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Ciudad
Un comerciante explicó que los videos de zoofilia son las más extremos que vende
Patrullas de la Policía Municipal de Puebla
Foto: Gran Angular
Aunque no se observan a primera vista, videos pornográficos de bajo presupuesto, que incluyen prácticas de zoofilia, continúan comercializándose en las inmediaciones de la Central de Autobuses de Puebla (CAPU).
Durante un recorrido por la Fayuca, uno de los comerciantes se acercó para ofrecer micas para celulares.
Cuando se explicó que “sólo se daba una vuelta”, el vendedor dijo que en el primer pasillo del lado derecho ofertaban películas pornográficas, por si buscaba ese tipo de material.
En el área que hizo referencia, la mayoría de los locales venden mochilas y bolsas, pero en tres puestos ofrecen películas piratas, series, música y memorias USB con una capacidad de 160 gigabyte del contenido que soliciten.
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Al ingresar al puesto que parece mejor surtido, el comerciante explicó que puede conseguir cualquier película de cine de arte y de terror.
Debido a que familias acuden a comprarle series, nunca tiene videos pornográficos en sus estantes, pero cuenta con un cajón especial para que sus clientes escojan los videos que les agraden.

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Al sacar las películas mostró dos películas con el título de zoofilia casera, contenido que describió como el más extremo que vende. En las portadas aparecen mujeres practicando sexo oral a perros.
Para surtirse de material acude a un tianguis de la Ciudad de México, porque ahí puede encontrar novedades y encargos de sus clientes.
En otro local, mientras enseñaba el catálogo de estrenos, el vendedor de películas piratas comentó que fueron pocos los vendedores de películas piratas que sobrevivieron al éxito de las plataformas de entretenimiento.
Luego de mostrar títulos como Joker, Godzilla y Kong: El nuevo imperio y Venom: El último baile, indicó también vendía películas para adultos y enseñó un compartimiento del anaquel que estaba atrás de su espalda.
Además, dijo que la pornografía ya no se vende como antes, pero conserva clientes que “vienen de pueblitos” para comprar de entre tres a cinco películas.
Al revisar las portadas, la mayoría mostraba imágenes sexuales de bajo presupuesto con títulos de “lesbianas traviesas” o “esposas infieles”.
En otro montón, aparecían actrices y actores en locaciones que, por los títulos, parecen ser un hotel de la Ciudad de México.
Las películas tienen un costo de 20 pesos y las memorias varían entre los 250 y 200 pesos, dependiendo del contenido que soliciten. (CR)