¿ Qué debemos hacer?, ¿tenemos o no el derecho a participar en los procesos de discusión cuando las decisiones de nuestros gobernantes nos afectan? Estas sencillas interrogantes se simplifican desde un enfoque binario: somos cómplices o no lo somos.
La complicidad no es solo la coaturía del hecho imputable, también lo es la coparticipación a través de la omisión y la renuncia de los deberes. Entonces, ¿de qué lado debemos pararnos? Es muy sencillo, o estamos del lado de los ex secretarios de hacienda, ex directores generales de Pemex, altos funcionarios federales, contratistas nacionales y extranjeros, cabilderos de grandes trasnacionales petroleras, aliados y dueños de alguna televisora nacional, lambiscones de algún político importante, o incluso nos reconocemos suicidas y egoístas que poco nos importe el destino de México para entender que usted fuera uno más de los promotores de la propuesta de reforma energética presidencial. Pero si usted es un ciudadano más, consiente, libre y mínimamente comprometido con nuestro país, y le ha costado mucho trabajo sostenerse e incluso construir un modesto patrimonio familiar, vive angustiado por la brutal violencia que germina en la lacerante pobreza y, le preocupa el México que habitarán sus hijos y las generaciones venideras. Si usted es sabedor que el petróleo es el eje vertebral de nuestra nación y que las privatizaciones solo nos han traído malas experiencias convirtiéndonos en el país más desigual del planeta (léase Telmex y la banca), usted no puede ni debe quedarse estático y ser cómplice de esta inquietante iniciativa que es altamente regresiva para nuestro país.
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Resolvamos y aclaremos: el tema petrolero es el asunto más importante de los mexicanos. El petróleo además de mantener de pie a México, también es el único recurso natural que nos permite mantener la esperanza de que las cosas pueden mejorar bajo una conducción distinta, más visionaría y menos entreguista. El ejemplo más claro lo tenemos en el periodo que comprende de 1939 a 1975 cuando el Estado se encargo de su producción y no se exportó crudo, creciendo nuestra economía al 6.4 por ciento en promedio, en contraposición a nuestra dramática realidad que exportamos miles de toneladas y no crecemos ni al 2 por ciento. Pero estos datos hoy no están de moda para los impulsores de la reforma energética oficial, sostenerlos es interpretado como un atavismo, como lo sostiene el propio presidente del PRI que llama a derribar “mitos” y apoyar sin regateos esta iniciativa. Y cómo no hacerlo, si la estrategia gubernamental está diseñada para persuadir y ganar emotivamente a la opinión pública apoyándose en la imagen del general Lázaro Cárdenas, divulgando que el decreto del ex presidente se respetará “palabra por palabra”, ¡claro! sin mencionar que fue él quien nacionalizó el petróleo y sacó del juego a las compañías extranjeras que hoy se pretende favorecer.
Se trata de convencer que la llave a la modernidad es bursatilizar a petróleos mexicanos, pero eso sí, sin la presencia de la banca nacional como sucede en el amañado ejemplo brasileño o noruego, la idea es ponerse a la suerte de las acciones especulativas de la bolsa en Wall Street. La táctica es distraer y convencer diciendo que Pemex es ineficiente e inoperante, que no cuenta con la tecnología ni la experiencia para explotar pozos en aguas profundas o yacimientos de gas enquisto y que tienen que venir de fuera para enseñarnos como hacerlo, aunque los propios ingenieros de Petrobras reconozcan que ellos aprendieron de ingenieros mexicanos. Nos dicen hasta el cansancio que contamos con reservas petroleras para los próximos 7 años aunque diarios estadounidenses lo desmientan y afirmen lo contrario, como el periódico The New York Times que publicó antier que contamos con las mayores reservas petroleras del mundo ( NYT, 17 de agosto). La maniobra intenta esquivar el debate principal: la corrupción. La iniciativa presidencial no lo menciona en ningún momento cuando ese es el principal cáncer de la paraestatal, tan solo ayer se dieron a conocer la tesorería paralela que creó Felipe Calderón para depositar las ganancias de 39 empresas filiales de Pemex que operan en el extranjero y que obtuvieron ganancias por cerca de 434 mil millones de pesos que no se reportaron al erario (La Jornada, 10430).
No es posible pensar en seguir favoreciendo al capital privado cuando tenemos un país debatiéndose entre la vida y la muerte, con profundas carencias y enormes disparidades. Con un sistema incapaz de responder a las principales demandas de un gran sector de la población que no tiene la capacidad de resolverlos. En medio de una crisis de legalidad, una crisis de institucionalidad de fondo, en donde las instituciones no están funcionando y el sistema se está quedando corto. Un escenario que es aprovechado por los medios masivos de comunicación que no solo desvirtúan la información y los procesos de discusión, sino que coartan el debate público, porque no advierten que de aprobarse la iniciativa en cuestión no solo será el fin del ciclo neoliberal, sino que será el inicio de una etapa de dependencia económica que incluye la pérdida total de soberanía y un brutal sometimiento hacia los mercados internacionales (principalmente Estados Unidos). Informar que el hoyo que generaría en las finanzas públicas sería subsanado con una reforma fiscal para fijar impuestos al consumo generalizado que afectaría a los sectores de la población más vulnerables, para disponer de un presupuesto público que yo no daría Pemex.
Por elemental sentido común los ciudadanos estamos obligados a informarnos y presionar –en términos pacíficos- para que esto no suceda. Estamos a punto de dar un salto para atrás y revivir capítulos de enfrentamientos entre nosotros, aún más severos y sangrientos que los provocados por la delincuencia organizada, estimulados por la escasez y la pérdida de rumbo del país.
NOTA: Hoy presenta el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en el Monumento a la Revolución la iniciativa de reforma energética que pretende demostrar que es posible modernizar Pemex sin entregarla a las trasnacionales.
Es obligación de todos mantenerse alerta y actuar, de lo contrario se configura la complicidad en contra de México.