ocultando que en ambos países lo que detonó su crecimiento económico fue precisamente su apertura a la inversión privada. En cambio, resulta cierto que toda renovación del sector energético en México deberá transitar por el mejoramiento de la relación sindical de las empresas energéticas mexicanas (PEMEX Y CFE) así como de incrementar la transparencia, exigencia y reclamo unánime del ciudadano mexicano.
Conseguir que PEMEX y CFE se fortalezcan y, al mismo tiempo, lograr que los mexicanos tengamos gasolina, gas y luz más barata, esta al alcance de la mano, por lo que hoy, más que nunca, es necesario encontrar la unidad en la diversidad de ideas.