La confirmación que el CONEVAL hiciera pública hace apenas unas semanas sobre el aumento en las condiciones de pobreza de los poblanos, si bien fue destacada por los medios de difusión locales y nacionales, hoy es un tema que perdió actualidad.
Esta realidad de pobreza y marginación que ha sentado sus reales en la ruralidad del territorio estatal, no ha sido merecedora de la atención de las administraciones estatales desde siempre. Me inclino a opinar que ha sido por incapacidad administrativa antes que por perversidad, aunque la ausencia de la primera le deje la puerta abierta a la segunda.
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La información difundida por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (CONEVAL), refleja que en el estado de Puebla las condiciones de pobreza alcanzan al año 2012 a un número mayor de poblanos que los que se contabilizaron en el 2010. Así de escueto el dato, no parece muy impresionante; sin embargo cuando este se expresa en representación porcentual según el análisis oficial, la proporción de pobres en el estado de Puebla pasó del 61.5% de su población en 2010 al 64.5% en 2012. En otras palabras, casi 262 mil poblanos entre ellos 57 mil en condiciones de pobreza extrema, más se sumaron a los 3.534 millones de paisanos que ya estaban en la pobreza en 2010.
Curioso hecho fue que en la fecha que se difundió la información, no hubo pronunciamiento oficial sobre tan comprometedor escenario, porque el gobernador del estado estaba de vacaciones y nadie quiso correr el riesgo de equivocarse de “verdad” en la posición a adoptar ante los gobernados. Ya después oficialmente se le cargó la culpa a la dispersión de los asentamientos humanos porque es una condición que dificulta el acercamiento de infraestructura y servicios públicos. La versión oficial confunde las causas con los efectos y esta confusión me temo, le impide explicar la realidad que viven los poblanos pobres; como consecuencia también le impide generar políticas públicas para la correcta gestión de esa realidad. Es decir, un mal diagnóstico conduce a un mal tratamiento.
Lo que no tiene forma de justificarse, fue la declaración de un alto funcionario de la Secretaría de Desarrollo Social estatal, cuando aseguró hace cosa de una semana, que la política estatal va por el camino correcto, pues es cosa de tiempo para que las inversiones (Audi, la rueda de observación, por ejemplo), empiecen a resolver el problema. Imagine usted respetable lector, la ilusión que debe haber despertado tal declaración en los casi cuatro millones de poblanos en pobreza.
Por eso creo que en el agravamiento de la situación tan adversa de tantos poblanos tiene una responsabilidad muy alta la falta de capacidad administrativa de los gobernantes locales, sobre todo aquellos que están casados con anacrónicas declaraciones-molde de aparente base teórica económica, que hoy le atribuyen el aumento en el número de pobres a factores externos tales como el aumento de precio en los artículos de la canasta básica, la caída de ingresos petroleros o a los vaivenes de la economía de grandes ligas. Esas versiones carecen hoy de valor pues cayeron por su propio peso: Otras entidades federativas en el mismo periodo 2010-2012, redujeron sus porcentajes de pobreza.
El dinero que la federación ha enviado a Puebla en los últimos treinta años, sobre todo en los más recientes, rebasa con mucho a los 50 mil millones de pesos por año que se han ido esfumando sin reflejarse en el impulso al desarrollo de sus municipios, localidades y habitantes. Tan sólo han servido para profundizar la brecha entre pobres y ricos. Convertir el dinero en concreto y fachadas no cambiará la tendencia.
Es decepcionante constatar la falta de coraje de los diputados locales y federales que bien pudieran hacer posible una reingeniería en la administración pública estatal. Ellos prefieren ser deshonrosamente manipulados en aras de mantener un ingreso que no justifican ante los poblanos a quienes dicen representar. Todavía no se dan cuenta del daño que hacen a sus descendientes. Los que no tienen descendientes, no pueden darse cuenta de ello.
El camino que hoy sigue la política estatal es equívoco, los indicadores así lo expresan. Mi opinión es que ninguna explicación podrá cambiarlos en sentido favorable a los poblanos.